El Luchadero

Aguantan los cazadores

Estaban muy preocupados los cazadores de la mayor, y motivos no les faltaban, ya que el Ministerio de Agricultura tenía en proyecto establecer una normativa por la cual todo animal de caza mayor, una vez abatido —bien a rececho, batida, gancho o montería— habría que quitarle las vísceras y analizarlas in situ por un veterinario autorizado para, posteriormente, llevarlas a un muladar.

12 feb. 2018 - 2.185 lecturas - No hay comentarios

Nada fácil, por cierto, por la dificultad que puede conllevar encontrar al galeno un domingo y llevar las vísceras a un muladar legalizado que vaya usted a saber a cuántos kilómetros se encuentra. Afortunadamente y después de muchas conversaciones de la Oficina Nacional de la Caza con el Ministerio han conseguido que en las cacerías con menos de 40 cazadores y el número de animales abatidos sea inferior a 20 no tener la obligación de pasar estos controles. Un logro importante de la ONC, y en especial de Luis Fernando Villanueva, técnico de la entidad. Entidad que trabaja sin descanso defendiendo los derechos de los cazadores.

En estos momentos difíciles que estamos padeciendo con una climatología sumamente adversa toca inexcusablemente intervenir en los campos aportando a los animales fardos de hierba y granos de trigo y maíz en puntos estratégicos. No en vano la nieve blanca como la esperanza y buena para aportar agua y limpiar los campos curiosamente es para los animales su mayor enemigo.

Nadie que tenga un acotado y se sienta cazador debe obviar esta obligación. Y aquellos que pretendan justificar su inoperancia alegando que solo deben sobrevivir los mejor dotados sería bueno que no alardeen de conservacionistas ni nada que se le parezca a los principios más elementales de un venador. ¿Que hay que molestarse y trabajar? Poco para lo que conseguirían aportando alimentos. ¿Puede haber para un cazador algo más gratificante que ver a los animales agrupados comiendo con avidez encima de la nieve? Se lo pagarán con creces en la época de reproducción y cría. Incluso por puro egoísmo hay que ayudarles. Verles morir de frío y hambre es algo terrible, máxime cuando está en nuestra mano salvarlos. Ahora es el momento de demostrar a todos esos salvadores patrios del mundo animal que obras son amores y no memeces de neofascistas verdes.