El Blog de J.A. Sarasketa

25 mar. 2012 20:18

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Parques Nacionales

La supresión de los animales que no puede sustentar determinado medio, la caza racional, es sin lugar a dudas uno de los pilares de una política conservacionista realista: extraer la renta, sus intereses, del patrimonio faunístico para que el medio no se vuelva irracional.

No en vano se trata de un recurso natural renovable que genera riqueza y ayuda incluso a preservar el medio rural. Por eso la Ley 42/07, del 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, no prohibió la caza en ningún lugar protegido. Pero llegó el soso de turno, político del gobierno anterior que ven en la caza y los cazadores a los enemigos de la Naturaleza. Y esto que les he contado, asumido por cualquier cabeza pensante en gestión cinegética, se lo pasaron por el arco del triunfo, ¡pobres diablos!

Prohibir la caza que Dios proveerá y la Naturaleza siempre sabia lo arreglará. ¡Fenomenal! Claro, hasta que los animales se multiplicaron el medio no podía sustentar la carga y llegaron las enfermedades y epidemias. ¿Solución? La del tonto del ciruelo: hacer que los guardas del entorno se líen a tiros a diestro y siniestro para regular las poblaciones de animales. Lo que faltaba, pagar cuando se podía cobrar y mucho, vendiéndolo a los cazadores. Así nos crece el pelo. Ni al que asó la manteca se le ocurre semejante barbaridad.

Un macho montes medallable, un rebeco, un lobo pueden valer más de 4000€, por no citar a los ciervos, corzos y demás especies. ¡Pero qué más da! Si en este país el dinero nos sale por las orejas y a la opinión pública le venden el invento como un logro que beneficia a la Naturaleza. Otro gallo cantaría si a estos tontos listos se les exigiera resultados como en cualquier empresa privada. Verían como se les van esos aires de grandeza que la corbata y el coche oficial creen otorgarles.

Se quejan luego que los vecinos no les quieren ¿Cómo les van a estimar si no traen más que pobreza y prohibiciones? Aprendan a distinguir una liebre de un conejo. Pateen el campo con humildad, escuchando los consejos de la gente del lugar y observarán que la caza, esa actividad a la que tanto desprecian, es imprescindible para la correcta conservación de las especies. Menos mal que los nuevos dirigentes políticos, conocedores de estos despropósitos, parece que pretenden solucionar el problema. Por pedírselo no va a quedar. Tengo buenas sensaciones, no es poco en materia de caza.