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Cazando al Ruido

Juan Lobón

Mi primer jabalí con arco

¡Lo logré! Ya casi se me había olvidado la ubicación de la charquita esta, una charca muy querenciosa porque está muy oculta y que con las abundantes lluvias, aún tiene agua.

20 jun. 2018 - 5.195 lecturas - No hay comentarios

Voy con pocas esperanzas pero, nada más bajarme del coche, veo el carril y la charca muy tomada. Automáticamente miro el reloj, me da tiempo a volver a mi pueblo, cargar los bártulos y ponerme de espera. A las diez llego al puesto, algo tarde pero ya estoy colocado, subido en un cortado y la charca a 20 metros escasos. Coloco todo, me siento en mi silla y a esperar.


Tordas, urracas, codornices, perdices… Poco a poco se van apagando sus cantos y la luna cada vez brilla más.


Siempre pensamos que el jabalí vendrá por lo más sucio, pero cuando hay sed el camino más corto es la línea recta. A unos 200 metros lo veo venir al trote, por una tierra de labor, derechito al agua. Se para, levanta la cabeza y continúa. Como me da tiempo, me pongo en pie, me oculto tras un pino, me acomodo y espero a oírlo para tensar el arco antes de que llegue al borde del barranco y baje a la charca. Con la mente lo voy intuyendo pues ya tiene que estar entre el monte. ¡Lo oigo! Mi corazón a mil. Tenso el arco, miro a través del peep pero ¡está girado y no veo bien el visor! No puedo destensar, así que con los dientes intento colocarlo un poco para poder centrar el visor. Justo cuando hago esto, el jabalí aparece y comienza a bajar a la charca. Lo voy siguiendo con el pin. Espero a que se pare, respiro, coloco el pin en lo que creo es la paletilla. Está tranquilo bebiendo, no voy a dar la luz, allá te va.


Siento como la flecha golpea en algo que se astilla y a la vez el jabalí da un bufido y sale de la charca al trote y sin rezungar, por la parte más llana. Creo que le he dado.


Soy un manojo de nervios, lo veo caminar y ocultarse a unos metros entre los pinos. Intento tranquilizarme, espero unos minutos, ¡pero no puedo! ¡Tengo que hacer algo!, es casi de noche y no veo apenas nada, alumbro al sitio donde disparé y no veo la flecha, pero al alumbrar la huida del animal veo claramente un rastro de sangre.


El optimismo me recorre el cuerpo y con tanto nervio, a duras penas consigo llamar a Julio, que no me responde, llamo a Rafa y me tranquiliza, pues al ver la sangre me asegura que está muerto. No me atrevo, ni quiero, entrar en el pinar pues hay que hacerlo a gatas y no me gustaría encontrarme de frente con un bicho enfadado, así que llamo a Furones y en media hora se presenta con Tora.


Ha pasado ya hora y media desde el disparo. Ponemos a la perra en el rastro sin correa, el jabalí tiene que estar cerca y si lo encuentra ladrará a parado. La perra desaparece y yo no aguanto más. Por el rastro de sangre, voy detrás de la perra, con más miedo que vergüenza, parándome para escuchar.


El rastro es muy abundante y no tardo en encontrar una mancha enorme de sangre coagulada. Tiene que estar por aquí, no se puede haber ido más lejos, le digo a Furones, que tenía más miedo que yo. De repente la Tora da un ladrido. ¡Ahí está! Delante de mí, a unos diez metros, la oigo ladrar y morder, con sigilo alumbro y veo los cuartos traseros del jabalí, inmóvil. ¡Está tieso! La alegría es indescriptible, nos abrazamos, me da la enhorabuena y animamos a la perra por el trabajo bien hecho.


Las risas, las caídas, no faltaron mientras lo sacábamos del pinar, no había recorrido ni 50 metros, un tiro de arriba abajo en la paletilla, mañana veré el índice de penetración, si tocó pulmón o algún vaso sanguíneo importante, pues no puede retirar la flecha y la desenrosqué. Ya echaba de menos el tirar de un jabalí bajo la luz de la luna, pero esta vez era diferente, era el primero con arco.


Después de las pertinentes fotografías, lo cargamos al coche y a la finca para su posterior limpieza, ¡y al arcón!


Mientras escribo esto estoy terminado un Barceló Imperial con Coca-Cola para calmar los nervios e intentar dormir unas horas.


¡Objetivo cumplido!


Era uno de mis propósitos, abatir un jabalí con arco y hoy lo he logrado. Por supuesto quiero dedicar este lance y este trofeo a varias personas, la primera, como no, José Manuel Alonso, gran amigo que me regaló el arco y todo el equipo completo. José, querías verme cazar con el arco, aquí está, muchísimas gracias, esto es gracias a ti.


Aguardo jabalí

A mis amigos del Club CAZAAR: Rafa, José, Roberto, Sergio, Ángel, Roberto hijo y en especial al Profesor y artífice de todo esto, Julio Villalpando, gracias por las horas de puesta a punto, de clases, de consejos… Gracias de corazón. No me puedo olvidar de mi familia, la que me ha visto tirar flechas a cartones, a botes, a siluetas… horas y horas enredando. A mi otra familia: Dalya y Furones, ese ladrido de Tora y ese abrazo no se me olvidará jamás. Por los buenos ratos por las aventuras y porque siempre estáis cuando os necesito.

 

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Juan Lobón
Juan Lobón es amante de las esperas nocturnas al jabalí y perdicero empedernido. Le gusta disfrutar de cada segundo que la naturaleza le ofrece y se siente cada vez más alejado de postureos cinegéticos.

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