El Luchadero

El killer del bosque

Muy pocos cazadores durante todo su periplo cinegético han tenido la fortuna de ver, siquiera esporádicamente, al animal de la fauna ibérica que más interés, admiración y respeto despierta, el lobo.

06 dic. 2015 - 2.268 lecturas - No hay comentarios

Incluso en las batidas autorizadas por daños, normalmente los resultados suelen ser negativos. Batidas multitudinarias, ruidosas y faltas de sabor cinegético que lo único que consiguen es calmar los ánimos de los asustados ganaderos afectados por las correrías de este poderoso y mítico animal.

Su caza, cuando es debidamente autorizada, debe plantearse con unos medios lo más restringidos posible que impliquen desarrollar el máximo esfuerzo, conocimientos cinegéticos y sacrificios. Los daños que ocasiona al ganado deben ser indemnizados con rapidez por la administración a los perjudicados, pues la falta de compensación a los pastores fue motivo en la antigüedad de la persecución del lobo con todo tipo de artes que puso en peligro la especie.

Hoy es el día que se puede constatar su presencia al alza prácticamente en casi todas las sierras de la Península. De ahí que su caza deba autorizarse donde se constate científicamente que sus poblaciones deban regularse. El lobo, como todos los carnívoros, actúa de agente moderador de la Naturaleza que tiene a su cargo el que los animales peor dotados no prevalezcan antes de que se multipliquen demasiado en perjuicio de la especie.

El Sabio Mudo, como algún cazador ha precisado acertadamente en llamarle, es un animal poderoso, intuitivo, observador y un gran corredor. De improviso se presenta en montes donde hacía mucho tiempo no acusaban su presencia, pero generalmente en corto plazo. Sus correrías las lleva a cabo normalmente durante la noche, permaneciendo durante el invierno en los carasoles dominantes y durante el verano en las umbrías.

La loba pare normalmente de cuatro a siete lobeznos. Cuando los cachorros crecen y se desarrollan con relativa rapidez, comienzan a seguir a la madre y ésta les enseña a cazar, aproximadamente a los seis meses. Es todo un cuadro ver a los cachorros plagiar a su madre, mil peripecias que tiene que efectuar para sacarles adelante. Mientras les da de mamar a los cachorros difícilmente denotará su presencia en la zona. Ningún ganado ni especie de caza se encontrará más segura que la que pueda haber en la inmediación del lugar, pues su especial sagacidad le hará que consiga sus presas lejos del lugar con el fin de no llamar la atención sobre su camada.

Pese a la semejanza que existen entere el perro y el lobo, son irreconciliables enemigos. El perro persigue al lobo con verdadera furia si se siente con bastante poder para luchar con él, y a esta enemistad corresponde el lobo con igual antipatía, comiéndose al perro si en la lucha consigue vencerle.