Diario de caza

07 ago. 2007 19:11

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Verdades molestas

Manuel F. Villén

Antes de nada, decirles, que tengo muy claro que hay comentarios que además de ser un tanto «punzantes», suelen molestar bastante a muchas personas, como por ejemplo puede ser el que a continuación voy a hacer. Pero también tengo muy claro, que a veces este tipo de comentarios tan molestos para algunos, son necesarios de cara a aclararles ciertas cosas a otros, en este caso a los más jóvenes.

Cosas que últimamente, los que ya peinamos canas y vivimos aquellas décadas gloriosas de la caza menor en España, no paramos de «tapar con la manta grande», posiblemente por la vergüenza que podemos sentir al confesárselas a aquellos a los que siempre hemos querido dar buen ejemplo, a los jóvenes, a los que no tuvieron la suerte de vivir aquella época dorada de la caza menor en España.

Actualmente, de lo cual me alegro, parece ser que todos los que vivimos aquella etapa cacera de antaño, sin distinción alguna, nos declaramos apasionados e incluso verdaderos enamorados de algunas especies de animales de nuestra fauna, entre las que se encuentran, como no, el emblemático Lince Ibérico y algunas famosas rapaces de nuestra fauna. Unos animales éstos, sobre todo el Lince, que precisamente empezó a caer en picado o barrenas allá por aquella época en la que los que somos sesentones bailábamos la Yenka y que, actualmente, está a punto de tocar fondo, o lo que es lo mismo, al mismísimo borde de la extinción.

Lo que realmente más me choca de todo lo anterior, es que el Lince se encuentre en la situación que se encuentra, cuando todos los que ya peinamos canas y vivimos aquella etapa de la abundancia de especies menores de caza, actualmente no paramos de decir que lo hemos querido y cuidado siempre. Es más, ahora, muchos propietarios de fincas o cotos de caza de aquella época, dicen algo que a mí, lo mire por donde lo mire, no me cuadra para nada. Dicen, que para ellos haber tenido por entonces linces y algunas rapaces de las más emblemáticas en sus cotos o fincas, fue y sigue siendo un verdadero orgullo. Así es que después de haberle escuchado decir a todo el mundo lo que dice del Lince, ya no sé ni qué opinar, aunque visto lo vito y escuchado lo escuchado, tendré que decir que al parecer los humanos hemos sido toda la vida muy buenacitos con este animalejo, y que para nada hemos sido los culpables de que actualmente se encuentre en la mala situación que se encuentra, y que el único y verdadero culpable de ello es ese animalejo que siempre fue la pieza clave de la cadena trófica y casi único en su menú, el conejo, por morirse de esa forma que se está muriendo a consecuencia de esas enfermedades o epidemias creadas en laboratorio por el hombre que últimamente parece que no es capaz de «pelar». ¿Para qué leches vamos a buscar otros culpables, con lo fácil que lo tenemos con el pobrecito conejo?

Aunque también puedo decir, o mejor casi preguntarme, ¿Si realmente todos hemos amado y cuidado al Lince y a determinadas rapaces de las mas emblemáticas durante toda la vida, quiénes entonces eran los que en aquella época dorada de la caza menor en España, en aquella que como ya he dicho mas atrás algunos bailábamos la Yenka, ponían venenos de forma totalmente autorizada a todos los depredadores sin distinción alguna por los supuestos daños que pudieran hacer a las especies menores cazables? ¿O es que ahora va a resultar que todos estamos limpios de culpa en este aspecto, y que nadie ha puesto venenos en sus fincas o cotos de caza en aquella época del envenenamiento autorizado y hasta premiado?

Pues miren, que yo sepa, en muchas fincas o cotos de caza de muchos puntos de nuestra geografía se pusieron de forma totalmente indiscriminada y se hicieron verdaderas masacres de depredadores y no depredadores, como era el caso de los carroñeros, e incluso de perros de caza, que se te escapaban en un despiste y ya no volvías a verlos más con vida, como me paso a mí mismo con tres podencos, entre los que iba mi Diana, la mejor perra de caza que jamás he tenido.

