Diario de Caza

Mi buen urogallo

Escribo estas líneas no por mi cercanía o conocimiento sobre esta especie de gallo salvaje, ni tampoco por mis contactos personales con los mismos, ya que tan sólo he tenido la ocasión de toparme con ellos hace unos años durante unas agotadoras jornadas de rececho en los Altos Alpes franceses, en pos de gamuzas y muflones, cuando de paso a paso los íbamos echando de los pies como si fueran codornices de rastrojo castellano.

07 abr. 2009 - 2.682 lecturas - 4 comentarios

Lo que me motiva ciertamente es el pasado contacto, este sí intenso y continuado, con nuestras pesadas avutardas, que ya nunca volverán a poner en alerta nuestros sentidos ni harán brincar con contundencia nuestro corazón. La verdad es que viendo lo que acontece a unas y a otros, no hay por menos que establecer ciertos paralelismos.
Pero no es este el motivo de mis letras de esta ocasión. La cosa va por otros derroteros.

Resulta que hace un tiempo cayó en mis manos un arduo trabajo confeccionado por mi buen amigo Fernando Benito, del que podríamos decir sin temor alguno que posiblemente sea una de las personas que mejor y más profundo conocimiento tiene de nuestros gallos del bosque, y de la actual situación que lo está poniendo contra las cuerdas.

El trabajo comienza por hacer un exhaustivo recorrido por los aconteceres de esta especie durante el último siglo, poniendo detalles y profusión de datos sobre la mesa. Aún siendo una exposición brillante y rigurosa no es eso lo que más me gustó, porque de la historia hay que sacar enseñanzas, y no creo que en este caso esto nos aporte mucho.

Lo que más me gustó fue el análisis que realiza sobre la situación actual, y la manera de reconducir la evolución negativa que presenta. En este caso y una vez más se demuestra que todo el dinero que se emplea, todas las medidas y medios puestos a disposición de este animal, no sirven en la práctica para nada por la simple cabezonería de algunos, y la tergiversación interesada de otros. No es un problema de exceso de predación, no es un problema de exceso de fauna de caza mayor, no es un problema de construcción de pistas forestales, el problema es otro y normalmente lo que se hace es confundir los síntomas del problema (exceso de predación, exceso de fauna de caza mayor, construcción de pistas forestales, etc.) con el problema en sí.

Lo que ocurre es que el medio que se le brinda al urogallo en la actualidad es cada vez menos adecuado para ellos, siendo cada vez más adecuado para la fauna mayor y para la enorme lista de especies depredadoras que actúan sobre él. Nuestros montes están faltos de presencia humana, y en consecuencia de esos aprovechamientos tradicionales que tan buenos resultados han dado durante generaciones a nuestros urogallos. Su declive se puede marcar claramente al tiempo en el que las poblaciones rurales eran diezmadas por el abandono del campo en busca del desarrollismo industrial. Esto dio lugar a que los montes se hicieran cada vez más maduros y también más monótonos, con menos diversidad específica, con menos variedad de ambientes, ya que las praderías serranas y los matorrales están desapareciendo a marchas forzadas. Con ellos desaparecen las zonas de intersección entre tipos de vegetación, y por lo tanto el ambiente óptimo para el urogallo, siendo al contrario, una evolución inmejorable para dar cobijo a venados, jabalíes, zorros, garduñas, etc.

El medio forestal se gestiona en la actualidad para hacerlo acogedor para la caza mayor, de ahí también la profusión de pistas forestales, otro síntoma que se confunde con la propia enfermedad, pero no se gestiona para hacerlo acogedor para la caza menor, y no olvidemos que el urogallo lo es.

Otro de los problemas a que se refiere el autor es sin duda la escasa y poco fiable información que tenemos sobre sus estados poblacionales. El método empleado en nuestro país para obtener censos de urogallos se basa en los conteos en los cantaderos. Sin embargo, parece que ésta no es la mejor técnica. El cantadero hay que descubrirlo y eso no siempre es fácil. Por otro lado, se suele recurrir a establecer los conteos en los cantaderos digamos tradicionales, y la opinión que se obtiene es que el gallo ha desaparecido porque el cantadero está desierto.

Aquí se vuelve a lo mismo. ¿No puede ser que el cantadero se abandonase porque ya no está en un medio adecuado? Los montes no son seres inamovibles, sino que tienen vida y evolucionan, unas veces para bien y otras para mal, como es el caso. Si ese paraje ha madurado en exceso y el medio no es adecuado, es fácil pensar que sus inquilinos hayan desaparecido moviéndose a otros lugares más afables donde establecer las nuevas atalayas del celo.

Una vez más sería interesante ver que hacen otros de alrededor y tratar de aprender algo con cierta humildad. ¿Por qué no se emplean perros adiestrados como se hace en Francia? Este sistema no tiene inconvenientes y se puede llevar a cabo en épocas en que el riesgo para la especie es nulo.

Ya es hora que se tengan en cuenta las consideraciones de técnicos que lejos de pertenecer a organizaciones subvencionadas, saben de sobra como actuar. El problema es que lo que mi amigo propone no redunda en ingresos económicos para los de siempre y eso no interesa, ya que la naturaleza, según ellos, hay que meterla en una urna de cristal muy lejos de todo tipo de manejo humano. No vaya a ser que lo propuesto salga bien, y algunos queden en evidencia, y ¡vaya usted a saber; a lo mejor hasta tenemos que volver a permitir su caza! Antes muertos —los urogallos— que perder su modo de vida.

