En la antesala

Rayón

 

Sin darnos cuenta estamos otra vez en lo que podíamos llamar la antesala de una nueva temporada montera. A punto de que suenen las caracolas y los trabucazos en las sierras de nuestra geografía rompiendo ese silencio sepulcral que ha imperado durante meses en todas sus lomas, barrancos, umbrías y solanas. A tan solo unos días de que nuestros corazones monteros galopen a ritmo de locomotora a causa de la incertidumbre que provoca el no saber si va a romper a nuestro puesto ese enorme macareno de grandes "navajas" que se les ha quedado retrancado a los perros contra la "peñoná" que hay en el arroyuelo que delimita la umbría tupida de jaras, madroñas y chaparras de la solana, de ese lugar donde se oye esa nerviosa y escandalosa ladra que algunas veces precede al quejido de muerte de algún perro.

Y ya impacientes y nerviosos empezamos a preparar todos nuestros pertrechos sacándolos del lugar donde han permanecido aparcados, empolvados y hasta olvidados durante varios meses, esos meses en que la sierra estaba sorda sin oír nada más que los cantos de las ranas en los arroyos y el cansino chirriar de las chicharras durante el verano y, últimamente, los bramidos de los venados en la berrea.

Abriremos el armario armero, y, con el mayor de los mimos, sacaremos nuestras armas para limpiarlas y después engrasarlas con ese maravilloso y mágico aceite que nos aconsejó nuestro armero de confianza.

También haremos inventario de la munición sobrante del pasado año para ver la que debemos comprar de cara a la nueva temporada. Sacaremos nuestras ropas de caza del armario, nos las probaremos, y si acaso no somos capaces de meternos en ellas, seguro que alguno diremos (por no querer reconocer la realidad) que otra vez no compraremos ropa de algodón por lo que encoge al lavarla.

De lo que también estoy seguro, es de que mientras hacemos todo lo anterior, algunos nos quedaremos con el rifle o escopeta sobre las rodillas como si fuese un bebe al que hay que mimar y cuidar con el mayor de los esmeros, mientras con los ojos cerrados recordamos bellos lances de temporadas pasadas, esperando verlos repetidos en la que comienza. Y, como no, recordaremos a todos aquellos buenos amigos con los que hemos monteado años anteriores esperando encontrarlos bien en la primera junta de la montería en que coincidamos, donde les contaremos y nos contaran todas las aventuras caceras vividas desde aquel día que nos despedimos al finalizar aquella montería en la que coincidimos por última vez.

También recordaremos con rabia y apretando los puños aquel venado que pudo ser el venado de nuestra vida y que por una traición de nuestros nervios no fuimos capaces de abatir cuando nos asomó a huevo o "cascaporro" entre unas jarillas y retamas por el "puntalillo" que teníamos a nuestra derecha, con su cuello erguido enseñándonos su majestuosa y espectacular cuerna, que fue la que en realidad nos puso como un verdadero flan y nos hizo fallarlo.

Todos estos preparativos, recuerdos, deseos y pensamientos anteriores a la apertura de la nueva temporada, seguro que nos harán sentir la misma impaciencia por que llegue ese día que la que tienen los niños pequeños por recibir los juguetes pedidos en su carta a los Reyes Magos cuando se aproxima la noche del cinco al seis de Enero, pues a veces, cuando se aproxima la tan esperada apertura de la general, algunos nos convertimos en verdaderos niños aún teniendo sobre la espalda una montonera de años.

Algo que también estoy seguro que haremos, será comprar todas las publicaciones sobre caza del mercado, esperando encontrar en ellas información de cómo van a ser las cuernas de los venados de la nueva temporada montera. Posiblemente pensando muchos de nosotros que este año si vamos a cobrar el trofeo de nuestra vida, ese trofeo tan soñado, pues como soñar no cuesta nada, ¿por qué no hacerlo?.

De todas formas, cobrar este año ese trofeo tan soñado puede ser posible, pues yo pienso que esta temporada encontraremos venados muy buenos en las sierras donde cacemos, ya que han tenido una primavera rica en pastos, algo que debe haber repercutido de forma muy positiva en el tamaño y grosor de sus astas.

Además les puedo decir, que este año cuando he visitado (como tengo por costumbre hacer varias veces todos los años a finales de la temporada estival) la zona de Sierra Morena comprendida entre El Santuario de la Virgen de la Cabeza y El Centenillo, he visto muchos venados con una gran calidad de cuerna, de esos que algunos monteros llaman "buenos pavos", así que a ver si es verdad que algunos podemos ver cumplidos nuestros sueños en la nueva temporada montera colgando en alguna pared de nuestra casa ese trofeo tan soñado. Y si además al contemplarlo después nos hace recordar un bello lance de caza dentro de la mayor de las purezas, mucho mejor, ya que si al contemplarlo lo recordamos dándose cabezazos contra los alambres de un cercón con siete perros colgados a su cuerpo por no poder huir, o comiendo maíz en un cebadero cuando le pegamos el tiro a "cascaporro" a través de la ventanilla de un "toterreno", mejor no recordar nada, ya que si lo recordamos así lo único que puede hacernos sentir es pena y vergüenza, claro, eso si tenemos un mínimo de ética cacera, pues si no la tenemos ni vergüenza ni pena "ni na de na".

Bueno, y ya para terminar, desearles que se vean cumplidas sus expectativas en la próxima temporada, que los nervios, temple, maestría y buenas maneras les permitan abatir ese enorme venado o cochino que tanto hemos soñado durante el tiempo de espera a que llegase la nueva temporada montera. Eso sí, si no abaten ese trofeo que todos soñamos, por favor, no desprecien otros de menor calidad, pues una pieza de caza debe ser siempre respetada y jamás despreciada si se ha conseguido dentro de lo que realmente es la caza. A las piezas de caza por pequeñas que sean siempre hay que respetarlas y, aún más, después de muertas, pues de lo contrario en vez de cazadores seremos enfermos dependientes de ese moderno síndrome llamado "trofeitis".

En la caza hay cosas que para los verdaderos cazadores han de imperar por encima de todo, los buenos lances, la armonía entre los compañeros de jornada y, como no, una buena ética cacera en todo momento que nos permita andar con la cabeza bien alta y sin tener que bajar la vista en ningún momento.

 

P.D: Este artículo ha sido publicado este mismo mes de Octubre de 2.002 en la revista CAZA Y PESCA.

 

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