Aquellos venenos, los que vivimos la sierra y en la sierra durante aquella época, vimos de forma muy cercana y directa lo crueles que eran, ya que mataban en cadena y haciéndole sufrir a los animales envenenados antes de morir lo que muchos ni se pueden imaginar.

Pero no crean los mas jóvenes, los que no vivieron aquella época, que los que antaño ponían esos venenos en el campo eran como ahora se consideran los que los ponen, unos delincuentes, ni mucho menos, lo hacían, como más atrás he comentado, de forma autorizada y, por tanto, totalmente legal. Pero es que además, yo creo que estos venenos los ponían, más que por otra cosa, por la mala «información y educación» que recibían de quienes jamás deberían haberla recibido, pues al ponerlos lo hacían, además de legalmente, como algo muy bien hecho y totalmente necesario.

Yo recuerdo, que antaño hubo personas tan confundidas o «perdidas» con el tema de los venenos, que se crearon, o les crearon, una doble moral sin que tan siquiera se dieran cuenta de ello, pues no se podía entender, que por un lado se dedicaran a predicar «ética cacera» en sus tertulias de caza y en otros lugares, incluso en algunos medios del sector cacero, diciendo que a los animales había que cazarlos haciendo que su muerte fuera rápida para evitarles sufrimiento y, por otro lado, que se dedicaran a envenenar indiscriminadamente y sin ningún tipo de control a otros que morían entre el mayor de los sufrimientos. Aparte, claro está, de todos los que en sus nidos y madrigueras morían también de hambre esperando que sus progenitores, ya envenenados y muertos, les llevaran una comida que jamás les llegaba.

Yo creo, que lo que deberíamos hacer muchos de los que vivimos aquella época es dejar a un lado la «hipocresía» y decir la verdad, que durante un tiempo de nuestras vidas, bien por equivocación o por la mala «educación e información» que recibíamos de quienes jamás deberíamos haberla recibido, actuamos muy mal, y que gracias a Dios, ahora, o mejor dicho, desde hace ya bastante tiempo, estamos siendo «educados e informados» de una forma muy diferente y correcta en este aspecto y, que gracias a ello, nos hemos dado cuenta que a algunos animales que en su día, posiblemente de forma equivocada, llegamos a perseguir en demasía por los supuestos daños que pudieran ocasionar a las especies cazables, ahora debemos mimarlos, cuidarlos y gastarnos verdaderos dinerales para que no desaparezcan de nuestra fauna, incluso sentirnos orgullosos al hacerlo.

Esta es la verdadera postura que creo deberíamos adoptar, la de decir la verdad y no la de mentir diciendo que siempre hemos querido y cuidado a ciertos animales, cuando en realidad antaño los veíamos como unos competidores en caza a los que había que eliminar como fuera. ¿Cómo es posible que algunos propietarios o gestores de cotos que se han hartado de poner venenos en ellos cuando era legal ponerlo, ahora digan, incluso hasta en algún medio, que siempre han querido y cuidado a ciertas especies depredadoras de animales cazables?

Yo pienso que confesarles a los más jóvenes los errores que antaño hayamos podido tener o cometer no es ninguna deshonra, sino todo lo contrario, una valentía. Lo que pienso que no es para nada de recibo, a mi corto entender, es querer ahora engancharnos todos al carro de lo bueno, bonito y moderno y seguir «tapando con la manta grande» lo que antaño hicimos muy mal, diciendo que siempre hemos querido y cuidado lo que en realidad hasta que no fuimos bien «informados y educados» perseguimos hasta la saciedad con artes y formas que, aunque por entonces fueran legales, jamás deberíamos haber utilizado por lo crueles que eran.

Lo que deberíamos hacer, según mi opinión, de una vez por todas, es asumir cada uno su parte de culpa de todo lo que antaño pudiera haber hecho mal y unirse al resto de cazadores para hacer un bloque todos juntos y tratar que lo que ocurrió en su día no vuelva a ocurrir más, y tratar de «educar e informar» todos juntos a los que aun queden —valgan tantas redundancias— por «educar e informar» en este aspecto, para que de una vez por todas desaparezcan los terroríficos venenos de nuestros campos y no vuelvan jamás a ellos, pero jamás, pues en la época en que vivimos y con la información y conocimientos que deberíamos tener sobre ellos, sería, además de tercermundista su utilización, vergonzosa, canallesca y lo que es aún peor, criminal.

