El Luchadero

El arte de la pesca

La pesca, como la caza, no deja de ser un cúmulo de experiencias donde el arte y la ciencia dan su verdadero significado a estos deportes. La facultad de saber interpretar lo que la corriente del río nos susurra en cada momento no nace con el pescador sino que se va adquiriendo a base de patearlo y perder muchas horas analizándolo.

15 abr. 2012 - 1.823 lecturas - No hay comentarios

El saber leerlo es pues una facultad que ha creado el propio aficionado para pescar más y mejor con las artes adecuadas en cada momento y lugar. De ahí que aquel que haya practicado la pesca desde joven y no sabe interpretar lo que le dice el río actúa como un autómata y los resultados de sus actuaciones son ocasionales y de escaso valor, aunque siempre buscará argumentos para justificar sus fracasos.

Saber leer el río es un arte, la intuición una ciencia y, para que den resultados positivos, deben asimilarse perfectamente. Recuerdo cuando saqué mi primer salmón en Puente Viesgo acompañado de un profesional de la zona apodado El Músico; insistía éste una y otra vez que lanzase siempre a determinado lugar. Se trataba de un remanso de no más de un metro cuadrado en el pozo de la Corva al que yo no daba mayor importancia. Sin embargo después de lanzar un par de docenas de veces logre clavar sorpresivamente un precioso salmón. Menuda alegría para un novato. No hubiese sido tampoco capaz de sacarlo después de 30 minutos de pelea si no hubiese seguido al pie de la letra los consejos que en cada momento me indicaba el profesional para no romper la línea en mi empeño de aproximarlo a la orilla.

Lanzar sin más ni más para que pique cualquier cosa, evidentemente no es ser un buen pescador, sino un ocasionista que lleva encima su licencia de pesca. A buen seguro que El Músico sabía bien la querencia del animal después de valorar la fuerza y el color del agua y como no la reacción en todo momento del animal una vez clavado. Todo un espectáculo de lucha por la supervivencia.

Euskadi por su orografía y gran número de ríos que la bendicen es un pueblo de grandes pescadores. He conocido verdaderos fenómenos con la caña en la mano, normalmente ribereños especialistas con las truchas. Enumerarlos sería difícil, pero sí voy a citar una vez más a uno de Santa Cruz de Campezo (Álava) que subsistía de lo que pescaba, El Markitos. Era tal su habilidad y conocimiento del río que con un palo como caña y un bote de tomate a modo de carrete era capaz de llenar la cesta con truchas de buen tamaño. Qué cierto es que la necesidad agudiza los instintos.

De momento el tiempo no acompaña pero todo se andará y el que quiera resultados tendrá que buscarlos en las grandes masas de agua, olvidándose de las pocas truchas autóctonas que quedan. Hay que cambiar de chip e incidir en los lucios, carpas, basses, percas y barbos por significar algunas de las especies más numerosas. Es lo que hay. La intervención del hombre en la Naturaleza hace estragos, aunque se esté haciendo grandes esfuerzos por recuperar los ríos y reducir en lo posible las especies invasoras.

No será fácil volver a tener las oportunidades que tuvieron grandes pescadores como: Merino el armero, Justo el carpintero, Alcibar el hojalatero, Miguel el pintor, Javi el del Guria, Tiki-Tan, Perrano, El Trapero, Antón Eguia, Petacas, Romero el castellano, Ferreño y tantos otros que por muchísimas truchas que pescaban el río seguía siendo una fuente inagotable de riqueza.