Diario de Caza

Pecadillos de juventud

Andaba yo aquel día andorreando por Toledo, calle arriba, calle abajo… me refiero a la famosa Calle Ancha, que no tiene ni cinco metros de acera a acera…

11 abr. 2010 - 3.103 lecturas - 23 comentarios

Pues estaba, como digo, por allí montándole la guardia a una chavala que me tenía más frito que el palo de un churrero. Era la clásica niña, todos habéis tenido la vuestra, que la vieras como la vieras, te parecía guapa.

La puñetera no me hacía ni caso. Era yo, a la sazón, borricote, tosco en las maneras y poco diplomático con las nenas… al pan, pan, y al vino, vino… por lo derecho.

Alguna reaccionaba tarde a la andanada verbal y, cuando venía a darse cuenta, había caído en la red, como una codorniz cuando entra encendida al reclamo…

Pero, chico, con esta mozuela todo era diferente. En cuanto la veía, y eso ya procuraba que fuera todos los días, se me resecaba el galillo, no encontraba las palabras y me temblaban las canillas…

¿Que… qué pasó al final?… que me la bailaron. Pero eso es harina de otro costal.

Aquella mañana de sábado a la que me refiero, con un frío que hacía de mil demonios, en vez de entrarme al puesto la pieza que esperaba, me encontré a mi amigo Julio, el Chule. Le llamábamos Ulises —fértil en astucias como nos cuenta Homero—. Y le llamábamos así, con mucha retranca, porque era el tío más desastre de Toledo.

Si íbamos a bailar a las fiestas de algún pueblo, teníamos que salir por patas porque al Chule se le había ocurrido meterle mano a la hija del alcalde.

Si nos largábamos de chatos por los arrabales de la ciudad, no se le ocurría otra cosa que cogerse un pedo fenomenal que nos obligaba a llevarle a su casa y entregárselo a Doña Paz, que era de todo menos pacífica. Y ni os cuento cuando le daba por dar vivas a la Repùblica para cabrear a los viejos que se encontraban en las tabernas echando una partida al truque.

«Oye, me dijo, mis padres se han largado a Madrid a ver a mi abuela y no vuelven hasta mañana a la noche… ¿Nos vamos en tu Lambretta a por unos conejetes y nos los apretamos mañana domingo en mi casa?… Nos llevamos la escopeta de mi padre y si le cojo ocho o diez cartuchos, ni se entera…»

La niña era un bombón impresionante pero es que… la propuesta del Chule era un caramelito para alguien que estaba ya loco por el dulce…

Total que, primer error. Media hora después estaba esperándole en la plazuela de Andaque, que era donde vivía…

A mi madre le conté que iba a comer en casa del otro y que llegaría tarde. Ése fue mi segundo error porque, al darle esa excusa, no me podía pertrechar con la ropa del monte… iba endomingao, que ya me había puesto yo lo más aparente para hacerle tilín a la niña de mis ojos. Trajecito con corbata, zapatos bien limpios y una trenka azul de aquellas que estaban de moda.

Cuando llegamos al barrio de Santa Bárbara tuvimos que pararnos a tomarnos un café con leche porque llevaba las manos que no podía ni cambiar de marcha, los ojos llenos de lágrimas del frío que hacía y quitándome de la cabeza las ganas que sentía de darme la vuelta. Irse con Ulises al campo en aquellas condiciones era echarle valor, pero los años mozos le hacen a uno creerse el rey de la serranía.

Íbamos a una finca que tenía el padre a la salida de Toledo, camino de Aranjuez y Villasequilla, donde hoy se levanta el polígono industrial. Aquello era un terreno lleno de cerretes bajitos, fácil de andar y atestado de conejos. El guarda, quiero recordar que se llamaba Félix, estaba en la casa aviando los avechuchos cuando nos oyó llegar por el camino. La pobre moto se defendía como podía del barro que había y como no podía ser de otra forma, culeaba y culeaba tratando de salirse de las profundas rodadas, llenitas de agua y barro… Consecuencia, apoyos varios de los pies en el suelo y consiguente ponerte el calzado dominguero de grana y oro. Hasta los corvejones, vaya.

