Diario de Caza

Muerte por amor a la caza

Recuerdo que he preguntado a algún cazador cómo llevaba lo de la caza y se le nublaban los ojos cuando me informaba que lo había dejado todo un mal día, cuando se truncó su vida por un disparo quebrador.

27 dic. 2013 - 4.280 lecturas - 2 comentarios

Hay otros que andan entre siquiatras porque no consiguen superar el trance de un mal tiro. No quieren hablar de caza porque produjeron un siniestro al compañero de cuadrilla, que suele ser un familiar, amigo, o allegado, que no olvidan. Alguno incluso se ha quitado del medio con otro disparo, cuando se percató de que había matado a su compañero. Me recuerdan el de un cazador canario que se quitó la vida hace pocos años después de matar a su cuñado o cuando otro en el Pirineo mató a un amigo una noche al jabalí e hizo lo mismo tras llamar a los padres de su víctima. Y ahora el de Tineo.

Y no es que la caza sea un deporte muy peligroso, pero sí que es de riesgo y con muchos practicantes. Los porcentajes de accidentalidad de la caza son superados por otros deportes o prácticas habituales. Pero los cazadores tenemos muchas posibilidades porque hacemos muchos disparos, que no son salvas. En estos últimos diez años los cazadores españoles hemos disparado unos mil quinientos millones de tiros (150 por cazador y año) y entre ellos alguno indeseado. En esta década última han fallecido durante la caza sólo por disparos de arma, cerca de trescientos cazadores. Demasiados siniestros. No las carga el diablo, las cargamos nosotros y a veces no las descargamos o aseguramos a tiempo. Se descargan normalmente con gran satisfacción porque se consuma el lance positivamente y alguna vez, sin saber cómo, o sabiéndolo desesperadamente, tronando hacía donde no debieran; muchas veces mirando el arma hacia el propio cazador.

Todos conocemos algún suceso con quebranto de la vida de un cazador, por un disparo estúpido. «Si me pasara a mí, me pegaría un tiro», había dicho el veterano cazador de 74 años de la peña de Barredo —Tineo (Asturias)—, y lo cumplió, después de que el disparo matara a su amigo, otro veterano de la misma edad. El suceso nos dejó muy fastidiados a los cazadores este 27 de octubre pasado, pues llovía sobre mojado. El día anterior habían muerto otros dos cazadores, un joven de 35 años en Artana (Castellón), y un jovencito de 17 años, aún más cargado de futuro, en Ribas de Miño (Lugo). Los medios de difusión han dado cumplida noticia de estos siniestros. Cuatro muertes el mismo fin de semana, en tres batidas al jabalí, son demasiadas muertes para una afición insultada y cada día más escasa.

Aún cargados de prudencia, un mal disparo lo podemos hacer cualquiera. Pero es más fácil que le ocurra al cazador irreflexivo que dispara a lo primero que se mueve o compra un rifle y no sabe echar el seguro o cargar el arma el día que la estrena, que los hay, que a un cazador sosegado que dispara a lo identificado y meticuloso con el seguro del arma, que somos la mayoría. Más de una perdiz y algún que otro jabalí se nos ha ido porque cuando habíamos cogido los puntos o conseguido meterlo en el dial, el arma no respondió por el seguro. Siempre que se me escapa una pieza, y se me van cada vez más, digo lo mismo: esa es buena para el próximo lance, como el soldado que huye es bueno para otra guerra. Pero repito, toda prudencia es poca. A muchos cazadores se nos ha disparado el arma alguna vez sin desearlo. En mis inicios, una vieja escopeta de gatillos a la vista me traqueó hacia el suelo y adelante, menos mal, porque se enganchó en una rama. No había puesto el seguro, como me repetía cansinamente mi padre. Jamás me volvió a ocurrir. Ni Dios lo quiera.

ESTIMACIÓN MEDIA DE FALLECIDOS Y SINIESTROS ANUALES CON LESIONES (2003-2012) PRODUCIDOS EN ESPAÑA

FUENTE: MUTUASPORT
DISEÑO y ELABORACIÓN: AUTOR
Coef. Para para cálculo Daños Propios (DP) (950.000/408.820)= 2’324
Coef. Seguros R. C. Daños a Terceros (950.000/205.000)= 4’634


En la tabla los datos de fallecidos, víctimas y lesionados de cada año son los reales que corresponden a los siniestros diligenciados por la mayor aseguradora de cazadores en España, Mutuasport, que atiende y ampara todas las posibilidades de siniestro que pueda sufrir un cazador durante la cacería o en el camino de ida o vuelta. Esta mutua ha aglutinado cada año de la década tratada (2003-2012) una media de 205.000 seguros de responsabilidad civil para daños a terceros y 408.820 de daños propios del cazador, a través de la licencia federativa. Los datos estimados en el ámbito nacional (columna de la derecha) se deducen extrapolando los reales de los mutualistas hasta el número medio de cazadores estimados en España, que para esa década ha sido de unos 950.000 cazadores.

Entre unas cosas y otras, durante esa década 2003-2012, cada año han muerto en España aproximadamente 55 (54’5) cazadores, además de 1’4 con gran invalidez. De esos muertos anuales, 28 lo fueron por disparo de escopeta, propia o ajena, y otros 27 (26’5) por diferentes tipos de siniestros inducidos durante la actividad. Considerando valores medios, hemos aumentado las muertes anuales desde la anterior estadística 2000-2006, que hice hace seis años, a pesar de que entonces había unos cien mil cazadores más. Deberíamos reflexionar más sobre todas estas muertes que acarrea la caza. Y las secuelas. Según esas estimaciones cada año se producen siniestros con alguna invalidez para otras 57 víctimas y alguna lesión a 5.282 cazadores.

