Diario de caza

13 abr. 2009 13:23

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Un cambio esperanzador

José Ignacio Ñudi

No sé si será la crisis, las feroces críticas a la caza más tópica —lujo, comodidad, etc.— tras el desliz de Bermejo o simplemente un hartazgo ante tanto trofeísmo y tanta caza artificial y segura, pero el caso es que llevo unos meses barruntando un cambio de ciclo cinegético en la forma y en el fondo.

También puede ser que uno sólo escucha lo que quiere oír o piensa que la mayoría de los cazadores comparte su misma filosofía cinegética. Puede ser, pero asumiendo esta posibilidad, esta vez creo que son ruidos de nueces lo que escucho, no de cáscaras.

Hace unos meses, charlando con Fernando Sotomayor sobre la caza, el que fuera director del programa Jara y Sedal, en un momento dado me espetó: «No sé por qué, pero cada día me gusta más la caza libre y salvaje, y sobre todo cazar sin ver nada artificial, ni siquiera bebederos y comederos». Y le confesé que a mí me pasaba lo mismo.

Desde entonces —no sé si serán imaginaciones mías— noto en el ambiente cinegético de este país una vuelta atrás, una búsqueda de la esencia, del lance antes que la percha o el trofeo, de la pieza salvaje en detrimento de la criada en cautividad o de esa otra que, siendo salvaje, parece mermada por una excesiva gestión cinegética que hace que no se esfuercen en buscarse la vida.

El instinto predador puro siempre se ha enfrentado a una presa huidiza y difícil, y si no pierde el interés. A mi bretón le apasionan los gatos, los persigue con una pasión enfermiza, pero cuando el felino se muestra indiferente, primero parece sorprenderse y a continuación pierde todo interés.

Los cazadores humanos, además de instinto, tenemos inteligencia y somos capaces, ante situaciones parecidas, de inventarnos el reto. Los ingleses, por ejemplo, ante sus ojeos de granja, buscan el tiro por la nubes y/o bajan el calibre, aunque siempre será preferible tirar perdices, patos o palomas salvajes con el 12.

En España hay signos evidentes de que algo está cambiando. Mucha gente esta descubriendo, o redescubriendo, la caza entre amigos, cazar en cuadrilla. O la caza en soledad, con o sin perro, pero sin guardas, secretarios o prácticos que te digan qué tienes que hacer en cada momento o por dónde encauzar tus pasos.

Cada vez hay más cetreros y sobre todo arqueros, pero la mayoría, y ahí está el matiz, se ha pasado del rifle o la escopeta al arco, y no al revés. Recientemente, nuestro redactor Miguel Herrera entrevistó al norteamericano Bob Speegle, que después de cazar todo lo cazable por todo el mundo, se hizo arquero porque, palabras suyas, «a la distancia a la que antes disparaba con el rifle empezaba a cazar con el arco».

Dicen que la historia del ser humano es pendular, y en España hemos pasado, en poco tiempo, de cazar mucho y matar poco a cazar poco y matar mucho, y casi todo criado para la ocasión o, y esto, como las empresas fáciles, no colma el corazón del verdadero cazador.

La crisis está ayudando sin duda en esta catarsis, aunque sólo sea porque ha espantado a muchos nuevos cazadores que sólo buscaban relacionarse y pavonearse con sus perchas y trofeos en una carrera frenética sin rumbo ni destino.

Ahora quedarán los que siempre estuvieron y los que vinieron con verdadera afición. El péndulo vuelve atrás. Vuelve la caza. Vuelve el cazador de sensaciones, que prefiere cazar mucho y partir con el campo, solo o acompañado.

 

