No Perdamos el Norte

La ignorancia de los que saben

Y dicen que nuestro sector está en guerra. Pero la guerra la hacen, al menos, dos. Y dos, que estén enfrentados activamente, bajo el poder de la inconsciencia.

Pluma invitada: Lucía Saborido

17 may. 2015 - 2.029 lecturas - No hay comentarios

También dicen que un ecologista es lo contrario a un cazador. ¿Quién lo dice, el que libera visones atentando al equilibrio del medio, o el que dispara sus perdigones matando el último conejo del monte? Ni uno es ecologista, ni otro es cazador.

La guerra la hace el desequilibrio.

Yo no tengo nada en contra de los ecologistas, ni de los cazadores; de hecho, no tengo nada en contra de nadie. Puedo decir que soy cazadora, y ecologista. Para mí no hay guerra, hay defensa.

Y mi defensa se basa en el respeto y en la libertad. Las cosas, para bien y para mal, tienen que fluir; resistirse no es avanzar.

Vivimos en una sociedad alimentada por la rabia, llena de escupitajos que fluyen de un lugar a otro, sin mediar en quien caen. Y cuando nos damos cuenta de que estamos llenos de babas, las utilizamos para seguir lanzando lapos, en vez de sacudirnos los deshechos.

La naturaleza nos aporta todo el aprendizaje que necesitamos, y tanto un buen ecologista como un buen cazador, no permitiría que su ignorancia le entretuviese.

Dice Eckhart Tolle en uno de sus libros: «Los patos también me han enseñado importantes lecciones espirituales. El simple hecho de observarlos. Qué fácilmente flotan, en paz consigo mismos, totalmente presentes en el ahora, dignos y perfectos como pueden serlo las criaturas sin mente. Sin embargo, ocasionalmente estalla una pelea entre ellos; unas veces sin razón aparente y otras porque uno invade el territorio del otro. Normalmente la pelea solo dura unos segundos y a continuación se separan, nadan cada uno por su lado y mueven rigurosamente las alas unas cuantas veces. Después siguen nadando tan pacíficamente como si la pelea nunca hubiera ocurrido. Cuando les observé por primera vez, me di cuenta de que al mover las alas estaban liberando el exceso de energía generada para impedir que se quedara atrapada en su cuerpo y se convirtiera en negatividad. Actúan siguiendo su sabiduría natural; y les resulta fácil, porque no tienen una mente que mantenga vivo el pasado ni que construya una identidad basada en él».

 

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