La cohesión en la jauría de perros de rastro

Pardal

 

Para empezar, quizá sea oportuno definir el término cohesión como aquella característica de la jauría que comporta que los distintos miembros que la conforman, trabajen en equipo y aúnen sus esfuerzos en la consecución del mismo fin cual es la búsqueda, rastreo, levante y persecución de la pieza de caza.

En mi opinión, la cohesión en una jauría de perros de rastro es el sine qua non de la misma. Resulta una virtud tan imprescindible y trascendente, que puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que la cohesión es lo que diferencia una jauría de un grupo de perros de rastro.

En relación a la cohesión de la jauría y sin reflexionar mucho, podría pensarse que cabe diferenciar dos momentos puntuales: en primer lugar, la cohesión que tiene lugar en la fase de búsqueda y rastreo de la pieza hasta conseguir su levante y, en segundo lugar, la cohesión que se produce después del levante de la pieza.

Opino que la anterior diferenciación, la cual he oído comentar en muchas ocasiones, es errónea, siendo mucho más correcto y más ajustado a lo que debe buscarse, el diferenciar entre lo que es la fase de búsqueda por una parte y lo que es la fase de rastreo, levante y persecución, por otra. En otras palabras, en mi opinión y hablando en términos de cohesión, la fase de rastreo debe quedar englobada dentro de la segunda de las fases de la acción de caza descritas.

Ello es así, por cuanto considero que el grado de cohesión a exigir a la jauría durante toda la acción de caza es distinto en base a la diferenciación anterior, es decir, es distinta en función de la fase de la acción de caza que esté teniendo lugar en ese preciso momento, pudiéndose hablar en la fase de búsqueda de la exigencia de una cohesión relativa y en la posterior fase de rastreo, levante y persecución, de la exigencia de una cohesión absoluta.

En la fase de búsqueda, entiendo que la cohesión de la jauría debe verse relativamente relegada a un segundo plano por otra de las virtudes que deben no ser simplemente aconsejables, sino absolutamente exigibles, cual es la iniciativa particular de todos y cada uno de los miembros de la jauría, virtud ésta únicamente alcanzable tras un adecuado adiestramiento del cachorro. En esta fase de búsqueda, la cual finaliza en el momento en que cualquier miembro de la jauría localiza un rastro, todos y cada uno de los miembros de la jauría deben trabajar de forma individual, cazando en solitario. En este momento de la acción de caza, sería absurdo exigir una cohesión absoluta en la jauría, dado que ello redundaría en hacer trabajar a la jauría como si se tratara de un único perro, con el evidente perjuicio de batir una superfície de terreno ínfima.

No obstante la evidencia de lo anterior, claro resulta que en esta fase de búsqueda la cohesión también debe estar presente, en menor intensidad como se ha dicho, pero presente, dado que no es aceptable bajo ningún punto de vista el hecho de que la iniciativa particular de los miembros de la jauría llegue al extremo de provocar que en la búsqueda se separen de forma tan exagerada que impida posteriormente la necesaria rapidez e inmediatez para acudir al latido de cualquiera de los miembros de la jauría que haya localizado un rastro, momento en que se inicia la fase del rastreo y para el que como se ha indicado anteriormente, entiendo que es inexcusable la cohesión absoluta. Una total ausencia de cohesión en la fase de búsqueda, llevada a su extremo, conllevará incluso que determinados miembros de la jauría ni siquiera se aperciban de que otro miembro ha localizado el rastro, con lo cual continuará con su trabajo individual contrariamente a su correcta función de equipo.

En consecuencia, en la fase de búsqueda, entiendo procedente exigir una cohesión relativa, buscando un equilibrio entre el trabajo individual de cada miembro de la jauría y una relativa proximidad entre todos ellos (la orografía del terreno juega aquí también su baza), a fin de conjugar armónicamente dos elementos básicos: batida de terreno suficientemente amplia y rapidez de cohesión cuando se inicia la fase de rastreo, en la que toda la jauría debe empezar a trabajar como si de un solo perro se tratara.

Cuando en su búsqueda, un miembro de la jauría localiza un rastro, es básico que anuncie el hallazgo mediante el pertinente latido. De ahí la fundamental importancia de los perros de rastro que no se limitan a latir sólo a partir del momento del levante de la pieza y durante su persecución, sino que laten ya el rastro de retirada de la misma. Este latido se produce siempre con una voz distinta a la que el perro emitirá cuando llegue al encame, levante y persiga.

Sin perjucio del alto valor estético de ese cambio de voz que a los amantes del rastro nos tiene encandilados y que se produce invariablemente en el momento del levante de la pieza, los perros que laten el rastro antes de dicho levante son los que nos van a proporcionar la tan buscada cohesión de la jauría, puesto que son los únicos que anuncian al resto de miembros la localización del rastro, dando por finalizada la fase de búsqueda y concentrando los esfuerzos de todos los efectivos en el seguimiento de dicho rastro y la llegada al encame.

