El Descolgadero

29 may 2012 8:21

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Huelga de celo

Aeropuerto de Barajas. Embarcamos en un avión de una compañía de estas baratas que ahora se empeñan en denominar ‘low cost’. El piloto, eso sí, muy amable, nos pide disculpas por el retraso del embarque (treinta minutos), aprovechando, además, para informarnos que el controlador no contesta sus llamadas para poder coger pista.

Este mismo sermón nos lo repite cada quince minutos. Así, hasta dos horas y media, que en total suman tres. Unos asientos detrás de mí escucho a un señor, seguramente habitual de estas lides, decir que es por la ‘huelga de celo’. ¿Cómo? Mi deformación cinegética hace que la terminología me confunda aún más. Miro por ventanilla y no veo un hábitat idóneo para el cervuno. Aquello está ‘mu pelao’. Luego, me entero que una huelga de celo es una huelga, pero que no es huelga. Es decir, protestan trabajando, pero trabajado poco. No sé si me confundió más, pero, al menos, me apartó mis pensamientos impuros por la berrea.

Aquello hizo que mi cabeza reflexionara las dos horas de vuelo. Ya sé que nuestro sector no es uno muy profesionalizado, pero ¿qué pasaría si tuviéramos también huelgas de celo? En algunos casos el resultado está claro: un guarda en huelga es un furtivo de festivo; si, por el contrario, la huelga es de muleros, serían los propietarios los que terminarían regalando la carne a los famélicos y agresivos buitres; en el caso de los taxidermista, tendríamos la casa llena de perchas y las mujeres llevarían un colmillo colgado para cada ocasión; en los hosteleros, que nos llevaríamos el bocadillo de casa y con la tienda de campaña a cuestas o en los perreros que nos dejaríamos en el monte los macarenos para otra temporada. Hasta aquí todo claro. Pero, ¿qué pasaría si cazadores y propietarios o titulares cinegéticos entráramos en huelga, ya sea con celo o no?

Si no cazáramos, veo trasladando el ‘modelo parque nacional’ a todos los cotos de caza; es decir, al 95 % de la superficie de nuestra región. Ya no se cazaría. Se ‘controlarían poblaciones’, empresa externa en mano. Aún así, cundiría el caos: superpoblaciones, enfermedades, cosechas arrasadas…

Si no gestionamos, si un propietario de una finca deja la gestión a la buenaventura de nuestra madre naturaleza (modelo ecologista), España estaría en el último lugar del ranking de espacios naturales protegidos. Se degradaría el hábitat, se extinguirían muchas de nuestras especies protegidas, se perderían miles y miles de puestos de trabajo y, muy probablemente, muchos de nuestros pueblos rurales se verían abocados a su desaparición.

Quizás pueda parecer una visión catastrofista. Pero el buen conocedor de la caza y aquellos que vivimos en zonas donde este sector ha sido, es y será el único futuro esperanzador y alternativa al debacle agrario casi inminente, aquéllos, sabemos que esta huelga de celo de cazadores y propietarios probablemente nunca se hará, pero también sabemos que sería la única forma de que la sociedad urbana valore este sector tan denostado y tan políticamente incorrecto.

 

Luis Fernando Villanueva Luis Fernando Villanueva es presidente de APROCA España

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