Diario de Caza

Controles de alcoholemia

El que suscribe es amante del vino, sobre todo del vino con alma. Saben mis amigos que el regalo que más agradezco es el vino y si me parece bueno: mejor aún, entre otras razones, porque estoy muy de acuerdo con quien dijo que «las gentes beben lo que se merecen». Pero no se inhiban ustedes conmigo, amigos lectores, porque no soy experto, ni me refugio tras las etiquetas y acepto como bueno cualquier vino que usted me pudiera mandar de buen corazón.

02 feb. 2008 - 2.619 lecturas - 8 comentarios

Dicho lo anterior, para evitar maniqueos, me voy a meter en un asunto que me preocupa: lo que bebemos antes de cazar.

Hace un par de años asistí a una montería lejos de mi tierra en la que daban un desayuno previo al aire libre, con migas y café, en medio de la finca. «El licor no entra», rezaba en un cartel. Se refería que había que pagar los chupitos a razón de uno o tres euros, según fuera orujo, anís o wisky. Dijeron que la montería era para sesenta puestos y al final de aquella prolongada espera mañanera, justificada por el sorteo y prolegómenos, vi los cascos y había diez botellas de licor vaciadas en las dos horas y pico que duró aquella antesala de la cacería. No conté el número de participantes para poder aseverar ahora con certeza la ingesta media pero, en el mejor de los casos, consumimos a razón de 100 a 125 c. c. de licor. Desconozco si ese volumen provoca en algunas personas comportamientos indeseables a la hora de afinar la puntería, pero en ningún caso beneficia ni da mejores reflejos, aunque dé euforia y quite la timidez. Tampoco creo que esa cantidad acarree para nadie trastornos sicóticos, a pesar de que alguien habría libado la parte que correspondería a los abstemios; que los había. Yo no me percaté de ningún comportamiento extraño, aunque había alguna cuadrilla que no se separó en todo el tiempo de la improvisada barra.

Las citas mañaneras para las batidas o monterías, que se dan en todas las latitudes, se hacen en el bar del lugar o en alguno cercano, que es un sitio más amable y propio para el sorteo que a la intemperie en medio del monte. Y se cita a los cazadores tres horas antes. Previamente, los que han de desplazarse, que son la mayoría, habrán quedado en los bares o churrerías del camino o de la ciudad de origen, porque son los únicos espacios cálidos abiertos. Después de dos o tres cafés y ante las interminables esperas hasta que te toman los datos, se hace el sorteo, o te conducen al puesto, quien más y quien menos, pide algo suave o si es hombre montaraz, algún licor más recio. Ya sé que no obligan a tomar chupitos a nadie y que muchos no pasan del agua o el café. Pero la oferta y el lugar invitan a los dispuestos.

Esto de las reuniones dos o tres horas antes de salir hacia el puesto es algo a lo que nos están acostumbrando organizadores con pocos escrúpulos para con los cazadores y lo aceptamos sumisamente, como si formara parte de la liturgia montera, cuando es una falta de educación y consideración con nosotros por parte del que nos cobra y organiza. Nos citan siempre, exageradamente pronto, con la misma excusa: es que queremos empezar rápido, para acabar pronto. Qué falta de respeto, mentir tan descaradamente.

Si la cosa de salir se alarga almuerzan los rehaleros, porque luego les dan las tantas recogiendo. Más de una cuadrilla se anima y empieza también el almuerzo, porque hasta las cinco no comemos. Aunque algunos lo hacen con agua, generalmente almorzamos con vino.

No quiero poner excesiva alarma. Debo aclarar que no he visto a nadie, en todos estos treinta años de quedadas a las ocho para salir al puesto a las once, en una situación previa que pudiera entrañar peligro o recomendara protegerse tras la encina, cuerpo a tierra o mandarle a casa para que durmiera. Pero he pensado muchas veces en estas situaciones y en lo mal que les sienta a algunos, incluso una toma prudente de cualquier bebida. Aunque sé que a estas alturas algún lector estará despotricando contra esto que escribo, prefiero comentar lo que es sobradamente conocido, antes que estarlo dando vueltas en la cabeza.

