El Blog de J.A. Sarasketa

15 nov. 2015 0:1

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Otoño atípico

Bueno, ni tan mal de momento con la chicharra que ha caído a destiempo. Algo no estamos haciendo bien. Y seguro que lo pagaremos porque al invierno no se lo lleva el lobo.

Mientras tanto, aprovechar toca. Ya vendrá Paco con las rebajas. Ni siquiera observamos la fresca sonrisa del rocío. Hasta el paso de los cazadores queda casi inadvertido. Y digo casi porque en los arroyos, regatos y cañadas poblados de chopos, le deja al descubierto la lenta caída de las ya cobrizas hojas que crujen lastimeras al ser pisadas.

No creo que nadie haya visto por estos lares que mientras unos se estén bañando en la playa (29 grados el pasado domingo) a pocos cientos de metros, en los pinares próximos, se estén cazando becadas. Porque curiosamente y a pesar de estas temperaturas, becadas han entrado en número aceptable en los altos.

De palomas, ni les cuento las que han pasado. A diferencia de las becadas, a las torcaces el buen tiempo les va al pelo para desplazarse desde el norte de Europa hasta el sur peninsular donde pasarán la invernada. Y es que en las grandes dehesas, las bellotas de roble, haya, encina y alcornoque cubren cual tupido manto grandes zonas. Es la montonera, pura energía para los animales.

Una torcaz come en un día 28 bellotas, se me escapa lo que puede comer un jabalí o un ciervo. Para saber dónde han estado y qué han comido alguna vez he abierto el estómago de los jabalíes y créanme que cuando comido bellotas, incluso a la hora de estar muertos el estómago es un horno humeante. ¿Cómo van a pasar frío con el traje y la calefacción central que tienen?

Por cierto, ¿han probado alguna vez una bellota de encina? Les sorprenderá su sabor, es algo distinto, natural. De hecho algunas vacas montesas mueren reventadas por comer bellotas en exceso. No es el caso de los cerdos de pata negra. Es tal su alegría cuando les sueltan en un encinar que aplauden hasta con las orejas.

Buen tiempo pues para la montonera, para la caza y para los amantes de la otoñal melancolía. Encanto que se adueña del alma de los cazadores en esta estación tan especial y que comparten con su sana afición a la cual deben las horas más felices de su vida.