El Luchadero

Triquinosis

Quien más quien menos sabe que la triquinosis es una zoonosis que guarda gran relación con las especies de caza y que los cazadores, conscientes de ello, llevan al veterinario muestras de carne para hacer el correspondiente examen triquinoscópico.

26 ene. 2014 - 1.975 lecturas - No hay comentarios

También es cierto que siempre hay algún inconsciente —muy pocos— que se saltan esta medida de seguridad y terminan criando malvas, cuando no con gravísimas lesiones de por vida. Sobre todo cuando han comido embutido de jabalí parasitado, ya que esta elaboración no requiere cocinarlo y en consecuencia es más peligrosa.

Con esto no pretendo asustar a nadie porque, como digo, los cazadores se cuidan muy mucho de llevar a analizar los jabalíes abatidos. Ahora bien, quizá algunos ignoren que otros animales como: comadrejas, ardillas, gatos monteses, ginetas, hurones, lobos, martas, osos, nutrias, zorros, ratones, ratas y tejones pueden estar parasitados con triquina y de manera especial los zorros, ratas y ratones. De ahí la importancia de no abandonar en el campo los zorros abatidos para que no parasiten a otros animales al ser ingeridos.

Y para ello nada mejor que una vez quitada la piel enterrarlos. ¿Sabían que antiguamente en el medio rural y en épocas de penuria llegaron a comerse los zorros? Sin ir más lejos el que esto les cuenta y no por necesidad ha comido hace muchos años en Tobes y Raedo (Burgos) ratas de agua y lagartos. Y créanme que se podían comer. En peores sitios he hecho guardia.

Muchas veces el cazador que tiene la fortuna de abatir un jabalí en batida siente en el momento del lance una sensación de poderío propia del que ha superado un reto y hasta cierto punto es normal al tratarse una culminación de dificultades o procesos a veces complejos y otras no tanto. En ese momento de euforia olvida a veces que él es solo un eslabón de la batida. Cierto es que ha cumplido con su obligación, que no es poco, pero no debe olvidar que han sido otros, los perreros, los que han hecho posible con su esfuerzo y conocimientos que el animal en cuestión rompa a los puestos y el lance pueda materializarse.

Además, la historia no finaliza con la muerte del animal, no, hay que eviscerarlo, llevarlos hasta donde se encuentra el todo terreno más próximo —tarea muchas veces harto difícil— quitarle la piel, trocearlo y llevar unas muestras al veterinario para que lo analice. No exenta de cierta ironía, algunos compañeros, al felicitar al afortunado cazador, suelen decirle: «Bien, has hecho lo más fácil, ahora toca cargar con él». Y tienen su parte de razón porque por muy gordo que esté el animal y no denote signos de estar parasitado con triquina el proceso debe culminar inexcusablemente en el veterinario. No vaya a pasar lo que aconteció en un pueblo muy próximo a Logroño, donde hace años murieron varias personas y otras quedaron seriamente lesionadas al ingerir embutido elaborado con carne de jabalí.