 

4 comentarios

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08 abr. 2009 00:53
Menluiles  
Estoy muy de acuerdo con su escrito, y digamos que sí pretendo llevarle la contraria es por enriquecer el posible debate que tiene sin duda un interes más general (yo no se practicamente nada de urogallos).

Es innegable que en nuestras condiciones actuales, son esas medidas llevadas a cabo por humanos, realizadas con el fin de fomentar especies de menor, esa presencia humana en forma de usos y costumbres, siembras y roturaciones del monte, usos agrícolas tradicionales, etc es la manera más practica y eficiente de manera real de recuperar estas especies (en general hablo de especies de menor). Pero (y aquí viene el problema) ¿como se explica que siendo una especie propia de ese entorno, cuanto más próximo a su climax se encuentra ese entorno natural (bosques maduros, etc) más problemas tiene esa especie en adaptarse? A simple vista y valorando que desconozco la situación de esta especie, me resulta cuanto menos incongruente (me faltan piezas en este puzzle) esta situación, no entiendo como una especie puede no encontrar como un hábitat idóneo aquel del cual procede.

En resumen, estos entornos antropizados sí pueden ser hábitat idoneos para el urogallo, mayor disponibilidad de comida, mejores incluso que los propios de manera natural, no lo pongo en duda, pero no comprendo como está en peligro su continuidad en lugares que aunque son de menor potencial, son su hábitat primigenio, en teoría. Máxime teniendo en cuenta que había urogallos en esos montes antes que personas ¿o me equivoco?

Un saludo.

P.D. Comparto lo escrito por usted, solo trato de entender distintos puntos de vista.
08 abr. 2009 11:40
Joldujo
Joldujo   «Don`t mess with the queen`s guard»
De entrada, felicitar por esta exposicion tan cercana a mis pensares.

Menluiles ha apuntado un detalle importante, el habitad primigenio, quizas este habitad no es el adecuado para el urogallo y de hecho,no lo es.

Este mismo caso le pasa a las perdices, son beneficiarias de las practicas agricolas, las siembra de cereal potencia su cria, lo que quiere decir, que hace 3000 años habia menos perdices, en contra de lo que mucha gente piensa que cuanto mas "puro" sea el medio ambiente mejor para las especies y eso claramente no es asi. Modificar un medio ambiente actual, de la forma que sea, va llevar la consecuencia de que ciertas especies, especializadas en ese medio, desaparezcan y es que, los humanos, somos parte del medio ambiente, por mucho que les parezca a algunos sectores urbanitas que la naturaleza no va con ellos, pero en el modo que interaccionamos con ella (siembras, carreteras, diques contra crecidas, etc..)existen consecuencias.

¿El urogallo esta por desaparecer? pues quizas si, de forma irremediable y de las misma forma que el uso humano procuro su buena salud, va ser este mismo uso, o mejor dicho, la falta de el, quien haga que desaparezca.

La cultura actual medioambiental, segun mi parecer, tiene un planteamiento equivocado, se parte de la premisa de que el ser humano no es parte de la naturaleza y esto, va a llevar a que fracasen infinidad de politicas medioambientales.

Saludos
08 abr. 2009 19:31
Miguel Barbosa
Antes de tudo peço desculpa por escrever em Português.

A verdade é que embora o seu texto seja muito interessante na minha modesta opinião ele parte de um principio totalmente errado.

Se o urogallo precisa do Homem para sobreviver como é que ele chegou aos nossos dias? Então antes da romanização quando a Península Ibérica estava recoberta de florestas intactas o urogallo não existia?

E que dizer do urogallo em Portugal? Informo-o que o urogallo sobreviveu até ao século XVIII em Portugal e nessa altura, mesmo com o meio rural povoado e o campo cuidado, esta ave extinguiu-se provavelmente por redução de habitat (perda de floresta) e excesso de pressão da caça.
13 abr. 2009 12:23
Santiago Segovia
Santiago Segovia  
Estimados Menluiles y Joldujo:
Efectivamente sus razonamientos ofrecen unas conclusiones aparentemente válidas y discordantes con lo que cuento en el blog. Lo que pasa es que el pensamiento continuamente machacado por ciertas organizaciones nos hace pensar que la naturaleza es algo en lo que el hombre no ha de intervenir para nada. Esto es algo totalmente falso, ya que no existe ni un palmo de nuestro plantea tierra en donde el hombre no haya intervenido, unas veces para bien y otras para mal. El hombre lleva transformando el medio miles y miles de años, y muchos de los lugares hoy considerados como los de mayor valor natural, no lo serían si el hombre no hubiese actuado en un determinado sentido, y tampoco ese excelente valor natural implica que se haya de tratar de un bosque maduro para ser así considerado.
Por otro lado es falso pensar que los bosques primigenios eran como nos lo quieren pintar. En esos bosques también existían causas naturales de despoblación forestal, como el fuego o los aludes, y tras esa deforestación el bosque se va regenerando poco a poco en un proceso que lleva cientos de años hasta llegar el estadío de la madurez, donde se vuelve incompatible con algunas especies. Pero mientras existen muchos parajes que se encuentran en esas fases intermedias que son aptas para el urogallo.
En los tiempos actuales el urogallo es un animal que prospera en muchas regiones de Eurasia, y en todas ellas se da por un motivo u otro que el bosque no es monótono, ni tampoco ocupa todo el suelo, sino que existen zonas de transición de vegetaciones que es el espacio idóneo para esta especie.
Santiago Segovia Pérez
Santiago Segovia Santiago Segovia es Ingeniero Técnico Agrícola.

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