En las jaurías de menor, quizá la exigencia de cohesión en la fase de rastreo no alcance la importancia que en las de mayor. Desde luego, partiendo de la base de una notable calidad en todos y cada uno de los miembros de la jauría, es indudable que ocho o diez narices desenredarán con mayor rapidez un rastro, que una nariz sola. Si no partimos de esa calidad general, a veces es mejor dejar que una buena nariz trabaje sola, sin que el resto le pisotee de forma inmisericorde el rastro que se está tratando de desenredar, con el agravante de lo tenue que resulta un rastro frío y, en consecuencia, la dificultad que ello representa. Decía que en las jaurías de menor, la cohesión en esta fase deberá ser tambien exigible, aunque su ausencia o menor grado de cumplimiento sólo tenga el negativo efecto de demorar la resolución del rastro y la más importante, en mi opinión, privarnos del placer de oír la jauría al completo desarrollando su trabajo en esta fase, para mí gusto la más espectacular y dificultosa de todas las que integran la acción de caza del perro de rastro.

En las jaurías de mayor y, más concretamente, en las jaurías de jabalí, aparte del valor estético de una jauría actuando bien cohesionada en la fase de rastreo y aproximación, entiendo que es fundamental que sea toda la jauría junta la que llegue al encame. Y es, a mi juicio, fundamental porque este hecho nos va a ahorrar bastantes disgustos, dado que tengo comprobado en infinidad de ocasiones lo bien que sabe juzgar el jabalí las fuerzas contra las que se enfrenta. Evidentemente, los jabalíes que nos deben preocupar son sólo aquellos capaces de organizar un estropicio en la jauría y éstos veteranos diríase que tienen un medidor de decibelios que les indica a la perfección cuando la medida oportuna a adoptar es abandonar el encame, sin esperar a que llegue la jauría que se aproxima velozmente por el rastro, bramando de forma atronadora. Una nula cohesión de la jauría en la fase de rastreo, conllevará que llegue al encame únicamente el perro que ha localizado el rastro en la fase de búsqueda, lo que no facilitará, desde luego, la arrancada del jabalí. Una mala cohesión de la jauría en esta fase, provocará que lleguen un par o tres de perros, con lo que si el bicho es de cuidado, tendremos pronto organizado el lío, porque esta arrancada suele producirse llevándose siempre algo por delante.

Lo mismo sucederá en la fase de persecución. Resulta poco o, como mínimo, menos probable, que el jabalí perseguido tenga ganas de pararse (o incluso volverse sobre sus pasos) y hacer de las suyas si oye detrás de él un trueno que le persigue, puesto que sabe bien que el elevado número de sus perseguidores le restan opciones de defensa. Por el contrario, sabe bien el jabalí de su capacidad para sacarse de encima uno o dos perros, con malas consecuencias para sus perseguidores. Por ello, nuevamente se demuestra la oportunidad de una cohesión máxima en esta fase.

No obstante, no puede olvidarse que el jabalí es un animal gregario por excelencia. Cuando se ataque una piara, a veces resultará imposible mantener la debida cohesión de la jauría, especialmente si ésta espera la llegada de la jauría sin arrancarse. Ante tanto bicho, es frecuente que la jauría se divida en la persecución de distintas piezas. En otras ocasiones, ello no se producirá, y la jauría entera partirá en persecución del primer jabalí al que traicionen los nervios y se arranque, quedando el resto de la piara en el encame, cuestión que deberá resolver el perrero experimentado, llegando siempre al encame, y la correcta actuación del cazador de puesto, cortando la jauría en su puesto en el caso de errar el tiro.

Obviamente, el método de caza utilizado también influirá en el nivel de exigencia de la imprescindible cohesión. Todo lo dicho hasta ahora está referido a la caza en batida, en su sentido puro y duro, es decir, sin tener previamente localizados los encames tras el seguimiento del rastro efectuado por el cazador. En el caso de caza tradicional al rastro, al no existir la fase de búsqueda por haber sido ésta realizada por el cazador, la jauría se va a soltar unida sobre el rastro, por lo que, por una parte, la cohesión nos viene dada de antemano y por otra, la iniciativa particular de los miembros de la jauría es prácticamente innecesaria al ofrecerles, ya desde el momento de la suelta, el rastro objeto de seguimiento.

Resumiendo, entiendo que la cohesión de la jauría debe ser la virtud que prime por encima de todas las demás durante toda la acción de caza, con excepción de la fase inicial de búsqueda, en la que la dicha cohesión debe ser relegada a un segundo plano por la iniciativa particular de todos y cada uno de los miembros de la jauría. En tercer lugar, situaría la virtud del olfato, virtud que tratándose de caza mayor, sólo es exigible una calidad contrastada en las fases de búsqueda y rastreo (rastros fríos), siendo absolutamente suficiente en la fase de acoso y persecución con que el perro no tenga la nariz tapada.

Pardal.
Ladrillo's School.

 

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No es oro todo lo que brilla........
edumigrastre
15/09/2010 22:01:10
....como muy bien dice Sr Pardal, el terreno influye mucho en la forma y cohesión de la jauría, pero una cosa, creo yo mucho más importantes es la poca o mucha abundancia de lagomorfos. Es más, también dependerá mucho del lugar de caza, monte, llanos y cantidad (lagomormos). Pero como en todo hay excepciones por muchos conejos que haya en el cazadero, eso no quiere decir que nos puedan privar de escuchar y buen "empaite".
Todo dependerá de la poca o mucha nariz de nuestros canes. Factor fundamental de un buen perro de rastro.

Saludos de un pobre penitente de los perros de rastro.

 

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