No tengo constancia en estos años de que haya habido algún accidente de caza derivado del estado de sobriedad del causante, ni Dios lo quiera. Tampoco que hayan hecho control de alcoholemia tras un accidente de caza. Escribí en una revista (Los peligros de la Caza, FEDERCAZA Nº 253.-Enero 2007), «que sería muy conveniente observar ciertas pautas para que no ocurra esa sangría que suponen los casi 2.600 siniestros, con una media de veinte muertos, que se producen cada año por la caza». Cuando lo escribí, me pasó por la mente las mañanas de espera montera y pensé, no digo nada porque parece que es alarmar y poner en alerta al enemigo. Alguno me dirá que la ingesta es más peligrosa si la hace quien ha de atender un parto o conducir un autocar. Pues tampoco, pero ¿se figuran el trato que darían a la noticia si a la desgracia irreparable hay que sumar que el cazador, que tuvo la mala suerte concatenada de producir el siniestro, da positivo en un control de alcoholemia? Para echarse a temblar.

 

8 comentarios

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03 feb. 2008 10:27
romadorio
Está demostrado que la caza se convierte en un acto social y como tal está presente el alcohol.Lo tremendo del caso es que en vez de uncompañer@ de baile ,ésta es un arma.Muy atinado ese escrito
04 feb. 2008 09:55
DIDAC
Hay algunas cacerias que dán miedo.

Si se hicieran pruebas de alcoholemia previas a las cacerias, seguro que muchos tendrian que irse a dormir la mona.
05 feb. 2008 14:33
Bretoncito
Me considero sufridor, en este caso, ileso de chiripa, de las consecuencias que acarrea el bebercio antes de cazar. Contaré escuetamente que en una ocasión, en una montería en Soria de la que soy nacido y en la que cazo, tuve una bajada de tensión, un sudor frío, y casi hasta la pérdida momentánea de la visión por culpa de quien hoy afortunadamente ya no viene en mi coche. Resulta que el susodicho tiene la costumbre de aceptar de buen grado cualquier copita, verdecito, o solysombra que se le presente, sea la hora que sea. Esa mañana aún a sabiendas de que a los ocupantes de nuestro coche no nos gustaba ni nos gusta que bebiera, él siguió su costumbre de echarse unos chupitos que a veces eran hasta 6 antes de salir a cazar,alegando que los demás somos unos "mariquitas", y eso que nuestra cuadrilla, tiene la costumbre de quedar pronto para salir a cazar pronto y generalmente lo cumple. En nuestra cuadrilla los sorteos se hacen por coches, por lo que siempre te toca cazar con los mismos compañeros todo el año, más o menos. El caso es que ese día este "artista" iba mosco como todos los días. La montería se estaba celebrando con normalidad cuando a mi izquierda, y por la espalda apareció un jabalí que al barruntarnos se paró antes de saltar a la pista con al menos 12 metros de anchura. Entre los dos fue a pasar y yo, pensando que le tiraría él porque me pareció que estaba más cerca que de mí, ni siquiera hice mención de apuntarle. Cual fué mi sorpresa cuando veo que no le tira al saltar a la pista y decido encarar mi rifle contra el jabalí para tirarle yo cuando pasara, porque en esos momentos se piensan muchas cosas y yo pensé que a lo mejor no lo había visto. Justo a través del visor, veo dos agujeros negros del caño de un express que me están apuntando. Y justo cuando el jabalí estaba en línea conmigo oigo dos zumbidos como nunca antes los había oido. ¡Ha caido! me indica con el pulgar hacia abajo y echa a correr hacia el tiro, mientras yo, impábido, soy incapaz de decirle que, aunque pinchado, el jabalí corre barranco abajo. Después no lo cobraría. Desde ese día (decidí no discutir con él, porque discutir con una persona bebida es como discutir con un semáforo)siempre he procurado no ponerme a su lado. Y a día de hoy, puedo decir que es algo que tengo siempre presente. Si has bebido, a mi lado no te pones. Y punto. Y no es la primera que hace, ni la última. Desgraciadamente, gente de esta hay mucha y puede llegar a convertir el apasionante mundo de la caza en un día trágico porque a un payaso de estos le da la gana de mamarse antes de salir a cazar. Pido a todos los responsables de cuadrilla que coarten a sus compañeros con el alcohol. Porque es incompatible con la caza, igual que con la conducción, con el trabajo, y con muchas otras cosas. Y tengamos la fiesta en paz.
06 feb. 2008 00:16
diego
Despues de leer tu comentario te he de notificar que si que tienes razon en todo lo que dices , pero tambien tendrias que decir que tiempo llevas sin montear , mas que nada es por que antes yo era uno mas de los de la copita de anis y sin ir mas lejos este sabado estuve en una y desayune con cafe y resisti al anis y de vuelta de los puestos un lugareño me ofrecio su bota de vino y me negue con todo el dolor de micorazon , por que tenia que conducir despues, y en la comida me bebi un quinto de cerveza y dos platos de estofado y cuando fui al cafelito mi socio que era lugareño me ofrecio un wisqui y me negue y espere a que el se lo tomara y luego cogi mi coche y para casita y una vez en mi casita ya que no tenia que conducir me bebi tres o cuatro wisquis del que me gusta y despues a dormir que hay que nadrugar el domingo y salir a ver el monte. con esto te quiero decir que lo que dices es antiguo y hoy en dia se tiene mucha conciencia de esto y no se puede generalizar y exponer como lo dices que digo y que no digo pero el pecado esta hay . por favor sr. garrido cuando te conoci me parecistes una persona seria y con los pies en el suelo , como dices estas cosas sin afirmar ni negar pero hay queda. en fin no te entiendo. un saludo Diego.
06 feb. 2008 22:51
DIDAC
Veo que vas poco a monterias de "chichi-nabo". Lo del bebercio es cosa normal. No solo de antes. La última el domingo.

