El Luchadero

Jabalineros y seteros

No, el campo no es de todos, así lo entienden los jabalineros, a diferencia de los seteros. Y es que los cazadores están molestos con los seteros porque invaden las manchas que van a batir, chanteando la caza y ocasionando un peligro manifiesto a unos y otros.

10 nov. 2013 - 2.662 lecturas - No hay comentarios

Y hasta cierto punto es normal que se quejen, no en vano las batidas están legalmente autorizadas y debidamente señalizados los caminos de entrada a la mancha en cuestión. Además, a unos se les exige, chalecos reflectantes, seguro de caza, licencia, permiso de armas y a los otros absolutamente nada, con el peligro que conlleva ocupar un monte que está rodeado por 30-40 rifles. De hecho son varios los muertos que se han dado en la península entre los seteros.

El cazador no sabe a veces quien está dentro de la mancha y las balas de los rifles son peligrosas y caprichosas, mucho más que un fusil de guerra. Otros que también campan por sus rehales son los recolectores de endrinas, nueces, castañas, té, tila, bellotas, manzanilla y algunos productos más del campo. Y me parece bien que lo hagan si de verdad tienen la autorización de los propietarios, porque insisto, el campo no es de todos. Hasta el biotopo escondido en el lugar más recóndito tiene nombre y está debidamente escriturado. La caza, por el contrario, no es de nadie —rex mullius— y corresponde a la administración gestionarla.

No todos los propietarios permiten la recolección de los productos de su tierra. En Navarra concretamente son varios los municipios que acotan sus terrenos permitiendo solamente recoger previo pago un reducido número de kilos de setas.

Ciertamente al campo no se le pueden poner puertas pero sí un cierto orden. ¿Costaría tanto que la Guardería por seguridad prohíba el paso a gente ajena a las batidas? Seguro que los profesionales que se dedican a vender setas rápido aprenderían. Además, se la están jugando. Algunos lo entienden y agradecen que los propios cazadores les expliquen el peligro que conlleva su presencia. Otros por el contrario se envalentonan y se niegan a abandonar la zona.

El caso es que así no se puede continuar, alguien tendrá que tomar medidas antes de que haya alguna desgracia, no solo aquí sino en el resto de España. La Oficina Nacional de la Caza va a intentar que este desaguisado se regule en la nueva Ley de Montes.