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El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Podemos ataca a cazadores y pescadores

Como de costumbre, Podemos intenta nuevamente acabar con la caza y la pesca con una proposición de Ley registrada en el Congreso de los Diputados para modificar el Código Penal en el que pide elevar las penas por todo tipo de maltrato animal incluyendo tanto fauna salvaje como animales domésticos hasta dos años y medio de prisión.

26 feb. 2018 - 2.848 lecturas - No hay comentarios

Esto supondría en la práctica acabar con la caza y la pesca. Y como es lógico estos colectivos que están en pie de guerra no se lo van a permitir. Sería una catástrofe consentirlo.

Ha recobrado la sierra su religioso silencio tras el cierre de la temporada. Aunque nunca suficientes, han sido muchos los amaneceres para asimilar su grandeza al pie de un viejo roble. Todo un privilegio de libertad poder saborear tanta virginidad a la espera del inicio de la cacería. Vendrá luego una nueva temporada con momentos apasionantes propios del envite donde la ética del cazador debe regir con escrupulosidad los designios de la pieza.

Por eso uno de los pilares sobre los que se fundamenta este principio es en la captura definitiva del animal herido. Nunca deben escatimarse medios y esfuerzos en esta singladura. Es impropio de cazadores inhibirse de esta responsabilidad, máxime cuando se presume que la herida conlleva sufrimiento y muerte. Para ello nada mejor que acompañarse de un perro pequeño que sepa seguir los rastros de sangre.

Cuando el cazador sospeche que ha herido a la pieza deberá conducir al perro sujeto con una correa al lugar en el que estaba aquella cuando fue herida y si notase que hay pelos, esquirlas o sangre le colocará en el rastro. Si el perro lo coge con interés le animará a media voz diciéndole una determinada palabra y dejándole avanzar. Si abandona el rastro de sangre levantando la cabeza como pretendiendo cargarse de aire a veces es conveniente llevarle de nuevo al rastro de sangre que abandonó. Si lo vuelve a tomar debe acariciársele y animarle con suave voz, con la misma palabra con la que se le indicó al principio.

Si en el transcurso de la persecución el animal se echa, tocando con el dorso de la mano la cama nos indicará si hace mucho que el animal se levantó. Si el animal vuelve a arrancar y es visto por el perro, este le latirá. Si se para le ladrará a parado, lo que es fácil de distinguir ya que siempre late en el mismo sitio, es más regular su emisión y el tono más largo que cuando caza. Es el momento en que el cazador debe acudir en ayuda del perro.

Muerto el bicho debe dársele al perro sangre a lamer con objeto de que se aficione, pero nunca vísceras ni carnes, porque se aficionará a comer de él en vez de limitarse a ladrar a parado. De esta forma es como indica al cazador dónde está el bicho, normalmente en lugares de monte muy vestidos y de difícil acceso. Mientras se adiestra a un perro de sangre no es conveniente soltarle al rastro de un jabalí herido, pues es fácil que reciba una cuchillada y se acobarde.