El Luchadero

Relevo generacional

Es evidente que el futuro de la caza va a depender de los jóvenes cazadores, de su comportamiento a pie de campo y sobre todo del posicionamiento que adopten en defensa de sus legítimos intereses.

19 ago. 2014 - 2.105 lecturas - No hay comentarios

El respeto a la Naturaleza de estos jóvenes en general es una asignatura superada con creces, incluso me atrevería a afirmar que con nota más alta que algunos de sus mayores. Bien distinto es su conocimiento del campo y todo lo que conlleva esta práctica ancestral con abolengo propio de las mejores artes.

La asociación Adecap Gazteak lleva varios años creciendo con fuerza y racionalidad. A nivel del estado forman parte también del movimiento Jóvenes por la Caza con representación en todas las comunidades. Dos de sus miembros, Iker Ortiz de Lejarazu e Iker Hidalgo presiden con personalidad y buen criterio las Federaciones de Araba y Bizkaia. Todos estos jóvenes son la garantía de futuro, el relevo generacional tan demandado por el colectivo. Un proceso imparable al que debemos apoyar sin fisuras.

Cierto es que les llevará su tiempo porque se han encontrado y se van a encontrar con personajes sin visión de futuro, anclados en el gusto de la tradición que les van a poner toda clase de impedimentos. Allá ellos con sus reinos de taifas. Quien confíe en los jóvenes nunca se va a arrepentir, se lo dice uno que les conoce bien y confía plenamente en ellos. Perderán alguna que otra batalla, seguro, pero ganarán la guerra.

No quiere esto decir que haya que hacer una limpieza general, no, en la viña del Señor hay cazadores excepcionales, otros no tanto y algunos pocos que quieren que les diga que no sepan. Pero todo se andará, como decía mi buen amigo y maestro D. Miguel Delibes. Siendo relativamente joven el cazador es más fácil que asimile los consejos. Por el contrario cuando inician a cazar de mayores siempre es más complejo. Unas veces porque no reconocen a nadie que ejerza autoridad sobre ellos, otras porque prefieren cazar solos para no hacer público sus defectos. Los hay también pesados como el plomo que aburren dando consejos sin que nadie se los reclame. Normalmente los mejores cazadores son aquellos que no lo parecen. Bien dice el refrán «dime de qué presumes y te diré de qué careces». Pues eso, que los cazadores de taberna, cuando llega la hora de la verdad, todo se reduce a excusas y explicaciones.