Diario de Caza

Un cuento para los hijos y nietos de los cazadores

Cuando El Buen Dios creó las plantas y los árboles, le dio a cada uno una función.

22 dic. 2008 - 2.462 lecturas - 19 comentarios

Así las hierbas sirven desde entonces para alimentar a muchos animales; para evitar, con sus raíces hundidas en el suelo, que la lluvia arrastre la tierra; otras, con sus flores, están destinadas a adornar el campo, algunas condimentan nuestros guisos, las de más allá nos regalan su perfume y casi todas alimentan a las abejas obligándoles no sé de qué manera a polinizar las flores para que la vida continúe.

Cuando a los árboles les llegó el momento del reparto de oficios, a unos les dio la tarea de dar buena sombra para que nos cobijemos en ella los días de calor, a la palmera le encargó que tuviera dátiles dulces y sabrosos preparados para los cansados caminantes del desierto, a otros les dio grandes y frondosas ramas para que en ellas anidaran los pájaros. A los pinos les otorgó que dieran de fruto piñones para que las hiperactivas ardillas tuvieran qué comer; a otros les concedió el honor de regalarnos sus maderas preciosas, duras y fuertes para que el hombre fabricara muebles, casas y barcos… y así le fue dando un oficio a cada uno.

Le llegó el turno a la encina, que era un árbol desgarbado, feote, humilde, áspero. De ramaje tan enmarañado que si metes la mano entre sus hojas lo más seguro es que te arañes .Ella sabía por experiencia que no podía esperar nada espectacular. Tenía un poquito de complejo de inferioridad.

Dios le propuso que su fruto fuera la bellota…

La encina que, al igual que sus hojas, era algo retorcida de carácter, protestó.

«No te conformas con haberme hecho fea, insignificante y áspera», le dijo a Dios«, si no que, además, mi fruto ni es jugoso, ni tan siquiera bonito. Mis bellotas son difíciles de comer, la corteza es dura y hasta muchas de ellas… amargan».

Dios recapacitó un momento y con su infinita paciencia y sabiduría contestó… «Querida mía, en este mundo todos tenemos una misión que cumplir, un destino invariable. Los animales, las plantas, los hombres y las mujeres. Parecerá a simple vista que la tarea de unos es más importante que la tarea de otros pero, si te fijas, querida encina, todos, todos, todos sois necesarios para que la vida que acabo de concederos, siga adelante».

La encina, que no estaba muy convencida, refunfuñó por lo bajo porque no veía clara la utilidad de su existencia.

Estaba creciendo junto a un esbelto olmo que la miraba de reojo con un poco de desprecio, desde su altura. Había también por allí un grupo de álamos que reían por lo bajo del aspecto tan poco agraciado de su vecina y, un poco más allá una hilera de cipreses, tiesos como un ajo, contorneaban un río, reflejándose en sus cristalinas aguas. Todos, excepto ella, estaban orgullosos de ser como eran y del oficio que les habían encomendado.

No obstante, el paso del tiempo fue convenciendo a nuestra amiga la encina de que estaba en un error. La vida le mostró que ella también era importante…¡Qué digo importante! ¡Importantísima!

Empezó a sentirse mejor un buen día en que tres parejas de palomas torcaces vinieron a protegerse del ataque de un halcón entre la maraña de sus ramas. Le encantó que le agradecieran su hospitalidad y le dijeran que se sentían tan seguras allí que, cuando llegara la primavera, se proponían hacer sus nidos bajo sus hojas.

Sintió, la verdad, algo de envidia cuando, en verano, vio que otros árboles y arbustos se llenaban de preciosas frutas y en cambio ella no tenía ni flores. Se notó decepcionada. La única alegría la tuvo cuando nacieron los pichones de las palomas. Su monótona vida se vio alterada con el aleteo incesante de los jovenzuelos en su empeño de aprender a volar. Se mostró orgullosa de poder darles cobijo. Por primera vez intuyó que su vida podría tener sentido.

Ante su asombro notó que, en las puntas de algunas de sus ramas, brotaban unos bultitos que no tardaron en convertirse en diminutas bellotas. Un fruto no muy apreciado por los humanos pero es que, nosotros, somos de lo más tonto. La mayoría de las veces nos guiamos sólo por el exterior de las cosas. No nos damos cuenta que, en la mayoría de los casos, lo bueno está dentro. La cáscara es lo que menos importancia tiene. Y si no mirad las frutas. La nuez, la piña, la manzana, el plátano, el coco… Y las personas. Unas son muy atractivas y otras lo son menos. Pero, si te quedas en la fachada, pecarás de ingenuo.