3 comentarios
14 abr. 2009 21:49
subbetica
Con el mayor respeto, creo que es un paisaje idilico,un sueño, lo que comenta en este articulo,y ojala se haga realidad, pero hasta que no se separe este binomio CAZA-COMERCIAL tendremos mas de lo mismo.
En sociedades de 200 o 300 socios, como va ha mantenerse la caza natural,si la mas de la mitad de los socios van ha por carne, si pudieran cazar todas las piezas en un solo dia, lo harian.Ojala me equivoque y se produzca este cambio esperanzador.
Un cordial saludo desde la subbetica cordobesa
16 abr. 2009 23:27
bala2
bala2
En estos tiempos complicados que nos va a tocar vivir, no sé si será el retorno a disfrutar más del lance que conseguir una percha abundante lo que nos mueva a salir al campo. Creo que a nadie le amarga un dulce si disfruta de innumerables oportunidades en cada jornada de caza, pero claro el bolsillo suele tener que apechugar con esas oportunidades, normalmente, y no está el horno para bollos. Personalmente soy de los que unicamente disfruta con caza salvaje, y si en mi coto tengo mucha caza mejor, pero claro eso supone muchos sacrificios. También existe la posibilidad de pocos lances, pero creo sinceramente que hay que tratar de que aunque nos tengamos que autolimitar consigamos una abundante población de especies. Mejor que sobre que no que falte.
Un saludo.
17 abr. 2009 11:34
bretoncito
Resulta cuando menos extraño que queramos obligarnos a nosotros mismos a ver cosas que no existen. O por lo menos así se aprecia en la zona donde yo cazo y vivo. Porque cazar y vivir en la misma zona implica ser consecuente y consciente con lo que cada uno tiene en su coto o en donde cace. Es decir, ese sentimiento que tiene el cazador, propio de la tierra, donde se ha criado y donde ha cazado toda su vida, poco tiene que ver con quienes asisten a monterías "organizadas" o se hincha de disparar a barras de perdices de granja. Yo conozco las dos vertientes y puedo llegar a entender a las personas que sin arraigo cazador en ningún lugar de esta España se consideran unos excelentes cazadores y tiradores e incluso son capaces de rebatir en cualquier conversación, sea de patos en charca o de zorros en madriguera. No, la caza no es eso. Para ser cazador en su más amplia extensión de la palabra hay que conocer el campo. La caza siempre ha ofrecido placeres y sinsabores, y los que conocemos y amamos el mundo de la caza, y andamos siete horas para matar una liebre y damos por buenos los 15 kilómetros andados, seremos incapaces de pagar 2000 euros por un precinto de corzo o 400 por un puesto en una montería. La caza en España está llena de chorizos indeseables cuyo único interés es estripar las carteras de piel de Ubrique repletas de quienes no saben lo que es la caza. Pero que como está de moda, fomenta las relaciones personales y profesionales y además permite escapar de casa el fin de semana, pues me hago cazador. En mi vida como cazador de mayor he tenido la suerte de matar algunos jabalís que es como se llaman aquí en el Norte. No cochinos ni guarros, jabalís. Y ese término está empezando a sonar demasiado por aquí. Siempre he cazado en zonas de reserva gestinadas por la Junta de Castilla y León, el Gobierno de la Rioja, y tal. Siempre con mi cuadrilla. He matado algunos jabalís, algunos ciervos, como todos, pero solo he matado uno con boca. Llevo cazando toda mi vida y tengo 41 años. Cazo la menor con mis perros desde que tenía 14 años. Mi padre y mi hijo me acompañan,y quiero que quien más sabe enseñe al más joven lo que es la esencia de la caza. Desgraciadamente, a este mundo no paran de aterrizar constantemente personajillos que a golpe de talonario llenan las paredes de sus mansiones de bocas de cochino, y que sin nadie que les pregunte se excusan diciendo que "era una finca abierta" porque la verja estaba rota. Corzos, ciervos gamos en rececho, expulsando a los cazadores del pueblo y contratando a un guarda que ni conoce el terreno ni conoce a los cazadores de la zona. Mientras los señoritos se creen que porque han comprado los corzos o los ciervos ya son dueños del monte. Qué jodido es eso. Arrasan, matan 10 y precintan uno y el año que viene a por otro pueblo en otra provincia. A por otros pardillos. Qué equivocados están unos y otros. Eso en el Norte. De acuerdo que la crisis está haciendo mella en cuanto a la firma de contratos de cotos privados, pero nada más. Porque la crisis no afecta a los que antes de la crisis eran ricos y llenaban las pequeñas plazas de los pueblos de todoterrenos y sombreros de ala ancha. La crisis afecta a los ganaderos productores de leche que les pagan el litro a 15 centimos y que con un litro de esa leche hacen 3 litros de otra y 500 gramos de mantequilla. O a quienes no ven luz en el fondo del tunel porque están en la cola del paro. Para ellos es la crisis.
José Ignacio Ñudi José Ignacio Ñudi es cazador y periodista.

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