El Luchadero

Nuestros mayores

En la caza, como en todos los órdenes de la vida, desde que el cazador inicia en su juventud el arte venatorio, y a medida que transcurren los años, va sufriendo una metamorfosis en la forma de entender y desarrollar sus instintos cinegéticos, consustanciales con su propia vida.

11 sep. 2017 - 4.586 lecturas - No hay comentarios

Sus primeros pasos irán casi siempre encaminados a conseguir grandes logros sin pararse a reflexionar ni en el cómo ni el porqué. Una vez que se considere un cazador aceptable y entienda que ha superado el difícil arte del manejo de las armas, intentará situarse en el grupo de los escogidos. Será entonces cuando sufra las mayores decepciones y, paradójicamente, alegrías irrepetibles. Curtido ya el veterano cazador en el arte venatoria, vivir la siempre sabia Naturaleza a medida que va perdiendo energía muscular aportará a la mente una juventud tardía fruto de los conocimientos aportados por la experiencia.

Es entonces cuando los lances y vivencias se ven desde un prisma completamente restringido a esta edad madura. Las puestas de sol, los amaneceres, las experiencias con los jóvenes cazadores, momentos gratos que antes no alcanzaban a percibir toda su intensidad. La experiencia, producto genérico de la práctica en todas las cosas de la vida, le servirá para simplificarlo y desarrollarlo cada vez con más arte, a la vez que irá acumulando en la mente la suma de los hechos y circunstancias que concurrieron en la realización. Estos constituyen la base de la sabiduría, nunca perfecta, porque en la caza el número y naturaleza de factores de acción directa y de relación es incalculable.

Próxima a finalizar la temporada de codorniz, los cazadores centran sus miras en la desveda general de octubre. Unos orientarán sus ilusiones hacia las especies mayores y, el resto, la gran mayoría, después de haber soportado los despropósitos administrativos retomarán con contenida esperanza el camino de las especies menores. Aunque dé la impresión que se repite el ciclo con normalidad, algo me dice que la paciencia de los aficionados está a punto de no admitir más humillaciones. Pero… en esto de la caza la pasión es tan grande que a veces las injusticias se las lleva el viento en el momento que los corazones vuelven a palpitar con nuevos retos.

Y para nuevo reto y nuevo examen nada mejor que la próxima desveda de la perdiz. Una vez más unos y otros van a tener la oportunidad de comprobar en qué quedan, o mejor dicho hasta dónde van a llegar los bandos de perdices que se han visto en la media veda.