Cazar más o nada, esta es la cuestión

El futuro de la perdiz no está en manos de los cazadores, lo está en la agricultura ecológica.
José Luis Garrido

José Luis Garrido

03/04/2017 | 17159 lecturas

La caza en estos últimos años pasa por una compleja situación de incertidumbre como consecuencia del acoso de ciertos ciudadanos que piden la abolición de la caza en un momento en que se está produciendo una progresión imparable de algunas especies que producen daños a la naturaleza y a las personas. Los cazadores tenemos por un lado al mundo más radicalizado de la ecología —a la que se ha asociado la nueva corriente montaraz del animalismo— pidiendo a esta sociedad que finalice la caza como actividad deportiva y voluntaria, porque se matan —asesinan, dicen ellos— millones de animales de manera voluntaria y divertida. Por otro lado, la sociedad rural nos pide y amenaza con denunciar a los cazadores, porque los animales producen daños cuantiosos a los cultivos y a la ganadería.

¿Debemos cazar más de lo que lo hacemos habitualmente, como pide el entorno rural? ¿O menos… o nada, como piden los del no a la caza?

Además, en mi comunidad hay unos veinte accidentes diarios contra especies silvestres y algunas provincias como Burgos, León y Soria son las que sufren el mayor número de siniestros de este tipo de España, cada una con alrededor de cuatro accidentes diarios contra algún animal montaraz o cimarrón. Esta situación ha llevado a la Consejería de Fomento y Medio Ambiente a buscar medidas paliativas y para ello nos ha reunido a la Federación de Caza de Castilla y León y a los sindicatos agrarios para que diéramos sugerencias y para procurar acciones más dinámicas de control de las especies desproporcionadas.

Hemos dado varias pautas para agilizar los procedimientos de control, para poder aplicar métodos y modalidades conjuntas que requieren adaptación en las futuras órdenes de caza, así como otras medidas de índole diferente. Un problema adicional a esta multiplicación atípica de ciertas especies a controlar es la cada vez más escasa plantilla de los cazadores o controladores, porque en este momento hay muy poco que invite a un joven a enrolarse en un deporte tan caro de practicar en Castilla y León. Y aquí tiene algo que decir la administración de la comunidad donde ser cazador requiere pagar las mayores tasas de España por el examen del cazador de primera licencia, por obtener la licencia de caza anual y por otros pagos cíclicos. Las tasas por cazar son las más caras de España en una de las comunidades más pobres.

Una pregunta en voz alta

La caza tiene muchos contrastes y en la actual situación nos produce a los cazadores un dilema. ¿Debemos cazar más de lo que lo hacemos habitualmente, como pide el entorno rural; o menos, o nada, como piden los del ¡NO a la caza!? Entiendo que estos últimos piden que no se cace, porque no tienen nada que perder en el mundo rural del que, con carácter general, desconocen todo. Estos ecologistas y afines deberían ser contestados por quienes sufren los efectos de alguna sobrepoblación de especies dañinas o por sus representantes legales, que suelen tener bastante voz y contundencia solicitando otros derechos legítimos de estos agricultores y ganaderos, lo que nos alegra.

En esta dicotomía, los cazadores lo somos por voluntad propia y queremos cazar sin agobios, aunque en estas situaciones de necesidad de control no nos queda otro remedio que hacer lo posible para limitar los daños, ya que el código civil y todas las leyes de caza nos asignan la responsabilidad de esos daños a los titulares del coto o del aprovechamiento cinegético. Pero tampoco puede ser una actitud eterna, ya que cazar nos cuesta esfuerzo —a veces poco placentero—, necesita muchos tiempos y cada vez requiere más dinero; por ello, no todos los cazadores están dispuestos a cazar más y desajustar sus situaciones familiares, económicas y laborales.

El cazador no es el culpable, pero lo parece

Quiero poner el acento cercano sobre este asunto que se repite en casi todo el país donde aún abundan los jabalíes, los corzos, o los conejos —que no es todo el territorio, ni mucho menos— y a la vez donde desaparecen las perdices por la agresión del medio ambiente, que desgraciadamente ocurre en todo el territorio español. En esta comunidad de Castilla y León y en casi toda España, cada temporada hay menos perdices y liebres, pero hay más conejos, más torcaces y palomas bravías, más jabalíes, más corzos, más venados y más lobos. Se conjugan daños de unas especies con evidentes ausencias de otras. Sin embargo, los cazadores hemos cazado con las mismas actitudes y maneras previas que cada especie requiere; tras las escasas lo hacemos con mesura y control y con las especies muy pobladas con el mayor ímpetu, intensidad y tiempo posible.

Los cazadores no somos los culpables ni del exceso de unas especies, ni del declive de las otras

A pesar de esto, unas siguen creciendo desmesuradamente y otras están en declive absoluto, como la perdiz roja y en menor cuantía la liebre, lo que nos lleva a la conclusión sencilla de que no somos los culpables, ni del exceso de unas, ni del declive de las otras. Hemos escrito mucho sobre esto tanto en la revista FEDERCAZA, como en otros medios y hemos argumentado por qué están desapareciendo las perdices silvestres y las liebres y hemos informado también de las razones por las que aumentan sin mesura los corzos y jabalíes y de cómo se podrían reducir los accidentes en la región. Pero sobre esto escribiremos próximamente y se lo plantearemos previamente a las autoridades y a los representantes de los agricultores.