«Pero… ¿ande vais a estas horas vestíos de señoritingos?» Ese fue el saludo mientras se rascaba la calva con la misma mano con la que se levantaba la boina… «¿Pero es que no veis como están los carriles de barro pa metelse con el amoto?… Bien sabe Dios que estáis como un cencerro».

«Pues nada, Félix, que vamos a tirarles unos tiros a los conejos para cenar pero a mi padre, ni pío, ¿eh?».

«Vaaaale, no le digo ‘na’ pero, por los clavos de Cristo, ¿cómo se os ocurre venir con esa ropa? ¿Y el amoto?… ¡¡¡como aguardéis que se le seque el barro de ‘por cima’ las ruedas no la movéis hasta que las ranas críen pelo!!! ¡¡¡ Ande vamos a ir a paral con esta joventú!!!»

Otro error. No hacer caso a la voz de la experiencia.

La cuestión es que me remangué los pantalones, me subí la capucha del abrigo y con las manos hundidas en los bolsillos, eché a andar detrás de aquel otro loco que, con la escopeta en ristre se disponía a mandar a tres o cuatro conejos al otro mundo.

Iba yo imaginando excusas para explicarle a mi madre qué me había pasado con los zapatos y los calcetines que, en aquellos momentos, estaban ya hechos un asquito. La trenka parecía un mapa. Del frío en los pies ni os cuento.

No habíamos andado ni doscientos metros cuando se arranca un conejo y Chule, que no era manco, lo vuelca… «Bueno, me dije, no todo va a ser malo”…»

Poco intuía que, con aquel mastuerzo como compañero, sólo podían pasar cosas malas.

Caminaba yo detrás, a tres o cuatro pasos del otro, cuando hubo que pasar un regato con un chorrillo de agua. Al apoyar el pie para saltar, el buen amigo se resbaló y cayó de boca al arroyete… La escopeta la dejó magníficamente clavada en el barro. Y para no desmerecer su fama de fértil en astucias, se pegó un reconfortante baño de agua con cubitos con su correspondiente ración de cieno…

Cuando se recobró del golpe, cuando me mandó a tomar por culo a los sitios más insospechados por reírme y cuando se pudo incorporar del improvisado baño, se puso el muy berzotas a ¡¡¡enjuagar los cañones, sin descargar el arma, para que se les saliera el taco de barro que se había encasquetado al hundir los caños en la orilla opuesta!!!

Aquello no acabó peor porque Dios es bueno y tuvo compasión. El pobre Félix arregló como pudo el desaguisado y yo, mientras tanto, con una manguera le quité el barro a la moto y, a mano, empujándola, nos fuimos por una vereda que nos indicó el guarda y que atajaba hasta la entrada a la finca, sin barro. Mientras el hombre nos miraba socarrón con una media sonrisa de esas que te duelen…

Como sabrán los que conocen las motos antiguas, éstas, en cuanto olían el agua… ni pensar en arrancarlas. Pues resumiendo, llegamos a Toledo a las nueve de la noche. Empujando la jodida moto, sin comer, mojados hasta los tuétanos y con barro suficiente como para hacer una estatua ecuestre a Ulises… fértil en astucias.

¿La chavala? Al pasar por Zocodover la vi charlando animadamente con un cadete da la Academia de Infantería…

 

23 comentarios

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12 abr. 2010 23:14
Terri.
Jesús!! No he leido otra cosa más rancia en la vida.
Te debe llegar la caspa hasta las rodillas, amigo Che.

