El Luchadero

El pájaro azul, en progresión

De las especies menores hay un ave viajera por excelencia, que se ha convertido para muchos cazadores en el pájaro al que más jornadas cinegéticas le dedican, la paloma torcaz. Animal poderoso y gregario, ha experimentado en los últimos años un incremento demográfico importantísimo, de hecho son muchas las que, al encontrar sustento en la península durante todo el año, no retornan a sus lugares de origen, allá por el norte de Europa.

15 ene. 2017 - 2.015 lecturas - No hay comentarios

Les gusta el girasol, el maíz y sobre todo las bellotas, bien sean de alcornoque, hayuco, roble y sobre todo encina a partir de diciembre. Me comenta José María Gallardo, Presidente de la Federación Extremeña de Caza, gran conocedor de esta ave, que una paloma torcaz puede llegar a ingerir 25 bellotas de roble o encina al día. ¿Se imaginan las toneladas que pueden comer los 6.000.000 de ejemplares que pasan la invernada en el sur peninsular?

Pero cuando se habla de la montanera todo el mundo relaciona rápidamente las bellotas con el cerdo ibérico y el jamón serrano de pata negra. Sin desdeñar lógicamente estas exquisiteces, para los cazadores las bellotas son sinónimo de alimento para los animales salvajes durante el invierno. Así, se dice que año de bellotas es buena temporada para la caza mayor y en especial para las palomas, pues dado el carácter migrador de éstas se aquerencian rápidamente si en la zona encuentran sustento para la invernada.

De las diversas variedades de bellotas que producen algunas frondosas de nuestros montes la encina, la más dulce, es sin lugar a dudas la preferida. Las bellotas azotadas por los vientos de diciembre caen cubriendo en forma circular el suelo de las encinas y, unido esto a que las temperaturas de estos meses en los montes extremeños son soportables, acuden tal cantidad de palomas que hay bandos que como una nube oscurecen un poco el sol.

A diferencia de la bellota de roble, mucho más amarga que la de la encina, esta última en el norte peninsular tiene el peligro de helarse en el suelo, pues al ser un árbol de hoja perenne no tiene posibilidades de cubrirlas como sucede con el roble, que pese a tirar las bellotas allá por octubre las va cubriendo con sus hojas poco a poco. Esto supone una gran despensa para los jabalíes que por enero y febrero desechan las bellotas de encina estropeadas por las heladas. Sin embargo en los montes extremeños es más difícil que hiele y sus agrestes dehesas son fuente de riqueza.

Por esto y porque sin pretenderlo les hemos cambiado un poco el régimen alimenticio con la siembra indiscriminada de girasol y maíz, las torcaces siguen en clara progresión para alegría de cazadores y amantes de la Naturaleza.