 

12 comentarios

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07 ago. 2007 20:06
manuel castro
Bueno Rayón, yo como el noticiario, "no coment", sólo con leerlo sobra.Lo puedes decir más alto pero no más claro, es de verdaderos criminales el colocar cebos envenenados en nuestros días.

Un fuerte abrazo,
Manolete
08 ago. 2007 11:46
Cerrojo
Estoy de acuerdo en casi todo lo que dices, especialmente en lo que respecta al uso del veneno.

Ahora bien. No hay que olvidar que, en los tiempos a que te refieres, existía la figura del alimañero, y que eran alimañas la mayor parte de las especies que hoy están protegidas. Además de ello, la palabra “ecología” ni tan siquiera existía. La ecología la marcaba la ley vigente, la misma que determinaba las especies consideradas alimañas y que había que quitar de la tierra y del cielo.

En esa labor había auténticos especialistas, los alimañeros, que se ganaban algunas pesetas con su trabajo, y los cazadores colaborábamos en buena medida, pero dentro de la ley vigente.

Todavía recuerdo la sección dedicada al alimañero en aquel “Calendario de Caza y Pesca” que fundó el Coronel España, y que luego se convirtió en “Caza y Pesca”.

También recuerdo que el lobo nunca fue alimaña, aunque fue perseguido por los ganaderos y por algunos propietarios de fincas de caza mayor. Era pieza cinegética.
Lo que no recuerdo ni conocí en mi entorno, es el uso del veneno por parte del cazador, aunque sí los lazos, los cepos y las trampas. El veneno era cosa de otros.

No creo que debamos confundir a los que no vivieron aquellos tiempos. Los cartuchos eran caros y, en ocasiones, difíciles de conseguir. Se recargaba muchísimo y no siempre con buenos elementos. En mi casa, en ocasiones nos hicimos tacos de corcho, fundimos tuberías con restos de linotipia para hacernos los plomos, y hasta utilizamos pólvora de fusil molida que había que dosificar con mucho cuidado.

Cada disparo debía ser un acierto sobre una pieza que tuviese carne: liebre, conejo, perdiz, paloma torcaz, etc. Y mejor todavía si en un disparo se abatía a más de una, para lo que se utilizaban formas de caza impensables en nuestros días. Las codornices, las tórtolas y los zorzales no valían un tiro, un cartucho, y se capturaban de otro modo. Mi canana siempre tuvo doce pinzas de acero para otros tantos cartuchos. Luego, con el ligero aumento de las posibilidades de conseguir munición y con la mejora de la economía, los jóvenes comenzamos a hacer jornadas de caza a la codorniz y grandes tiradas a los zorzales, pero los viejos seguían valorando el coste de cada disparo. Por lo tanto, difícilmente se le disparaba a un tejón, a una gineta, a un gato montés, a un águila, a un lince, etc. por la razón de que no era comestible. Solo cuando había munición y porque legalmente eran alimañas que se alimentaban de “nuestras” piezas de caza. Recordarás que los zorzales se capturaban con “liga” y con lazos hechos con crines de caballo, y la utilización de las redes y del reclamo.

Las leyes son distintas hoy y los cazadores también, pero no fuimos delincuentes. Digamos que la legislación no tuvo visión de futuro, o mejor que ahora se contempla de otro modo.

Al menos, esa es mi interpretación y mi recuerdo.
Saludos
09 ago. 2007 11:41
Taochico
A Rayón decirle, que confesarle nuestros pecados a los jóvenes está de más, pués como comenta Cerrojo, eran otros tiempos, otras leyes, otros personajes asiduos y añadidos en nuestros campos; como la figura del limañeros. Todo era normal y necesario, incluso las leyes del momento lo permitía y la abundancia de especies lo justificaba. Así que de 'Verdades molestas', nada de nada, señor Rayón. ¡Ojalá volvieran aquellos tiempos nuevamente!
Recuerdo que en la casa del guarda, donde cazabamos mi padre, mis hermanos y yo, justamente, arriba de la chimenea de leña, en la pared, tenía disecada la cabeza de un lince (trofeo cazado y cobrado en ese mismo coto). Cosa normal, normalisima: Entre los años 50 - 60 aproximadamente, el ayuntamiento de mi pueblo, nos pagaba entre tres y ocho pesetas por los picos y patas del cernícalo, el milano, el aguilucho cenizo o el aguila culebrera, etc.

