El Luchadero

Una maravilla de pájaro

A pesar de no haber apretado los fríos en el norte de Europa, curiosamente las becadas han entrado de momento en número aceptable. Y eso no deja de ser bueno porque las penurias en los animales no generan más que sufrimientos y muertes.

27 dic. 2015 - 2.511 lecturas - No hay comentarios

Dentro de las becadas nuestras, las europeas, existen dos tamaños con distinta coloración. Las becadas comunes de color gris y con un peso de entre 350 y 375 —excepcionalmente alguna hasta 425 gramos— y las rojas, más pequeñas cuyo peso oscila entre 300 y 325 gramos.

A pesar de la creencia popular de que estas últimas son becadas jóvenes, está demostrado por el signo de Caster que dentro de las rojas hay de todas las edades. Si el exterior de la primera pluma remera tiene las puntas redondeadas, es joven. Si tiene en forma de dientes de sierra, está en su edad media. Si el trazo es continuo, pasa de los tres años y cuanto más blanquea el trazo, más edad tiene.

Normalmente el comportamiento de las rojas es mas esquivo, aguantan peor la muestra del perro y desarrollan toda clase de artimañas para evadir la presencia del cazador y el perro. Está también demostrado que las becadas que han sido heridas con perdigón se someten a una cura por medio de emplastos que al cabo de unos días terminan por curarse. Para ello utilizan plumas y hierbas aromáticas mezcladas con sangre y barro. Se lo colocan con el pico y en algunos casos complejos se ayudan con las patas. Donde no pueden llegar para colocar el vendaje, buscan la ayuda de compañeras a modo de enfermeras especializadas.

Esta teoría está sustentada con el hecho de becadas que tenían también el pico roto y lógicamente no podían utilizarlo, se les ha encontrado con un emplasto en el cuerpo taponando la entrada del perdigón. No es raro pues que lleguen a perder en estos casos hasta el 25% de su peso.

Es una maravilla de pájaro, todo cuanto rodea su mundo tiene un halo especial de encanto, misterio y delicadeza que los verdaderos sorderos saben apreciarlo. La zona o lugar donde la sorda prefiere residir depende, evidentemente, de los alimentos que pueda encontrar en la misma. Los suelos de los bosques varían y algunos son más abundantes que otros en gusanos, lombrices y larvas, sustento principal de la becada.

Está comprobado que el lugar preferido por este pájaro son los bosques de pinos jóvenes de hasta doce años aproximadamente, aunque al no disponer en ellos de materia orgánica en descomposición, las lombrices subsisten con dificultad. Por desgracia nuestros pinos tienden a edificar el suelo lo que supone un trastorno más para las becadas al no encontrar lombrices en el lugar, motivo por el que se ven obligadas por la noche a desplazarse a praderas y pastizales húmedos. Praderas muchas veces envenenadas por los purines que hacen que muchas becadas mueran. Un grave problema que, junto al de las esperas, deben abordar las distintas administraciones con determinación y urgencia.