El Luchadero

Nunca más

Las muertes violentas de dos guardas forestales a manos de un sujeto que dice ser cazador, como no podía ser de otra forma, ha conmocionado al colectivo. Como es lógico, no terminan de entender cómo se puede cometer semejante atrocidad y sin embargo rápido se han movido para arropar a familiares y amigos de los difuntos personándose la Oficina Nacional de la Caza junto a la Federación Catalana miembro de la ONC como acusación popular. Qué menos.

29 ene. 2017 - 2.680 lecturas - No hay comentarios

¿Quién es nadie para quitarle la vida a otra persona? ¿Un sujeto que se dice cazador? No, esta bestia parda no es cazador ni nada que se le parezca. El mero hecho de tener un permiso de armas, si es que lo tenía en vigor, no hace ni mucho menos que se pueda definir como cazador. Como tampoco se le puede llamar a uno torero por tener un capote o a mí periodista por escribir en esta página.

Ser cazador, con toda la enjundia que este nombre conlleva, supone tener otros valores que este personaje no los tiene ni de lejos. Nunca, que yo recuerde, se había dado caso similar. Es posible que haya habido discusiones entre guardas y cazadores, seguro que las habrá habido, incluso amenazas, pero de ahí a llegar a utilizar las armas hay un abismo prácticamente infranqueable.

Luego están los oportunistas de turno, los mal llamados animalistas que han aprovechado esta desgracia para arremeter contra los cazadores intentando descaradamente hacer ver que todos son iguales. Pues no. Cazadores como en todos los colectivos hay buenos, malos y regulares, hijos de toda clase de madres, pero de ahí a coger la escopeta y liarse a tiros, que me conste, pocos, por no decir ninguno que esté en su sano juicio, al menos eso dicen las estadísticas. Y es que en este funesto ranking el palo y la piedra ocupan el primer lugar.

Pues eso, que estamos tristes los cazadores.