No Perdamos el Norte

Demasiados accidentes de caza en Galicia

Escribe Eloi Saavedra: El despropósito y desperdicio de vidas humanas, durante las jornadas de caza en Galicia, está llenando demasiadas páginas en los periódicos. A nadie parece importarle. Quizás se pudiese decir que, más bien lo contrario, parece que a muchos les interesa echar tierra encima del problema y hacerse el sueco. No es el caso de los anticaza, los liberticidas de los derechos de quienes ejercen la cinegética de forma sostenible y respetuosa con la ley.

17 feb. 2017 - 7.100 lecturas - No hay comentarios

Los motivos son muchos y variados, pero todos tienen como origen una política del dejar hacer, para no enfadar a la clientela. Para unos, los que dicen representarnos, los cazadores somos solamente compradores de seguros y consumidores de vanidad y trofeos de colmado chino, con lo que, para no estropear el negocio, no conviene contrariarnos. Nos dan la razón, como a los tontos, cada vez que cometemos una barbaridad en seguridad, les resulta eso más rentable que cantarnos las verdades del barquero. No sea que pierdan un cliente o asegurado.


Alguien les ha hecho creer, a la Dirección General de Patrimonio Natural que, recibiendo la adecuada atención económica, les entregarían el voto de los cazadores en bandeja de plata cual cabeza de Juan el Bautista, no es cierto, el cazador gallego es pasivo, por lo general, a todos los estímulos e incentivos. No pasa lo mismo con las estructuras que debieran defender a los cazadores, pero en cambio, llegan a demostrar un amor irrefrenable por alagar la perniciosa Lei de protección de animais de compañía que impediría, de no cambiar su redacción, la caza con perros.

Casualmente, al poco tiempo de tanta adulación jurídica, los aduladores recibieron 25000€ para cursos de seguridad, cuatro a día de hoy; cuatro escasos cursos, cuando los sucesos nos demuestran que son más necesarios que nunca. Cabe decir que la calidad de esos cursos, ha sido buena, pero su costo no justifica de ninguna forma esa subvención, tanto dinero, daría para hacerlos comarcales. Parece razonable preocuparse por la seguridad efectiva de nuestros compañeros, para ello, el dinero debe ser mejor invertido.


LA RESPONSABILIDAD DEL JEFE DE BATIDA

La Ley gallega, otorga al jefe de batida, una responsabilidad verdaderamente importante, de no ejercerla con seriedad, podría, en caso de accidente, comprometer incluso el patrimonio familiar. Tanto si ejerce su labor de responsable en un coto pero, con más motivo, en una de las muchas zonas libres, donde la administración gallega, en una absoluta dejación de funciones, da autorizaciones administrativas para un acto colectivo de caza, en sorteos poco claros, a nombre de particulares y sin control alguno de la existencia de un seguro de responsabilidad civil que, por un lado proteja el interés público mediante un seguro de R.C. y por otra parte, proteja el patrimonio del valiente compañero que prestó sus datos para ejercer de jefe de batida.

En caso de un accidente de circulación con pieza de caza, por ejemplo; bien rápidos que andan nuestras autoridades para dar los datos del beneficiario de la cacería del libre afectado por el accidente de ese día.

En estos casos les aconsejo, a quienes ejercen como jefes de batida, que exijan a los participantes un seguro de R.C. mínimo de 600.000€ y disponer él mismo de un seguro complementario que cubra sus posibles cargas.

El jefe de batida debe colocar en los puestos a los cazadores y afianzar su autoridad dando órdenes claras de hacia dónde se puede tirar. Debe de preocuparse, aunque no sea una montería, de señalizar con carteles todas y cada una de las entradas del monte, Por respeto hacia los demás usuarios del monte, por seguridad y por nuestra comodidad. Tampoco a nosotros nos gusta que se nos moleste durante nuestra cacería y si no hay señales, mal sabrá un setero o un ciclista que se está metiendo, sin querer, dentro de una armada.

Para ejercer este rol, el jefe de batida se encuentra desarmado, la Ley le da responsabilidad, pero como no se ha articulado reglamento de la misma, no se determina los derechos y la necesaria consideración de guarda, con capacidad para proponer sanciones a aquellos que sean indisciplinados durante el monteo.