Desde aquí insisto a Rayón que no cubra con ninguna manta nuestra historia, al contrario contarles a los más jovenes con orgullo la verdad del pasado de la caza. De modo que concluyo dando la razón a las verdades de Cerrojo y disculpo la buena voluntad e ingenuidades de Rayón.

Saludos
09 ago. 2007 16:35
Rayon
Hola Cerrojo, me has tocado la fibra de la sensibilidad y me has puesto la carne de pollo al recordarme algunas cosillas de mi juventud en la sierra, sobre todo con lo referente a la recarga de cartuchos y forma de verlos en la canana antes de dispararlos, pues realmente los veia como algo muy escaso y caro. Y no digamos al hacer referencia a aquellas formas y astucias caceras de antaño, diferentes totalmente a las actuales, posiblemente por la forma de ver el tiempo antaño con respecto a ahora, cuando todo son prisas y mas prisas por pegar los tiros cuanto antes y volver a la ruidosa gran urbe donde normalmente vivimos.

Pero volviendo al tema del veneno te puedo decir, que yo que vivi en la sierra toda mi juventud y, por tanto, aquella epoca de la que hablo, pude ver de todo lo malo que se pueda ver con respecto al veneno. Recuerdo que el veneno era algo que los guardas de las fincas de caza, no los alimañeros, tenian que ir con un permiso previo a recoger a una determinada farmacia de la capital de la provincia donde estaban las fincas, al menos en la provincia donde yo vivia. Después, de una forma totalmente peligrosa para ellos mismos por no tener ni unos simples guantes para protegerse al manejarlo, se colocaban –la mayoria de los guardas que yo conocia- un pañuelo atado a la cara para que les protegiera la boca, y ya directamente a poner veneno a mansalva y de forma indiscriminada por toda la finca, que lo ponian en bolas de sebo, albondigas de carne e incluso en trozos de higado de algun animal que hubieran matado. Aunque a veces si se encontraban un animal matado y empezado por un depredador, alli mismo le ponian el veneno y hacia su efecto de forma fulminante.

El veneno lo ponian –al menos los guardas que yo veia hacerlo- pinchando el trozo o bola de carne con un palillo de los dientes que primero metian e impregnaban en el bote del veneno, y era tan fuerte aquello que con un solo mojado y un solo pinchazo en la albondiga o trozo de carne era mas que suficiente para matar hasta a un elefante.

Y en cuanto a ver lo criminal que era el veneno, pues te pudo decir que he visto infinidad de animales morir que nada tenian que ver con los que hacian daño a las especies cazables. Pero lo peor que pude ver, fueron mis propios perros y una pareja de linces que eran dos verdaderas joyas, que un dia envenenaron poniendoles veneno en un gabato que ellos mismos habian matado y empezado a comerse. Cuando en la finca detectaron el gabato muerto, como no sabian que animal lo habia matado, el guarda “aliño” la zona del animal que habian empezado y lo dejo en el sitio, al dia siguiente estaba el lince macho, que era enorme de grande, y la hembra muertos a escasos metros.

Otra cosa eran los alimañeros que actuaban por su cuenta, hombres que conoci de muy cerca, ya que de vez en cuando pasaban por mi casa a charlar un rato con mi padre e incluso para enseñarnos los “bichos” que habian cogido en la sierra. Unos hombres que se ganaban la vida a base de coger en trampas o por otros medios hasta lobos, que luego paseaban por las majadas de los ganaderos para que les fueran dando un regalillo y posteriormente por los pueblos, donde en los ayuntamientos eran premiados de acuerdo al animal o animales que presentaban muertos. Aunque tambien algunas veces trabajaban a sueldo para propietarios de fincas que les pedian que se las “limpiaran un poco de animales indeseables para ellos”.