Y en esto, llegó el otoño. A muchos de los árboles vecinos, que habían mirado con desprecio a nuestra amiga, empezaron a desprendérseles las hojas que los adornaban. El viento frío del norte sopló y sopló hasta dejarlos desnudos, helados. Los pajarillos del campo que en verano se resguardaban del sol en ellos, acudían ahora a protegerse entre las fuertes hojas de la encina. Nuestra amiga se sentía simplemente gozosa.

Las bellotas se fueron haciendo dulces y grandes y, en ese momento, nuestro árbol se hizo el rey del entorno. Se sintió útil cuando comprobó que los preciosos venados sacudían sus ramas con sus enormes cuernas para comerse las bellotas caídas, los conejos roían despacito las que encontraban entre la hierba, las inquietas ardillas las guardaban en su boca y se las llevaban a sus despensas, presurosas; las palomas se las tragaban enteras; los valientes jabalíes acudían al caer la noche y las rebuscaban entre las piedras y matojos masticándolas ruidosamente; los tímidos corzos escarbaban con sus delgadas patas para encontrarlas, los mansos gamos las ramoneaban estirando sus largos cuellos, los muflones, las agrestes cabras montesas y muchísimos animales más, venían a diario en busca de sus frutos para poder comer durante el crudo invierno.

Pasaron muchísimos años, muchos, muchos. Todos los árboles de su alrededor fueron muriendo de viejos. Ella, sin embargo, se levantaba imponente, enorme. Con más fuerza cada vez. Ya ni se acordaba de lo protestona que había sido de joven. Ahora era el árbol más importante del bosque. Todos acudían a ella en busca de comida o de cobijo.

Sin embargo, como había pasado tanto tiempo desde que naciera, de vez en cuando pensaba en la muerte. Le gustaba tanto servir a los demás, se sentía tan estupenda con el cariño con el que todos le agradecían sus servicios que le hubiera gustado seguir siendo útil después de morir…

Una noche de frío invierno, habían acudido unos pastores a protegerse de la helada bajo sus ramas. De repente, la encina vio una luz cegadora cruzando el firmamento. Uno de los pastores gritó a los demás… «Rápido, pensad en un deseo antes de que desaparezca la estrella y se os cumplirá»… Sin pensárselo dos veces ella también pidió un deseo, sin saber si, por ser tan sólo un árbol y no un humano, se le iba a conceder…

Pero, sin saber muy bien de donde procedía, oyó una voz como un susurro que se coló entre sus ramas. Su deseo había sido atendido.

«Cuando mueras, tendrás la mejor leña del mundo para calentar las casas de los humanos. Te lo has ganado por lo bien que has hecho tu trabajo».

Y colorín, colorado…


Moraleja.-
No juzgues por su aspecto a las personas
Fíjate más bien en sus acciones
Que vale más ser feo y tener neuronas
Que tener la cabeza hueca y dar lecciones



Pd.- Este cuentecillo infantil lo escribí en la habitación de un hostal una noche en que fui de caza a un pueblo que se llama Lecina (la encina).

Crece en él una encina que tiene ¡¡mil cuatrocientos años!! Proporciona 625 metros cuadrados de sombra y es todo un espectáculo.

Me traje a casa unas cuantas de sus bellotas y hoy, cuatro de sus tataranietas empiezan a crecer en mi huertecillo…

¡¡¡Feliz Navidad!!!

 

19 comentarios

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22 dic. 2008 22:00
p.bautista
Eres un fenómeno.

Feliz Navidad.
22 dic. 2008 23:21
zorzales_con_breton
sin comentarios maestro..
Feliz Navidad y a cuidarse
un abrazo
23 dic. 2008 10:34
Miguel D.G
Miguel D.G  
Cada vez que vaya al campo, miraré de otra forma a las encinas.
Muchas gracias, Maestro.
Miguel D.G
23 dic. 2008 11:36
"Grivettes"
Querido Juan José este año no pude estar en Guara.Espero poder repetir el próximo. También me guardé unas bellotas de la encina, y cuatro son los brotes que me han salido, ....para el recuerdo.Feliz Navidad "Gran Macareno" y un fuerte abrazo de tu humilde Escudero,
Joaquim.

23 dic. 2008 12:24
AC «Campiña y Sierra, mis cazaderos.»
Por este precioso cuento y por dedicarmelo, pues a Dios gracias soy hijo, nieto, bisnieto, tataranieto y retataranieto de muchas generaciones de Cazadores.

