El Luchadero

Manifestación

La capacidad del hombre para influir en la Naturaleza es inmensa y de hecho continúa en su alocada carrera de destrucción alterando el medio y trastocando constantemente las poblaciones de los animales. Animales unos que se adaptan a las exigencias del hombre —los más oportunistas— y otros, los más exigentes, retroceden ostensiblemente.

17 sep. 2017 - 2.018 lecturas - No hay comentarios

El cazador, como no podía ser de otra forma, ha tenido que adaptarse a este proceso, regulando y respetando escrupulosamente. Y lo hizo a base de campañas de concienciación de sus dirigentes, ya que nadie les había explicado que donde antes se podía cazar tres ahora solo se podía retirar solamente uno.

Hubo también que decirles que los que antes eran motivo de premio en los ayuntamientos de la zona —lobos, linces, rapaces, osos…— ahora su captura era motivo poco menos que de cárcel. No, no fue fácil que algunos pocos lo entendieran, pero se adaptaron, a pesar de que la Administración, ajena a estas campañas, les pusiese a los pies de los caballos de una sociedad de urbanitas acomodada a las nuevas exigencias del hombre.

Con este caldo de cultivo, afloran rápido los nuevos sacerdotes de la Naturaleza, subvencionados por unos políticos y Administración que les viene al pelo que arremetan contra los cazadores. A pesar de todo aguantan estoicamente las críticas de estos grupúsculos, quizá por un equivocado concepto de lo que deben ser las buenas formas. Pero las cosas han cambiado y las máscaras van cayendo en la medida del buen hacer de los cazadores y de la crisis que nos azota. Cierto es que debemos seguir predicando respeto y racionalidad, pero es el momento de apoyar sin ambages la caza como motor generador de riqueza.

No dudo que los políticos van a poner negro sobre blanco, porque los pueblos agonizan sin los cazadores, fabricantes, armeros y cartucheros están pasando penuria, los pequeños hoteles rurales cierran, las orgánicas desaparecen, el guarderío se va al paro, los fabricantes de textil y de calzado más de lo mismo. En definitiva, que los pueblos se apagan lentamente. Seis millones de personas que viven en España directa o indirectamente de la caza son muchas familias para tenerlas marginadas.

No es la primera vez que les comento que la revolución de los cazadores llegará más pronto que tarde y serán los andaluces los que la inicien porque esa comunidad cobija un porcentaje altísimo de gente que practica la caza social. De hecho, hace dos años se manifestaron en Sevilla con gran éxito, y el próximo 30 de septiembre lo harán en Córdoba para terminar con una macro manifestación en marzo del próximo año en el Paseo de la Castellana en Madrid.