El Luchadero

Mal, de momento

No es fácil que en materia de codornices la dicha sea perfecta para los cazadores. Cuando no es el agua es el sol, las nuevas técnicas agrarias o el rosario de la aurora. Así de compleja es la caza.

18 ago. 2013 - 3.529 lecturas - No hay comentarios

Resulta ahora que cuando los cazadores impacientes se frotaban las manos ante una desveda esperanzadora se encuentran con gran parte del trigo sin cosechar. Lógicamente esto supone un gran hándicap porque como es sabido las codornices —de tontas no tienen un pelo— se refugian en las piezas donde el trigo está de pie. Así que paciencia y a esperar que entren las cosechadoras, que lo harán en breve, a no ser que ahora le dé por llover o Lorenzo no caliente lo suficiente para que el rocío mañanero desaparezca y las máquinas puedan desgranar las espigas de cereal.

Mientras tanto no hay más remedio que buscarlas en acequias y perdidos, por mucho que el perro se empeñe en meterse en los trigos, sabedor de donde se encuentran la gran mayoría de codornices. Ojo pues con las denuncias por pisar el cereal. Pero todo se andará y lo que ahora está difícil es posible que en una o dos semanas las cosas cambien a mejor, porque codornices hay, y puede que algunas sigan entrando porque han criado mal y tarde. Así que no estará de más canjear jornadas de caza en septiembre por días de playa en agosto.

Siempre hemos entendido que las codornices iniciaban en septiembre su viaje de retorno a sus cuarteles de invierno en África, y lo hacen, pero no todas. De hecho, he podido constatar que a mediados de octubre en Estonia, a la altura de San Petersburgo, y en Rumanía, codornices había y muchas. ¿Por qué suben tan arriba y aguantan hasta finales de octubre para volver? Porque el cereal está sin recolectar y el sol aprieta menos, en definitiva porque el hábitat es el idóneo. Pero las cosas este año son distintas y las codornices no van a subir a esos pagos en número importante, ya que por estos lares tienen cobijo, incluso es posible que aguanten en muchas zonas hasta octubre.

Y es que esta pequeña pero gran ave viajera es muy sensible a los cambios climáticos, por mucho que alguno entienda que su anatomía no se presta a grandes desplazamientos. Y si se complican las cosas en algunas zonas y las máquinas no pueden hacer su labor rápidamente, habrá que plantearse solicitar la prórroga de la temporada.

Tiempo al tiempo.