Y ya para acabar, decirte, que los serreños cuando “abrian la sierra”, o “abriamos la sierra”, para que entrara alguien de fuera, todo era muy bonito y normal, pero cuando el de fuera se iba y volvia a ser cerrada, era todo muy diferente, mas de lo que muchos pueden imaginarse. Y no porque los serreños quisieran que fuera diferente, sino porque hacian lo que les decian que hicieran los que les pagaban el sueldo.

Un abrazo de los de nuestro amigo AC.
Rayon.

NOTA: Perdoname la falta de acentos en todo el escrito, pero el ordenador se niega a que los ponga.




09 ago. 2007 16:55
Rayon
Lo que he dicho y sigo manteniendo, pero ahora de manera mas clara, es que me repatean esas personas cargadas de hipocresia, que dicen ahora para quedar bien, que hicieron todo lo contrario a lo que realmente hicieron en su dia, no otra cosa. Esos son los que quieren tapar con la manta grande el pasado, no yo, que lo cuento aqui donde lo pueden leer infinidad de personas tal y como lo pude ver en aquel tiempo del que hablo.
Un saludo.
Rayon.
11 ago. 2007 10:49
Che
...de las cosas de la sierra, amigo Rayón,hay que escuchar atentamente y aprender.
Alimañas eran todos aquellos bichos que se merendaban nuestra caza y, como tales,eran masacrados por todos los cazadores en cuanto teníamos oportunidad. Y aquella barbaridad era bien vista y celebrada por la gente.
Los tiempos cambian y yo me alegro infinitamente de que se proteja a estos animales y, como dice Rayón,no hay por qué negar lo evidente.
La pena es que hoy, con la información que tenemos,siga habiendo gente que mate con veneno o a tiros a estos animales.
Un abrazo, Rayón, y me alegro de verte por aquí, sanote.
Che
14 ago. 2007 13:38
AC
primero y principal, que me alegro un montón de volver a leer a nuestro querido Rayón, síntoma claro de que el bache ya está superado y se encuentra muy bien de ánimos.

Es una osadía que yo con 43 años hable de los viejos tiempos y más en concreto de las viejas practicas. Teniendo como interlocutores a tres grandes maestros de mas edad que la mía y con muchisima mas experiencia, lo mejor seria callarse, pero dada la gran amistad que me une con Cerrojo, Che y Rayón, me atrevo a intentar aportar algo a los temas.

El tema del veneno en los años 60-70, era practica habitual tanto en campiña como en sierra y no solo en los cotos de caza, sino en todo el territorio en general. Existía la figura del alimañero, los mas finos nunca necesitaron del veneno, al igual que los guardas de los cotos, recuerdo que todos iban con la carabina del 9 mm largo, con la escasez de munición a ellos nunca les faltó, seguramente porque era la munición de diversas armas de la guardia civil de esos tiempos y ya fuera el dueño de la finca o ellos mismos, se encargaban de que no les faltara y con estas carabinas, conocimientos, puntería, mas lazos y cepos, las alimañas, tanto con alas como con patas, no eran abundantes en sus demarcaciones, los mas torpones y porque no decirlo, los mas perros, tiraban de veneno. De los más peligrosos con el veneno en las manos, eran los ganaderos y los pastores, era su arma ideal e hicieron estragos con ella.

Si hablamos de los cazadores de esa época, era muy codiciado el matar una alimaña, hasta le daba cierto prestigio, pues de todos es y era conocida la listeza y lo escurridizos que son estos bichos, haciendo dificultoso el lance, aunque muchas veces el lance fuera de pura casualidad.

Eran otros tiempos, otras leyes y otras maneras de pensar, por suerte han cambiado y ya son historia.

Sobre la hipocresía que nos hace referencia Rayón, es una verdad como un templo, muchos quieren tapar y excusar lo que hicieron, otros simplemente lo asumen y prudentemente se callan, solo hablan cuando les preguntas y depende a quien.