Te voy a contar una que pone los pelos como escarpias:

Reunión el el Bar. Un frio de narices. Niebla cerrada.La barra y mesas llenas. Unos almorzando otros dándole al chupito.

Llegamos tarde; ya estaban apuntando. Entramos a la sala para inscribirnos. Entre la gente había "uno" enseñándole a los amigos el nuevo rifle que se habia comprado.

Le recrimino que tenga el rifle desenfundado en lugar público y con tanta gente. La contestación acrecentada por los chupitos, te puedes figurar cual fué.

Ante mi insistencia y amenazarle que iba a llamar a la GC, le dije que por lo menos quitara el cerrojo para asegurarnos de que no habia peligro.

Tiro del cerrojo y al suelo una del 30,06.

Este "cazador" no cazó ese dia y, supongo que en muchos dias más. Fueron muchos los que firmaron la denuncia ante la GC.
07 feb. 2008 02:26
diego
Me alegro al menos de leerte de nuevo,jejeje . en fin que si que teneis razon , pero yo me reitero que hoy en dia estamos muy concienciados con esto y no veo que sea una cosa en general como antes , pero claro esto es como la meigas que haberlas haylas. saludos y un abrazo .Diego.
14 feb. 2008 21:36
Raúl
Nuestro grupo de amigos, no ya cuadrilla, quedamos como tantos otros en el bar de turno; pero desayunamos calentito, es decir, alcohol 0%. Otra cosa es cuando salimos al campo y al regresar comemos y nos estamos horas en la mesa. Resultado: cuando marchamos a casa son las tantas y el alcohol que hubieramos tomado se disipo. Es tan peligroso conducir con una copa que cazar. Cada grupo dicta sus normas, y en el nuestro estan claras.
16 feb. 2008 01:44
Fran
Sin ánimo de ofender... cuando tendreís el valor de reconocer que cazadores como los que representa Raul son los menos o que hay muchos de los otros. Sin regulación hoy no quedarían para cazar ni las palomas de los parques, porque la caza es un negocio y una afición como lo es la petanca para otros. Que una mayoría se sienta acorralada por la creciente regulación y por las limitaciones es para mí una prueba del nivel que hay entre los cazadores. Ser muchos no es sinónimo de poseer la verdad. Los ecologistas llevan años anunciando la degradación a la que los incrédulos asistimos con preocupación. Nadie niega que la caza tenga su función, pero no comulgaremos con ruedas de molino, hoy la caza es otra cosa.
José Luis Garrido José Luis Garrido ha ocupado destacados puestos en la estructura federativa.

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