Diario de Caza

Para uno que madruga…

…Mediados de septiembre. Las seis de la mañana.

26 sep. 2009 - 2.373 lecturas - 8 comentarios

Con la Benelli de cañón cilíndrico al hombro subía por la trocha que serpenteaba hasta el collao. Era una cuesta respetable, de esas que, a medio camino, te hacen jurar por tus antepasados que no vuelves a fumar… y que, cuando estás a tres cuartos de coronar, te preguntas cómo coño te puede gustar el whisky con hielo o el copazo de Chinchón después de comer…

La tarde anterior había chispeado, vamos que habían caído cuatro gotas llenas de barro y era un encanto escuchar, entre jadeo y jadeo, los venaos en la ladera de enfrente. ¡¡¡¡Qué hermosura pararte a escuchar la berrea por la mañana temprano!!! Están los animales tan encelados que en ocasiones ni te oyen llegar y, si te oyen, les importa un rábano. Ellos están a lo que están… Eso sí, las pepas están siempre con las orejas tiesas preparadas para salir de naja en cuanto barruntan el peligro.

Son como las mujeres que, en general se toman la cosa de la procreación de otra manera que los varones… son como la de aquel al que preguntaron si, cuando practicaba sexo con su mujer, ella lo hacía por amor o por interés… y el pobre hombre contestó… «Debe ser por amor porque interés no pone en absoluto»

Bueno pues subía yo aquella mañana echando los bofes por la trocha, mojado total de restregarme con las ramas, cuando me pareció sentir por delante de mí un resbalón, un bicho que trastabillaba con el gruñido consiguiente… Me metí de un salto entre dos madroños que flanqueaban el sendero y aguanté la respiración… Nada, silencio absoluto. Los venaos, tras un receso, reanudaron sus berridos con estrambote. Me refiero a que después del berrido largo dan dos o tres más cortos como remachando la faena… ¡¡¡Qué delicia!!!

Estaba seguro que lo que había oído por encima de mí había sido un resbalón pero, en fin, ya sabéis —los que andáis por el monte— que en ocasione se te figura oír cosas que luego resultan ser otra distinta… por eso, cuando tras un momento recobré el aliento, salí de nuevo a la trocha y seguí cuesta arriba. No iba detrás de los ciervos. A las alturas de la vida en que me sucedió lo que os cuento ya tenía el cupo cumplido y bien cumplido. Es como todo. Llega un momento en que… ¿para qué vas a matar más venados, o más corzos?… Y menos cuando están en celo… es como ir al tálamo nupcial y cepillarte al pobre hombre cuando está como una moto… Es bonito aproximarte pero es que, en esos momentos, el macho está con un pasamontañas de amor puesto por encima de la cabeza…

A lo que iba aquella mañana era a esperar en el collao a un cochinazo que según el tío Polo saltaba todos los atardeceres a sus almendros a rebuscar y que ya en dos ocasiones le había plantado cara a él y a sus dos podencas por la tarde, entre dos luces.
¿Que cómo me enteré?… porque mientras jugaba al truque con otros amiguetes de su edad, había soltado la información.

Así que la mañana en la que estamos, subía echando los higadillos a cortarle el paso en el collao por donde suponía yo que el bicho saltaba a los bancales de almendros…

Al siguiente resbalón que oí ya no me cupo la menor duda de que me habían madrugado la intención… Ahora que… el susto se lo pegué… Venía el Felipe tan chulito, fumándose un Caldo gallina, un canuto (aquello sí que eran canutos) con el borde del papel que tocaba con los labios de color marrón, con el ronzal del borrico en la mano y el guarraco atravesado encima del asno… Cuando le faltaban tres pasos para llegar a mi altura, me planté de un salto en medio de la trocha y el pobre casi se traga el caliqueño…

—¡¡¡¡Me cago hasta en la madre que te emboquilló, pedazo de cabrito!!! —Ése fue el saludo que me espetó al reconocerme…

Y en ese instante recordé que, la noche anterior, mirando la partida, estaba el Felipe con las orejas como soplillos…

Y es que para uno que madruga hay tres que no se acuestan…

El muy ladino oyó lo mismo que yo y después de cenar aparejó el borrico y con la espingarda al hombro se fue al collao… mientras que yo preferí darle un recado a la parienta en lo calentito de la cama…

¡¡¡La escuela de la vida y la universidad de la sierra!!!

 

8 comentarios

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27 sep. 2009 18:38
petrolo
petrolo
Buenas señor CHE, solamente decirle que me encantan sus vivencias y anécdotas de caza que tan intensamente las vive.
(vamos que me quedo de muestra leyendo sus relatos).
Un saludo y que pueda seguir escribiendo y cazando por muchos años.
29 sep. 2009 22:42
Didac.
Crei que te habia llevado la rambla del Rio Corneros.

Cuanto bueno de oirte otra vez.

A ver si nos vemos.

Un abrazo
30 sep. 2009 17:48
zorroplateado
Mi querido Che, gracias por tu relato,y más en estos momentos.
Un abrazo como sueles decir tú, muy apretao.
Chema
01 oct. 2009 23:42
Berraco..
Pues eso amigo, cuando estoy leyendo, conociendote en persona por fortuna, parece que te estoy escuchando aqui mismo, con esa entonación que solo tu sabes dar.

Un abrazo, Sr.

Berraco.

NO vemos pronto.
04 oct. 2009 08:41
Padrillo  
Apreciado Che,

Un abrazo y...celebro lo del recado a la parienta¡¡¡

Jorge
05 oct. 2009 23:28
El.Luso
Joder maestro, quebuenés leer cosas que escribes.
Hace mucho que no andava por aqui y mira lo que encuentro.
"Magnifique monsieur Che".

Un abrazo

FL
06 oct. 2009 19:20
Che  
...Gracias muchachos. Da gusto con vosotros.
Pero a Padrillo quiero sacarle del error...
"Mire, compadre....¿que acaso no cayó usted en la cuenta que lo de la anécdota fué hace treinta añooooos? jajajajja.....Ahora ya , ni modo, Ahorita ya prefiero partirme un brazo antes que tomar esas calenturas y sofocos....
Fernanditooooo...alguien me ha dicho que nos vemos en Guara.....haz lo posible, hombre...
Zorroplateado, muy querido amigo, este año ¡¡¡¡¡Y SÓLO ESTE AÑO!!!! se te echará en falta. No digo más.
Didi, echa de comer a esas gambas que nos las vamos a cepillar con unas cañas..
Berraco, prepara el puesto que voy p´allá..
Y no voy a dejar a uno sin agradecerle su atento escrito....Gracias a ti, Petrolo.
07 oct. 2009 23:02
juanmoli
Me ha parecido buenisimo me gustaria algo mas,Saludos
Juan José Guevara Juan José Guevara es reconocido forero de Club de Caza y escribe con el nick de Che.

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