Cordialmente, Terri.
13 abr. 2010 09:45
Che  
En primer lugar le agradezco la molestia de haber leído mi humilde relato y sobre todo, el de malgastar su tiempo en dar su opinión sobre el mismo.
No pretendo, por inútil, polemizar sobre los calificativos que me otorga, me refiero a rancio y casposo. Pero sí que me gustaría aprovechar la oportunidad que me brinda esta página para aclararle a usted, Terri, un par de cosas.
Cuando se llega a ciertos años, uno se da cuenta de que hay más espacio y más vivencias si miras por el retrovisor de la vida que si miras hacia adelante. En el futuro, podré contar pocas cosas sobre la afición que nos une. Porque ya no cazo.
No obstante, del pasado, podría contar centenares. Otra cosa es que a usted no le gusten o le parezcan rancias y casposas. Es usted muy libre, señor mío. Pero me da a mí que no todos los que leen estas cosas piensan como usted. ¿Y sabe por que?. Pues porque muchos de ellos tienen ya cierta edad y les gusta, como a mí, recordar lances de caza de la ya lejana juventud.
De cualquier forma, respeto que no le agrade esta forma de “revivir” la vida cinegética que tenemos los mayores. Ya se sabe que, si eres capaz de recordar, vuelves a vivir. Y eso es algo en lo que estoy, egoístamente, muy interesado.
Y finalmente le contaré un chascarrillo rancio y casposo de nuestro acervo popular….
“Cierto día, hace un siglo, un mozalbete le preguntó a un hombre ya mayor….Oye, amigo…¿Es ése el camino de Sevilla?” y el otro, socarrón, le contestó. “Ni soy tu amigo ni ese es el camino”
Con que, Terri (que yo lo escribiría con “y”), le deseo fervientemente que, dentro de mucho, cuando mire por su retrovisor y vea un trecho larguísimo, sea usted capaz de escribir sobre sus aventuras cinegéticas futuras para que no le tilden a usted de rancio y casposo.
Un saludo
13 abr. 2010 17:46
lluis
Sr. Che,
pues que quiere que le diga … no sé que es lo que me gusta más, si su precioso y nostálgico relato de un recuerdo o la elegante e inteligente respuesta a Terri, ambos dos demuestran su categoría personal y humana pero en sentido contrario.

Los que no sabemos escribir como Ud escribe y los que no tenemos esa inteligencia para contestar como ha contestado, le valoramos y mucho.

A mi también me gusta recordar y al leer la palabra Terri, me acude la imagen de un perro que tuve así llamado (y con i latina fíjese que casualidad).
Entre nosotros, el perro peor cazador y cretino que he tenido en mi vida. Por suerte lo tuve poco tiempo pues murió de un ataque de caspa, eso si era casposo, aunque menos que nuestro contertulio.

No se esfuerce Sr. Che, esa frase magistral “Ya se sabe que, si eres capaz de recordar, vuelves a vivir.” no la puede comprender Terri.
Recientemente, en el The New England Journal of Medicine se ha descrito un trastorno en un área cerebral asociada a la caspa llamado Síndrome de Terri. Clínicamente se manifiesta por caspa, trastorno de la memoria a largo plazo con incapacidad para recordar, cierta falta de respeto hacia los demás, con malas habilidades en general y cierto cretinismo.

Cuantas coincidencias entre ambos Terris.

Estoy indagando en el The New England Journal Veterinary si también existe ese Síndrome en el mundo de los canes.

Saludos
13 abr. 2010 21:09
EnriqueB
Pues estoy con Lluis, no se si me ha gustado más el excelente relato costumbrista o la elegante respuesta hacia alguien que dudo que la pueda entender.

Un saludo
14 abr. 2010 15:41
Caracolo.
Estimado LLuis.

Si conoces el idioma de la pérfida Albión, cosa que dudo, mira a ver si está escrito en `The new England medicine´ si todos los perros se parecen a su dueño, te lo cuento por aquel terri...

Un abrazo.
14 abr. 2010 20:15
lluis
Estimado Caraloco,

no tuvo tiempo de parecerse a su efímero dueño, murió al sexto día de la forma ya expresada.

PD: No, no sabía que "la pérfida Albión" tuviera un idioma, pero creo que un idioma es algo más importante que a lo que se refiere Ud. De todas formas el perro era de origen inglés.

Saludos.
14 abr. 2010 23:58
zorroplatado
Mi querido Che: Gracias por tus relatos, los que tenemos la suerte de conocerte, sabemos de tu forma de ver, vivir y sentir la caza.
Lo siento por todos aquellos que quizas por su juventud, no miran por el retrovisor de la vida, ellos se lo pierden.
Yo al contrario que el tal Terri, he disfrutado mucho con tu relato.

