El Luchadero

Como siempre, ilusión

Desvedada la caza prácticamente en toda la península salvo en Castilla y León, que lo hará el próximo día 23 con las especies menores, los cazadores como siempre con la esperanza por bandera dispuestos a darlo todo a cambio normalmente de disgustos y desengaños.

16 oct. 2011 - 1.680 lecturas - No hay comentarios

En materia de caza, todo es difícil, no en vano tienen que conjugar muchos factores para que la caza vaya bien: climatología en la época de puestas, agricultura no agresiva, alimento para el invierno… estamos hablando de animales salvajes donde el conocimiento, la voluntad y el sacrificio para vencer sus condiciones físicas nunca son fáciles.

Coger las perdices por el rabo está bien para las campañas anti-caza de los nuevos mesías de la Naturaleza. Así las cosas, y como estamos aquí para informar, vamos a dar un repaso a las especies autóctonas más emblemáticas motivo de caza.

Las perdices, reinas de la avifauna ibérica, siempre difícil de inventariarlas, da la sensación de que han criado bien, aunque dependiendo de las averías que hayan podido sufrir en las puestas con las tormentas de verano.

Las liebres se recuperan después del mazazo que les supuso a sus poblaciones el veneno de los topillos.

Su primo hermano, el conejo, va superando lentamente la Neumonía Hemorragia Vírica y la Mixomatosis. En algunos lugares incluso haciendo mucho daño a la agricultura. Mejor tener que desear. Porque regularlos incluso donde sean plaga tiene solución. Antes de que el galo ARMAND DELILLE introdujese el virus de la mixomatosis en España —hace 70 años— ocasionando la muerte de 50.000.000 de conejos, se abatían anualmente del orden de 10.000.000 de ejemplares. Con cuatro cepos y media docena de cartuchos, estaba garantizada la comida semanal para un agricultor. El aporte alimenticio al agro hispano fue espectacular y la ausencia del conejo para los predadores, un desastre. De hecho muchos vieron en las perdices una solución a su desgracia.

Y para terminar hemos dejado al jefe de los jefes el que imparte alegrías por doquier, el más perseguido, el bendito jabalí. Un fenómeno que ha empezado a ocupar hasta los extrarradios de las ciudades… Dicen los ecologistas que para regularlos no hay que matarlos, solamente castrarlos ¡Bueno! ¿No será mejor cogerles por el rabo y ponerles un preservativo?, seguro que lo agradecen más.

¿Habría que inventar la caza si no existiera?