El Luchadero

Sociedades de caza

En el colectivo de cazadores, como en otros sectores deportivos, hay personas comprometidas, otras no tanto y algunas pocas absolutamente nada. A no ser que a estas últimas determinadas restricciones les afecte de manera especial. Es entonces cuando levantan la voz exigiendo urgentes soluciones.

19 ene. 2014 - 1.806 lecturas - No hay comentarios

Los humanos somos como somos y no hay cristiano que los cambie. Es triste pero es lo que hay. Más cuesta entender argumentos pueriles como que «no me involucro porque no se hace nada». «Oiga, ¿y qué hace usted por defender el derecho a cazar?» diría el otro. Poco se puede aportar estando tranquilamente sumido en el gusto de la tradición esperando que las prebendas vengan de la mano de las torcaces.

A pesar de todo avanzan y este año lo van a hacer con más fuerza si cabe al lograr que se modifique la Ley de Seguridad Vial, y el borrador de la nueva Ley de Montes contempla importantes avances para la práctica de la caza, que lo va a contemplar. No ha sido fácil. En materia de caza para avanzar hay que currar, templar gaitas y si es preciso descargar la escopeta, siempre de la mano de las sociedades de caza y pesca, verdaderos garantes de estas aficiones. Gente altruista –extraña palabra- y conocedores como pocos de la realidad de esta práctica. No aparecerán en los medios alardeando de su trabajo pero si los encontraremos trabajando todos los días en las sociedades.

Consciente de ello Adecap pretende todos los años agasajar a sus directivos el Día del Cazador y Pescador. ¡Qué menos! Evidentemente tiene mérito ser un afamado cazador, cómo no, pero prefiero quedarme con ese cazador humilde que quizás cobre pocas piezas, tenga un perro de medio pelo y tire medianamente, pero que en la vida sea todo un campeón que trabaje día a día por sus compañeros. Ser cazador con toda la enjundia que este nombre conlleva no se reduce solamente a abatir muchas piezas. ¡Qué va! Ser cazador conlleva también corporativismo y solidaridad con sus compañeros. Y para ello nada mejor que empezar por federarse.

Divididos difícilmente avanzaremos. Porque no es fácil convencer a una sociedad indolente con bravuconerías por mucho que nos sintamos liberados por medio de discursos viscerales carentes de contenido e ilusión compartida. El futuro está a nuestro alcance. ¿Seremos capacear de concluir esta nueva época ilusionante que se nos presenta?, o por el contrario, ¿nos conformaremos con seguir arremetiendo contra los anti-caza y la administración?