Lluis,amigo confio que ese nuevo sindrome, solo se diagnostique en adultos insensibles y no en los pacientes que estas diariamente atendiendo.
Un fuerte abrazo a los dos.
15 abr. 2010 08:08
Kodiak  
Pero te vas a fastidiar, pues siendo por tantas razones, no te las pienso decir.
15 abr. 2010 11:49
Pueblerino  
La enfermedad de Terri se cura con los años, es una medicina infalible, para estos males.
Gracias Che por que tu escrito nos hace recordar y quizas añorar tiempos pasados.
Si ya lo decía Jorge Manrique.
Un saludo.
15 abr. 2010 17:13
luisa-julia
es que ya no formamos parte de ella...
Me encanta su relato. Nací en andújar, de familia montera, mi tio es Luis Aldehuela, pintor cinegético. Yo me crié desde bebé en Cádiz, pero allá tenemos una viña y allá vamos en cualquier momento en que juntamos cuatro (o dos) dias de vacación.
Siga escribiendo, es usted buena pluma.
Por cierto, en la familia siempre ha habido algun perrillo Terry. Todos salieron buenos cazadores. Se lo aplico al señor que le llama casposo, puede que le reconforte.
Un saludo,
15 abr. 2010 21:32
JG
JG  
Y mucho.
Creo que quien más y quien menos hemos hecho alguna de indios y vaqueros y me gusta recordar las mías y que los compañeros me cuenten las suyas.
Sobre tu estilo literario, ya me gustaría a mi (y seguro que a muchos más), llegarte a la suela de los zapatos, a pesar de la opinión de terri
16 abr. 2010 10:34
Heiye
Hacía mucho tiempo que no reía tanto al leer una historia, ya que de alguna manera me sieto identificado con ella, ya que he vivido en ese hambiente rural del que habla el señor Che.Lo más gracioso es la forma de hablar del guarda de la finca.
Soy de los que piensan que vengas de dónde vengas, nunca se debe de renunciar de los orígenes ya que es necesario para saber hacía donde vamos.
Sigue así señor Che
16 abr. 2010 14:40
Darkor
Agradecido quedo, por tan buen relato, y aunque soi joven y no tengo demasiado camino andado, la verdad que la historia me ha regalado una imagen mental detalladisima,y con unas pinceladas de humor estupendas. Siga así compañero. Un saludo
16 abr. 2010 16:35
rastro  
haces que me traslade a otro tiempo. Tiempo de lambrettas y guzzis, tiempo de perdigones y cigarrones, tiempo de civiles y sofocos; en fin, tiempos ... diferentes. Pero aún así y con todo, los rincones que rememoras siguen rezumando historia de la buena, como aún quedan partidas de truque escondidas dentro de rancias -ellas sí- tabernas del casco antigüo. Los que ya por desgracia se han extinguido son los Félix de turno que tanto sabían de campo, de caza y de hombres.
Es curioso que aunque la finca ya no exista (en aras del progreso y el urbanismo), los conejos siguen allí y en igual número.

Maestro... lo dicho, un placer
17 abr. 2010 20:22
A.Mata
¡'Comandante'! En esta ocasión, como en tantas, has estado de Teniente General con mando en plaza. Sobre todo en la respuesta.
Agradecerte, de corazón, tus recuerdos que son los míos... A mi también me las 'soplaban' los cadetes, que parecía que todas estaban 'locas' por sus entorchados y trescuartos recien planchados... Hice miles de 'guardias' en la esquina de Zocodover con la Ancha -que anda que no le pudieron poner otro nombre a tan hermosa calle, sobre todo en su tramo final, en Cuatro Calles frente a la Puerta del Reloj de la catedral más hermosa del mundo- y me tragué muchas sesiones dobles en el Santa Bárbara. ¡Joder, Che, qué me has traído los aromas de las carcamusas del Ludeña y la fresquita del verano en el Corralillo de San Miguel! Bendito Toledo de años mozos y sus 'plagas de conejos' por los cerros de la Academia y San Servando.
¡Maestro! Mi enhorabuena y mi fuerte abrazo. Seguiremos...
18 abr. 2010 06:45
Che  
Señores…… estoy abrumado, de verdad.
Me gustaría poderos agradecer personalmente, a cada uno, la deferencia que habéis tenido al darme ánimos.
Os debo confesar que, el escrito de Terri, no me ha molestado en absoluto. Es más, casi me divierte que alguien discrepe de la forma y/o el contenido de mis lances de caza.
Si en la vida todos estuviéramos de acuerdo, seria muy aburrido. Casi igual que los matrimonios que no discuten.
Los que somos cazadores, gustamos de la controversia, al menos yo. ¿Cuándo se ha visto una reunión venatoria en que mi escopeta no sea mejor que la tuya o en que, al contrario de lo que tú opinas, la berrea se adelanta si llueve a mediados de agosto?....
Como, a pesar de mis años, soy muy testarudo, había pensado escribirle a Terri como sería una aventura de caza en el año 2.492, año en que se celebra, como bien sabéis, el milenario de la Reconquista…..pero, como dicen algunos castizos…..¿Y, ya p´a qué?
Veo que no soy yo solo el que ha paseado las calles toledanas, de las que falto hace ya demasiados años…..
No sé si conoceréis esos versos que dicen…

