El control administrativo y de papeleo, al que se obliga al armero, es tremendo y éste asume unos costos que en cualquier otro negocio serían, como en parte lo son en el nuestro, ruinosos; pero lo terrible es la constante presunción de culpabilidad en la gestión diaria del armero y no conozco gremio más honrado y serio que el de la armería.