El timo de la ‘medallita’

Sera porque está en nuestros genes, porque somos del sur de Europa, quizás porque somos los herederos del Lazarillo de Tormes, pero la realidad es que esta siempre supera la ficción en esta atractiva materia del chanchullo, del timo, y del dinero fácil.

Jesús Jiménez Casado

26/12/2017 | 18795 lecturas

El pícaro, se burla de oficios, gentes y formas de ser de aquellos tiempos -siglos XVI y XVII-, y en sus sátiras aparecen personajes muy peculiares: ciegos, clérigos, barberos, hidalgos, estudiantes, ladronzuelos, etc.

La homologación de los trofeos de caza en nuestro país está seriamente contagiada y enferma de un virus quizás nacido en el caldo de cultivo del escaso interés administrativo —es algo que suena a caza, por lo que ya es intrínsecamente malo, para muchos— y sazonado, en pizcas, por la picaresca congénita española, que viendo el sustancial entorno de seriedad y valores que nos rodea, en todos los ámbitos, ha encontrado también su nicho ecológico, es decir, un ecosistema perfecto para su desarrollo vertiginoso y mortal.

Pero hagamos una reflexión y memoria sobre lo que nació hace más de 65 años… que es algo serio.

Desde que el Ministerio de Agricultura, allá por el año 1950, decidió organizar la I Exposición Nacional de Trofeos de Caza con la finalidad de comprobar las medidas proteccionistas que se establecieron al principio de la década anterior, y que fueron desarrolladas por el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza en base a la ingente tarea de iniciar la repoblación con especies de caza mayor en nuestros desolados y devastados bosques y montes como consecuencia de la contienda civil, hasta la reciente publicación de la orden del actual Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, por la que se regula la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza (JNHTC), han sido múltiples y variadas las vivencias y circunstancias acaecidas en este país, tan pródigo en caza mayor, que es nuestra querida España.

Así pues y como reseña histórica, comentar que a dicha exitosa primera Exposición, que logró cautivar y enganchar al cazador por y para este nuevo mundo de la valoración de los trofeos de caza, le siguieron otras más con notables incrementos, tanto en cantidad como en calidad de los mismos. Ya en febrero de 1950 se creó la Comisión de Trofeos, cuyos miembros estudiaron unas fórmulas para la homologación de cada especie. Esta Comisión fue disuelta al término de la Exposición de 1950, creándose en el año 1956 la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza y Estadística Cinegética. Las referenciadas fórmulas estuvieron en vigor hasta 1975, año en que fueron adoptadas por la JNHTC las ya elaboradas por el Consejo Internacional de la Caza (CIC). Paralelamente a todo ello, dicha Junta fue la encargada de la publicación, cada cierto tiempo, de los Catálogos de Trofeos homologados.

Con independencia, y simultáneamente de todo cuanto antecede, se crearon las Reservas y Cotos Nacionales de Caza, que se establecieron en lugares cuyas características ecológicas permitían la constitución de núcleos naturales excepcionales, en los que se podían garantizar la supervivencia de las especies más características de nuestra fauna salvaje, muchas de las cuales, como consecuencia de un desmedido aprovechamiento o por la alteración de sus hábitats naturales, habían llegado a situaciones críticas o a un inexorable peligro de desaparición. Estas figuras, contempladas en el derecho cinegético español, tenían como objetivo fundamental la protección, conservación y fomento de la riqueza cinegética, todo ello compaginado con su ordenado aprovechamiento, de tal manera que permitiese obtener para la comunidad la máxima satisfacción económica, recreativa y social, siempre compatibilizada con las posibilidades naturales de cada una de ellas.

También es digno de consideración, en el periodo que nos ocupa, el que además de las repoblaciones y medidas de protección y gestión llevadas a efecto sobre las especies autóctonas de caza mayor, tanto en terrenos del patrimonio nacional como en los de particulares, que también hubo románticos y desinteresados que se implicaron en este proyecto de recuperación e incremento cualitativo de la fauna cinegética; surgieron introducciones de otras especies foráneas, como fue el caso del muflón en el Coto Nacional de Cazorla durante el año 1953 y el del Arruí en la Reserva Nacional de Sierra Espuña en 1970, con un espectacular desarrollo de ambas especies en el mapa cinegético nacional.

Por otra parte y debido a una serie de circunstancias adversas que diezmaron los respectivos censos poblacionales del lince, lobo y oso, fueron sucediéndose las publicaciones de las correspondientes órdenes ministeriales por las que se iban declarando a los mismos como especies protegidas, a la vez que se prohibía su caza en todo el territorio nacional. Si bien el lobo, actualmente, se considera como especie de caza al norte del río Duero, y además se continúan realizando por parte del Gobierno Regional de Castilla y León los trámites parlamentarios para que la Unión Europea modifique la Directiva Hábitats con el objetivo de que las poblaciones de lobo en dicha Comunidad, al sur del Duero está sujeto a planes de gestión.

