El Luchadero

A vueltas con las codornices

No hay quien entienda lo que está pasando este año con las codornices. Un mes antes de la apertura había muchas, ahora muy pocas. Teorías, como es normal, hay de todo tipo: que si no han criado bien, que si han subido al norte de Europa, que si han vuelto a sus lugares de origen… Como siempre, meras suposiciones.

25 ago. 2013 - 3.755 lecturas - No hay comentarios

Sin embargo los cazadores mayoritariamente coinciden en un detalle: cantan mucho en los pocos trigos que están sin segar. ¿Qué se puede interpretar de este hecho? Simplemente que los últimos machos que han subido del sur peninsular están encelados y reclaman a las hembras.

También es cierto que una vez cosechadas algunas piezas de trigo que van quedando, las pocas o muchas codornices que se han visto, desaparecen seguido así como por encanto. Algo inédito en un hábitat tan excepcional como el de este año. A diferencia del famoso pito —siempre complejo — en forma de fuelle que utilizaban antiguamente los anilladores para capturarlas con redes en tiempo de veda, ahora por el contrario con el reclamo digital agruparlas es mucho más sencillo. Imagínense la atracción que les supone el reclamo natural. Algo así como un imán.

Esta semana quedaban piezas de trigo por cosechar, por mucho que algún atolondrado lo confunda con la cebada, segada hará más de un mes. Bien, pues esos pocos trigos son suficientes para —atraídos por el reclamo de los machos— que se cobijen en ellos la gran parte de codornices que hay en el lugar. De ahí que el análisis final haya que hacerlo al cierre de la temporada.

A buen seguro los cazadores que se visten por los pies no haga falta aleccionarlos para que continúen insistiendo. No en vano en septiembre estarán más fuertes, con más peso y su captura será más compleja al tener muchas de ellas más de 56 días de vida. En definitiva todo lo que busca un buen aficionado para cubrir sus exigencias venatorias.

Más fácil lo tuvieron los espectadores que asistían el 21/09/1972 en San Mames a un partido de copa entre el Athletic y el Osasuna Promesas (3-1), cuando atraídas por los focos del estadio cientos de codornices cayeron al campo. Los txapelgorris perdían hasta la boina para hacerse con unas cuantas que llenasen la cazuela.

En materia de caza, para que suene la flauta, la constancia es imprescindible, máxime con esta caprichosa e imprevisible migradora. Decía Socrates: «solo sé que no sé nada»; no es poco cuando de codornices se trata, al menos para mí.