El Blog de J.A. Sarasketa

07 ago. 2016 0:1

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Corto de codornices

Próxima a desvedarse la codorniz todo apunta a que en las zonas que se ha cosechado recientemente, o bien en las que se está cosechando, algunas codornices más que el pasado año bien seguro que habrá. Nada difícil, por cierto, porque el listón estaba muy bajo.

Afortunadamente hay comunidades como Aragón que, año tras año, están recibiendo un mayor número de codornices. Las perdices en general han criado bien y los aficionados lo celebran con un cierto escepticismo después de lo mucho que está sufriendo este animal por la exultante intervención del hombre en la Naturaleza. Veremos una vez más qué pasa en la época de siembra con semillas de cereal tratadas con productos tóxicos letales para las aves granívoras. Pero poco importa a los muchos dirigentes políticos que, aún sabiendo el daño que se hace, levantan los hombros ante las quejas de los cazadores. Importa llenar el granero como sea. ¿Que se mueren las perdices? ¡Qué más da si entiende equivocadamente que se ganan el cariño de unos agricultores engañados!

Mientras tanto, los cazadores intentando ser oídos y respetados, ni más ni menos como corresponde a un ente deportivo y social tan importante. No en vano la caza bien ejercida es cultura, arte y poesía. La única actividad que garantiza el devenir de los animales. Pero esto que así contado lo entiende el mundo rural, allí donde se ve nacer y mandar al matadero a los animales, ni esta ni las anteriores administraciones han tenido la sensibilidad necesaria para reconducir al colectivo.

Difícilmente se puede soportar como única alternativa la sanción y la persecución, cuando no la humillación, al transmitir una imagen de la caza totalmente estereotipada. Cazadores y agricultores han dicho basta, pues se está haciendo política barata y de fachada. Los políticos han de saber que la política es algo serio, y más cuando se dirime el devenir de cientos de miles de personas, un vivir preñado de tradición y sentimiento. Cazadores y agricultores ven, dolidos y cabreados, cómo se les margina y se les legisla escuchando a algunos ecologistas y a quienes desconocen el sentir y el pulso del campo y la caza.