Una perla más a enganchar en el collar de la oferta cinegética española de mayor ha sido recientemente la Cabra Salvaje Mallorquina (Balearan Boc), con la debida aprobación durante 2009.

A mediados de 2010 se incorporó al elenco de las especies homologables en España una de caza menor, el zorro (Vulpes vulpes), por tratarse además de un trofeo valorado por el CIC en países europeos de reconocida tradición venatoria. Así, tras el visto bueno de la JNHTC, dicha especie pasa a homologarse oficialmente en Andalucía, con independencia de que las oportunas capturas se produzcan en cualquier terreno con régimen cinegético del territorio nacional.

En síntesis, mucho trabajo, muchos años de esfuerzos, y bastante rigor, aunque nada es perfecto.

Sin embargo nuestra sociedad urbana, en general, desconoce que la homologación de trofeos va mucho más allá de lo puramente clasificatorio para responder a las pretensiones del alter ego del cazador, del gestor, orgánico, o del propietario del coto.

De hecho, a la luz de los datos obtenidos en las mediciones, se pueden establecer, de manera objetiva, resultados que permitan ayudar a conocer la calidad cinegética de los animales, estando sus variables morfológicas directamente relacionadas con el vigor biológico del individuo que desarrolló el trofeo. De esta manera, la puntuación obtenida por el trofeo de un animal será también indicadora de la calidad del hábitat donde este se ha desarrollado, de una equilibrada estructura poblacional, tanto en relaciones ínterespecíficas como con el medio y, en definitiva, de una adecuada gestión cinegética.

Otro aspecto de transcendental importancia, a mi humilde juicio, y por supuesto muy poco aprovechado, salvo honrosas excepciones, por nuestra llamada Comunidad Científica, y que constituye la principal característica derivada de los trabajos desarrollados de Homologación de Trofeos de Caza no es otra cosa que la generación continuada de una importante fuente de datos biométricos, actualizada con las mediciones de cada temporada, donde se pueden conocer las variaciones a lo largo del tiempo de algunas mediciones como el peso de los trofeos, el diámetro de las rosetas, etc., y se consolida como herramienta fundamental para la moderna gestión cinegética que debe basarse en criterios de calidad y sostenibilidad para obtener una caza natural.

Finalmente, y dado el carácter oficial de las puntuaciones concedidas, se convierte en una herramienta más a considerar para la lucha contra el furtivismo del siglo XXI.

Sin embargo, España, que lleva más de 65 años en la Homologación Oficial de Trofeos, donde ha nacido y progresa adecuadamente el virus genérico del TODO VALE, que NO PASA NA, también lo hace en el mundo de la Homologación y alucinantemente nos ha surgido la medallitis aguda, hechas ad hoc provocando un auténtico mercado negro de medallas falsas, en el sentido de no oficiales, que algunos taxidermistas, que no están acreditados por entidad alguna para ello, ni son jueces, ni nada por el estilo —evidentemente no todos— venden a los cazadores gato por liebre, para satisfacer ipso facto las vanidades, sin ningún tipo de escrúpulo, quizás en muchos casos abusando de la confianza y del desconocimiento de cazadores sobre el significado y transcendencia de una medalla oficial, de una institución DE MAS DE 65 AÑOS como puede ser la JUNTA NACIONAL DE HOMOLOGACION, SUS COMISIONES Y EL ORGANO INTERNACIONAL REGULADOR, EL C.I.C., y ojo, al mismo coste…

Este asunto, además de constituir el fraude, que alegremente coloca el título a este artículo, y que hemos llamado DEL TIMO DE LA MEDALLITA implica cosas muy serias, como la pérdida de mediciones oficiales, la pérdida de información científica, la pérdida de los datos de la calidad del trofeo, se pierden las fincas y cotos, titulares, orgánicos etc., y posiblemente si esta farsa no se remedia, el bochornoso abandono de casi 70 años de esfuerzos de muchas personas, y serias entidades, etc.

En España se mide oficialmente, desde siempre, bajo las formulas oficiales aprobadas por el Consejo Internacional para la Conservación de la Fauna Silvestre, CIC, que es un órgano consultivo políticamente independiente que defiende la Conservación y la Caza Sostenible.

Fue creado en 1928 en Tótmegyer (hoy Palárikovo, Eslovaquia) y la Organización Internacional fue oficialmente establecida en 1930 en Paris.

EL CIC es único en su diversidad, uniendo Estados Miembros (como España), Universidades, Organizaciones, Asociaciones, así como individuos en más de 80 países.

Su misión es la de promover —a través del Globo— la caza sostenible para la conservación de la vida y las áreas salvajes, ayudar a las Comunidades y preservar nuestra herencia de caza.

Jesús Jiménez Casado

Ingeniero de Montes. Senior International Trophy Judges CIC

 

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