Hay una variada causalidad y un amplio espectro de accidentes amparados por el seguro, pues por la caza nos morimos y matamos de mil maneras. Las muertes más habituales lo son en siniestros por tiro propio o ajeno; en algún caso interviene fatalmente el azar. También hay cazadores que se mueren de infarto, porque los supera la pasión. A otros los mata el rayo del cielo y en las estadísticas se cuentan también otras muertes, como accidente en el viaje, caídas a precipicios o muerte por salvar al animal colaborador. Estas últimas son entregas sublimes de la vida por amor a un animal, que calibran la calidad de esos cazadores. No obstante, las heroicidades que cuestan la vida a una persona no podemos alentarlas. Y menos cuando en la mayoría de estos casos si muere el cazador, también el animal. Luego es absurdo. Casi todos los años muere algún cazador por amor, por salvar a su colaborador caído a un pozo, un canal, etc. El último ha sido el cartero de Castroverde de Campos (Zamora), un cetrero que el pasado 30 de noviembre pereció ahogado en un pozo al que bajó para salvar a su azor, que cayó al agua tras el conejo al que perseguía.

Repito, que nadie estamos libres de producir un siniestro con el arma, pero ayuda mucho a evitarlo tener como costumbre de cazador prudente disparar sólo a lo que se identifique, así como abrir la escopeta y echar el seguro en todas las situaciones sensibles. Da mucha tranquilidad que la cuadrilla mantenga estas tres normas. Si este escrito sirve para que los que lo lean, recomienden a los compañeros esas medidas tan sencillas, misión cumplida, porque, desgraciadamente, el goteo mortal persiste.


Publicado en FEDERCAZA (Enero 2014)

 

2 comentarios

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30 dic. 2013 18:38
wmayca
wmayca
Yo creo que lo que hay que combatir para que esto no pase es el factor común, y el factor común en todos los accidentes serán siempre la imprudencia, la impericia y la inobservancia de las reglas. Generalmente la caza es un deporte que se practica en grupo, y el grupo como tal debe ser vigilante de que todos sus integrantes cumplan como debe ser con la seguridad, si nos hacemos de la vista gorda o por no caer mal a los compañeros caemos en el error de no corregirlos cuando realizan prácticas o acciones que ponen en riesgo la vida de los miembros del grupo o la suya misma, nos exponemos y exponemos a todos. Apuntar mal ese cañon, no descargar armas cuando se monta en un auto o en un bote, disparos descuidados sin mayor reparo, armas alimentadas sin que el seguro sea constantemente verificado, todas esas cositas suman riesgo y a veces las dejamos pasar a otros o nosotros mismos las cometemos por "que creemos que todo lo tenemos bajo control o somos muy diestros", estamos muy "emocionados", etc ,etc, el problema es despertar a la realidad cuando las desgracias pasan y no poder devolver el tiempo, más de uno así lo quisera ¡¡
01 ene. 2014 11:54
Luisito
Luisito   «La caza sin esfuerzo y sacrificio... nunca será caza.»
Que duda cabe, que todos estamos expuestos a tener o provocar un accidente, pero si estoy deacuerdo que las imprudencias aquí si que se pagan y muy caras... Minimizar lo posible las situaciones de riesgo es fundamental y ayuda a tener algún accidente menos... En la acción de caza, el momento del lance sube la adrenalina pero hay que concienciarse de tirar cuando lo diga el cerebro y no el corazón, con ello primero minimizamos los riesgos, y segundo seguramente completarems los lances con mayor calidad... Por otro lado, las situaciones de riesgo como ha comentado el extraordinario articulista... pasos por zonas delicadas, etc... no basta con el seguro, quitar los cartuchos es la mejor opción.... el seguro es un muy buen ayudante en el tema de la seguridad pero no nos debe dar la prioridad de "llevo el seguro puesto y hago casi que lo que quiero..." mucho cuidado con andar tocando o no tocando el seguro cada dos por tres... Yo lo utilizo muy poco, pues para mi el seguro es que no lleve cartuchos la escopeta...
Y algo que aprendí y que nunca está de más recordar:
Yo como muchos, dejaba la escopeta cargada en el coche cuando llegaba a dejar caza, o a reponer fuerza, etc. "por si", la dejaba incluso cuando en grupo hacíamos el típico taco "por si", o mientras llegaba algún compañero rezagado al coche antes de dar por finalizada la jornada, "por si".... Y me he dado cuenta que una perdiz más... una liebre más, o en definitiva una pieza más, no merece la pena el riesgo que supone una escopeta cargada apoyada en cualquier sitio...
Asi que una vez que se llega al coche, cartuchos fuera, una vez que se descansa a la vera de una fuente y se toma el "taco" cartuchos fuera, una vez que se finaliza la jornada, cartuchos fuera y escopeta enfundada... en fin que como decía un muy buen amigo mio... cuando uno no está con la tensión y la fuerza que la exigente caza requiere, ni escopeta al hombro ni escopeta atravesada ni leches... al coche y a prepararse mejor para el proximo día, que luego no valen excusas de que me cogió despistado o aun peor, lamentos por un accidente por cansancio y flata de reflejos...
Mucha suerte a todos y que no tengamos que sufrir o mucho peor provocar un accidente!!

Un Gran artículo de caza, si señor! muchas gracias.

saludos
José Luis Garrido José Luis Garrido ha ocupado destacados puestos en la estructura federativa.

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