El Luchadero

Fidelidad eterna

Aunque parezca extraño, no me sorprende que haya personas —pocas— cultas y sensibles que en el momento de coger una escopeta experimenten una actitud sorprendente al intentar por cualquier medio capturar el mayor número de piezas. De la misma forma que otros adoptan un comportamiento acaparador en el momento de compartir mesa y mantel.

29 ene. 2018 - 2.684 lecturas - No hay comentarios

No en vano estamos en la cúspide de la pirámide predadora y aunque estos actos estén mal vistos, nuestra genética empuja al llevar implícita el placer de la captura. Captura reglada, pero con un instinto todavía sin modificar en muchas actividades sociales, empezando por la política y terminando por alguna religión. Somos como somos y venimos de dónde venimos.

Sin embargo, y a pesar de que el mejor de los cazadores sepa leer y trabajar el monte, si no dispone de un buen perro difícilmente hará perchas aceptables. Un animal cazador con afición es un dechado de abnegación, efectividad y obediencia. Nadie que se llame cazador debe maltratar un perro. Y el que no sepa educarlo, que lo lleve aun adiestrador o que se limite simplemente a seguir al animal en el monte, siempre será mejor que estropearlo. No en vano he conocido perros que han hecho de algunos torpes grandes cazadores. De ahí ese tópico: «dime qué perro tienes y te diré qué cazador eres».

La fidelidad que puede demostrar un perro hacia su dueño es algo que los humanos difícilmente entendemos. Se han dado casos de estar perdido más de un año y encontrar al dueño en el campo a más de trescientos kilómetros del lugar donde se perdió. Entenderán la escena intensamente emotiva, sentimental como muy pocas, que se registra de la reunión del perro con su dueño.

Es difícil detenerse en el examen siempre hipotético de las incidencias y vicisitudes de los sufrimientos y cansancios experimentados por el animal. ¿Cómo pudo el perro conocer el paradero de su amo? ¿Qué invisibles cadenas persistieron entre el cazador y el perro después de su separación? Misterioso, algo portentoso, pero cierto.

Este hecho pone de manifiesto las virtudes de fidelidad eterna que adornan a estos animales, a los cuales como reconocimiento máximo les hemos otorgado justamente el calificativo del mejor amigo del hombre.