”Nunca me fui de Toledo, cuando muera,
Algo hay en su entraña que me espera.”




18 abr. 2010 19:35
Sarasketa
Muy bueno tu relato, querido amigo, ameno, inteligente y lleno de añoranza por un tiempo pasado, que al menos por lo que hace a la Caza, desde luego fue mejor que el actual. Espero que eso de que "ya no cazas" sea una licencia literaria, porque parafraseando al trovero de allende el charco "cazando me he de morir/cazando me han de enterrar/y cazando he de llegar/al pie del Eterno Padre./Dende el vientre de mi medre/vine a este mundo a cazar..."

En fin, gracias por compartir tu memoria y hasta siempre, compañero.

Sarasketa

PD/Por lo que hace al tal "Terri", se ve que, moderno él, tus relatos le parecen del abuelo Cebolleta... Le recuerdo el viejo dicho "de la boca del sabio sale sabiduría, de la boca del necio, necedad"
19 abr. 2010 00:48
diego  
hola sr. che , pos la verdad de que despues de escrivir un buen rato , intento de mandarlo y salgo que no estoi registrao , asi que ya estoi jartoooooooo de escrivir , te resumo el antes , que me alegro de verte tan lucido y bien consevao , comparando con el oso y sarrasqueta que hace mucho tampoco los veo , un abrazo a todos.

saludos.diego.
22 abr. 2010 21:05
miguelhc
miguelhc «...lo que un cazador hace por una perdiz, solo lo sabe otro cazador...»
...su relato. Sí, señor. Enhorabuena y, por favor, espero que nos vuelva a deleitar pronto con algo más de su ingenio en otra historia o anécdota cinegética. Saludos y buena caza (un cazador nunca deja de cazar: lo lleva en el corazón grabado). MH
24 abr. 2010 13:01
manu...
manu...
Che, solo quiero felicitarte pon el relato y al mismo tiempo animarle a que siga perdiendo un poquito de tiempo más con nosotros, recordando su juventud. Particularmente, me he estado riendo un rato porque lo he vivido casi en vivo y en directo. Me ha hecho recordar tiempos lejanos de parecidas correrías que tuve en mis tiempos mozos.
El “Terri” este, es como un amigo mío, doctor en medicina, que le espetó directamente a un insolente: “La enfermedad que tu tienes, todavía no viene en los libros de medicina”. El insolente, pensativo, estuvo mucho tiempo sin abrir la boca. Saludos.

26 abr. 2010 12:08
El Valle
Nos parece algo extraordinario que alguien quiera compartir emociones pasadas tanto en el ámbito cinegético como en el estrictamente personal, y, además, enlazando ambas con una sencillez encantadora, ...vamos de charla de amigos en la chimenea, o algo así. Muy agradecido por hacernos sentir sus amigos, aunque sea por un momento. Un fuerte abrazo desde el Valle de los Pedroches. y...¡adelante!, queremos más.
26 abr. 2010 14:25
Che  
....me satisface que te haya gustado.
¿Conoces la finca "Los Rodeos" de por esa zona?. Es que es de una vieja amiga y no la he visto nunca (la finca, claro)
Un saludo y gracias de nuevo
28 abr. 2010 18:56
El Valle
Conozco la finca perfectamente, está entre dos pueblos en los que, en tiempos, atendía a los paisanos en sendas oficinas de Cajasur: Azuel y Conquista, aunque es término municipal de Cardeña. Alguna vez la he cazado aunque muy poco. Los dueños ó la dueña me pregunto si sería de apellido "Coello de Portugal", si así fuera, estaríamos hablando de amigos comunes.Un cordial saludo.
Juan José Guevara Juan José Guevara es reconocido forero de Club de Caza y escribe con el nick de Che.

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