Un fuerte abrazo y Feliz Navidad.
Antonio Calabrús.
23 dic. 2008 15:44
JG
JG  
El Che, es MUCHO Che...
A ver cuando escribe algo así uno que no sea de nuestro gremio
23 dic. 2008 16:32
Abraham
Abraham   «Arrojarle un hueso al perro no es caridad. Caridad es compartir el hueso con el perro cuando estas tan hambriento como él.»
Estimado Che:

Muchas gracias por este regalo de Navidad. Ya tengo material para leerle a mis niños esta noche. Hermoso cuento que denota que el que verdaderamente sabe es el que lo ha vivido.
Recibe de mi parte un abrazo con cariño deseandote lo mejor para estas Navidades y un excelente Año Nuevo.

Abraham
23 dic. 2008 19:14
joselu3
Hola Che, que bueno eres escribiendo cosas y relatos, Felices Fiestas te deseo a ti y a todos los foreros, un saludo
23 dic. 2008 20:12
diego  
ma dejao impresionaooo, FELICIDADES AMIGO , por favor de vez en cuando acuerdate de nosotros y nos pones costas como estas.Saludos.Diego.
24 dic. 2008 02:04
FL  
Además de lector atento de todo lo que escribe Che, tengo el previlegio de, a diário, recibir correo suyo. En todo lo que envia, sea chiste o simple celebración de la amistad, pone un poco de su magistralidad, ni que sea en la forma de un simple comentário.
Gracias Che por ser mi amigo, eso sigue permitindome leer estos cusentos y muchos otros más.
Feliz Navidad.
24 dic. 2008 10:33
DIDAC.
Tas lucio.

FELIZ NAVIDAD y AÑO NUEVO.

Que por lo menos nos puedas contar 40 cuentos mas, uno cada año.

Un Abrazo

Diego
24 dic. 2008 10:37
edumediorastro
.....con lo sencillo que podría ser la vida y cuanta que nos la complicamos.

Una abraçada i Molt Bones Festas, el del tanga rosa.
24 dic. 2008 14:54
lluis
No haces más que confirmar lo que siempre pienso:
"cuando sea mayor quiero ser como tú"
Lo de ser mayor seguro que lo conseguiré, lo de ser como tú ya es una empresa harto difícil.

Un abrazo
Bon Nadal i feliç any nou

Lluís
24 dic. 2008 17:51
oskarvk
Gracias por el cuento. Cuando lo he leído se me han puesto los pelos de punta. ¡Qué bonito!

Feliz Navidad

Oscar
26 dic. 2008 19:30
Escopetón
Tu cuento es conmovedor.
Que el Niño Dios que nació en Belén te bendiga para que sigas deleitandonos con cuentos como este.Un abrazo
29 dic. 2008 10:03
pepper
pepper  
bonito cuento yo tambien he plantado este año unas tataranietas de esa hermosa encina..un saludo y Feliz Navidad.
30 dic. 2008 12:20
Jaroa
Jaroa  
Muchos años para poder disfrutar de ti maestro.Doy fe que guardaré este cuento para cuando tenga nietos pueda contarles lo grande que puede ser una persona con la palabra.
Dedicado para ti que el año venidero se cumplan tus deseos.

En tierras recias y altivas
conocí un día a "Che Guevara"
mas no dejó de sorprenderme
que nos hiciesemos amigos en Guara.

Hombre recio y altivo
allá donde los haya
estampa fiel a su retrato
de su tierra toledana.

No pretendo con esto, señor
parecer una "madraza"
solo mostrar mi admiración
hacia esa persona hallada.

Con esto querido amigo
no pretendo "darte la lata"
solo darle las gracias a Dios.
por haberte conocido en Guara.

Feliz 2009 de todo corazon de este navarrico.

02 ene. 2009 12:36
SARASKETA
Precioso relato, querido Che, propio de quien puede y sabe demostrar que no sólo se es poeta hablando en verso. Gracias por compartirlo con nosotros. Se lo he contado a mis sobrinillos de cinco y seis años y me han pedido más, así que...

Un abrazo muy fuerte y paz y prosperidad en este Nuevo Año.
07 ene. 2009 18:19
Victor M  
Enhorabuena CHE por la lección, la cual nos demuestra que todos somos importantes en este maravilloso mundo en que vivimos, pequeños y grandes.

Que la vida te bendiga con edad, salud, y la fortaleza de un roble.

Un saludo, y feliz año.
Víctor Mascarell
Juan José Guevara Juan José Guevara es reconocido forero de Club de Caza y escribe con el nick de Che.

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