La falta de formación de los jefes de batida es responsabilidad directa de la administración, porque lo que no resulta de recibo es que esto se deje en manos de unos devotos de la caza que no somos más que entidades particulares, unas bien intencionadas pero otras claramente más preocupadas por la subvención que por transmitir conocimientos.

Creo que, lo que llamamos cursos, debiéramos llamarlo charlas de seguridad. Se precisan verdaderos cursos, pero impartidos por quienes tienen capacidad docente y pedagógica real.

Mi propuesta sería la Escuela de Forestales, de la Universidad, o algún ente similar.

Se precisa formar a jefes de batida y también a quienes intervienen en la fiscalización de las cacerías, es decir, las fuerzas de seguridad, que deberían conocer y actuar con los mismos criterios que los jefes de batida para evitar discrepancias que no son agradables para nadie.


LA ÚLTIMA OLEADA DE CAZADORES LLEGADOS DE LA CAZA MENOR

Estamos ante una bajada en picado del número de cazadores. A la última tabla de salvación, la de la caza mayor, llegan, aferrándose con uñas y dientes, los últimos náufragos del conejo y la perdiz. No llegan y se adaptan a las normas colectivas de seguridad, llegan muchos de ellos imponiendo su individualismo, propio de la caza menor y pretenden que un acto de caza colectiva, se tuerza, hasta convertirse en una suerte de caza en mano donde cada cual hace lo que le da la real gana.

He visto batidas en Galicia, donde la gente se mueve de los puestos, y ayudados por unos localizadores, que deberían estar guardados hasta el final de la cacería, montan raudos en los coches, con las armas cargadas explicando que: corren hacia aquí, o hacia allí para atajar los perros. Para atajar los perros no hace falta un arma cargada en un coche, hace falta una vara o un cinto. Eso es ansia por matar, por puntuar, tal y como presumen en el facebook quienes han convertido la caza mayor en una competición futbolística, colocando, presumiendo de la escena y subiendo a público, bermejillos que, aunque sean legales, tampoco son como para que ningún montero presuma de ellos.

Para muchos es lo más parecido a un conejo que hay, por su tamaño, digo.

Las normas y costumbres de seguridad que, la anterior generación de monteros, los precursores del jabalí en Galicia ya habían asumido, hoy se están cayendo por tierra con el ansia de conejeros reconvertidos que tiran al suelo la colocación de puestos, reglas como la primera sangre y a la hora de disparar pasan de la escopeta con perdigón a la escopeta con bala sin formación alguna.

En algunos de los accidentes más significativos de este año, se puso de manifiesto que pesaba más el ansia de matar un jabalí que rechazaba cruzar la pista para tirarlo a bicho pasado, que la vida del compañero que estaba en línea perfectamente equipado con su chaleco naranja. Menos mal que este caso se saldó con la reconstrucción de un fémur y no con la vida de un compañero.

Otras veces es el ansia por matar la que pierde a la víctima, en este caso, haciendo que se mueva del puesto para mejorarse. Es entonces cuando se puede decir que, es el pecho del inconsciente el que se pone delante de la bala.

No estamos cazando conejos, ni tirando con perdigón y más de uno todavía no se ha enterado. Los que si se han enterado no quieren denunciarlo, no vaya a ser que pierdan un cliente asegurado.


LA TRAÍLLA Y LA SUELTA

De la misma forma que la traílla le come terreno a la batida o montería en suelta, también están aumentando los accidentes.

En la suelta se colocan los puestos antes y la gente tiene tiempo de señalizarse. La resolución de un emplace suele ser precipitada, la gente va con prisas y se suelen colocar puestos atropelladamente. Algunas veces se emplaza en el tamaño de una cancha de tenis con más de una escopeta tirando para dentro y con algún que otro perrero armado tirando hacia fuera.

Con este pan salen las tortas que salen y luego nos quejamos y lo atribuimos todo a un infortunio. Pues no, el único infortunio es ver el despilfarro que la administración hace con el dinero destinado a formación en seguridad y la dejación de funciones que ejerce la administración a la que le importa poco legislar sobre las funciones del jefe de batida.


Publicado en Caza Mayor, febrero de 2017

 

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