Y como caso de hipocresía, esos dueños de fincas, tanto de ganadería como de caza, que han perseguido e intentando esquilmar tanto a linces, lobos como alimañas varias, proclamándose enemigos acérrimos de los mismos y hasta pagando por su muerte y ahora por el buen puñado de euros que les dan por tener linces en sus fincas, o bien por quedar bien ante la sociedad, se declaran defensores a ultranza de los mismos, ecologistas de toda la vida y ejemplo de buena gestión desde siempre, Señor, Señor, como se puede cambiar en esta vida. Si la presencia de lobos también se subvencionara, seguro que habría muchos mas lobos, al menos en Sierra Morena, como dice aquél, a buen entendedor con pocas palabras, basta.

Un fuerte abrazo.
Antonio.
14 ago. 2007 18:47
Rayón
Lo primero va para ti, Che, y es que pienso que ya hay poco que enseñarte en cuanto a sierra y caza se refiere, así que aprender tu de mi, pues que quieres que te diga, “que na de na”.

Y a Antonio, pues eso, que en el último párrafo de lo que has escrito has dejado muy claro que entendiste a la perfección lo que yo quise decir con mis comentarios.

Gracias a los dos por vuestros buenos deseos y un fuerte abrazo.
Rayón.






16 ago. 2007 09:04
Juan Manuel Pérez Sánchez
De todo lo leído hasta ahora- desde "Verdades molestas" hasta el último comentario - me identifico más con "Recuerdos" de Cerrojo; creo que se ajusta mucho más a la realidad que fué y que es.

De todas formas y, como de venenos se está hablando , os preguntaría qué os parece el control de topillos con venenos, o el de ratas, o ratones...

No estamos hablando de la prestancia de un lince, ni de una primilla, un búho o un meloncillo...Hablamos de estos "malditos roedores" que sin comerlo ni beberlo, están poniendo en peligro el buen logro de unas cosechas(vinos, futuras siembras de cereal), nuestra caza y lo que es mucho más grave...formando parte de una gravísima Zoonosis como es la Tularemia.

Aunque no es exactamente del mismo tema del que habeís hablado, cuando se rompe la cadena... se fastidió el invento. La Naturaleza es así de sabia y cuando la "jorobas" por algún sitio, ella intenta reponerse con todos sus recursos.

Mi pregunta es ¿emplearíais venenos, de forma controlada- por técnicos agrícolas, de medio ambiente- para erradicar la plaga de topillos?¿Qué repercusiones creeis que tendría en nuestra caza?

Ha sido un "gustazo" el leeros

Saludos cordiales a todos

Juanma Larache
18 ago. 2007 23:15
José C. Rodríguez
Enhorabuena amigo Rayón por exponer de una forma clara y concisa los acontecimientos vividos en aquella época. Ahora bien, creo que el que sí marcó nuestras vidas y su devenir fué D. Félix Rodríguez de La Fuente con su famosa serie del " Hombre y la Tierra.
Saludos de J. Carlos.
23 ago. 2007 15:39
fernando91
aunque penseis que somos un poco tontos y no nos enteramos, quiero que sepais que esto lo sabemos todos porque actualmente en muchas partes de nuestra geografia española sigue pasando y a quien mas o menos nos lo a contado algun cazador mayor.Pero de todas formas os quiero agradecer por darnos a conocer esto y ayudarnos a no cometer los mismos errores.
Un saludo
29 ago. 2007 17:51
asesino de animales
llegara un dia en que igual que veis ahora las aberraciones de la caza en el pasado llegareis a ver que las seguis comentiendo. Ahora nos llamais locos, pero tambien eran locos los que avisaban de la extincion del lince en aquella epoca. Que sentis cuando le arrancais la vida de un disparo en la cabeza a una conejo que esta jugando en el campo? os debeis de sentir muy machos supongo a mis ojos no sois mas que trogloditas ignorantes. Afortunadamente los jovenes cada vez rechazan mas la caza y la matanza de otros seres vivos por deporte
Manuel F. Villén Manuel F. Villén es reconocido forero de Club de Caza y escribe con el nick de Rayón.

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