Recuperación de perdices en hábitat ecológico y sostenible

Las aves y demás especies del medio agrícola solamente se recuperarán si se encuentran en un ambiente donde la agricultura empiece a convertirse en ecológica y no en una trampa mortal para ciertas aves que comen semillas blindadas y sus parcelas de anidamiento y cría son tratadas intermitentemente con rociadas de biocidas mortales. Sin olvidar que las perdices y otras especies cazables solo se recuperarán si, además, cazamos con mesura. No deseo culpar a los agricultores que utilizan métodos y productos permitidos y eficaces, buscando el rendimiento más digno a su trabajo para poder subsistir en el medio rural. Alguno ya ha optado por agricultura ecológica.

La agricultura ecológica es una elección cada vez más aceptada y lo sería más aún si los poderes públicos la intentaran potenciar

La agricultura ecológica es una elección cada vez más aceptada y lo sería más aún si los poderes públicos la intentaran potenciar, haciéndola más apetecible para el agricultor. De momento solo se practica en el 5% del territorio español. Produce más o menos lo mismo una hectárea de cebada con agricultura ecológica que otra con la tradicional, aunque tiene algo más de laboreo, pero está subvencionada en España, aunque habría que comprobar si esa cantidad actual es suficiente para hacerla apetecible. Ese tipo de agricultura tiene virtudes excepcionales para las especies asociadas al medio agrícola. Hay más ejemplos, pero pongo este que sigue de mi provincia.

En su tesis doctoral Pérez Garrido JA. (2008) hace referencia a unos trabajos realizados por varios técnicos en la finca Matallana (327 ha), de la Diputación Provincial de Valladolid, sobre perdiz roja silvestre y a la vez haciendo experimentos comparativos con perdices de granja. La agricultura de esa finca cerealista es ecológica totalmente. Esos técnicos iniciaron con las perdices silvestres de la finca varias actuaciones de gestión del hábitat desde 1995, cuando disponían en la finca de un censo en primavera de 36 perdices (9 parejas y 18 solteros). Tras 10 años de buena gestión y cazando a partir del 5º año el 20% de las poblaciones existentes en otoño, en 2004 el coto tenía en primavera 90 perdices (35 parejas y 20 solteros). Se habían multiplicado prácticamente por cuatro las parejas de perdices en los censos de primavera.

Las poblaciones de perdiz roja en otoño eran en el año 1995 de 51 individuos y en el 2004 de 265 perdices (0’8 perdices/ha), por tanto se habían multiplicado las poblaciones precaza en estos diez años el 520%, pues se multiplicaron por (5’2) aun cazando un 20% de ellas. En el experimento para conocer la efectividad de las repoblaciones de perdiz roja se marcaron 126 perdices procedentes de granja cinegética comercial y 152 silvestres, con collares emisores de radioseguimiento a lo largo de seis años y en distintas épocas del año (verano, otoño y primavera). La práctica totalidad de perdices de granja desapareció en tres meses y ninguna perdiz nacida en cautividad, ni de granja ni silvestre, consiguió sobrevivir el tiempo suficiente como para criar en el medio natural, debido a no saber defenderse de los predadores. Sin embargo, algunos ejemplares del lote de perdices silvestres nacidas en cautividad, a través de incubación natural y criadas por sus padres, se incorporaron al plantel reproductor de la finca experimental y consiguieron sacar adelante en años sucesivos varias polladas en libertad. El experimento permitió comprobar el efecto negativo de las repoblaciones sobre las perdices rojas autóctonas, al incrementar la presión de predación sobre éstas.

Haciendo gestión sobre las perdices silvestres (hábitat y predadores), controlando las capturas y sobre todo disponiendo de agricultura ecológica, se pueden multiplicar las perdices. Y si además llueve a tiempo la perdiz podría recuperarse en España. Gestión adecuada, control de capturas y caza sostenible hacemos en muchos cotos y hay años que llueve a tiempo, pero la perdiz va a menos. Luego la llave la tiene el medio ambiente agrícola, donde aún quedan perdices silvestres.

Agricultura ecológica

El futuro de la perdiz roja no está en manos de los cazadores, lo está, sin duda, en las de las administraciones que pueden potenciar la agricultura ecológica.

No hay cultura de cambio en la sociedad en general, ni en los productores agrícolas, ni en los consumidores

No hay cultura de cambio en la sociedad en general, ni en los productores agrícolas, ni en los consumidores. La administración paga alrededor de 180 €/ha por hacer agricultura ecológica, pero no parece suficiente. Tras veinte años de esta agricultura bondadosa en España hay casi dos millones de hectáreas de agricultura ecológica que aumentan a razón de unas cien mil hectáreas al año. Somos el principal productor de productos ecológicos de Europa, aunque van casi todos para Alemania. Necesitamos aumentar superficie porque el 95% del terreno agrícola español aún no es ecológico y somos el país que consume más insecticidas y herbicidas de Europa como comenté en otro artículo anterior (3ª y 4ª petición) (1).

De la agricultura ecológica hablaremos en el futuro inmediato, porque creemos que en ella está la salvación de la perdiz roja. Llevo seis años denunciando los efectos perniciosos y comprobados de insecticidas analizados que mataban a las treinta y dos perdices del ensayo (2). Algunos han sido prohibidos temporalmente, pero porque además matan a las abejas imprescindibles para la polinización, como el imidacloprid y otros de esa familia, o el fipronil. Este año pueden prohibirlos para siempre y también al glifosato, herbicida total y cancerígeno.

La agricultura ecológica prohíbe todos estos productos: insecticidas, fungicidas y herbicidas que son sustancias tóxicas que envenenan a la fauna, a los hongos y a las plantas. Solo admite elementos naturales de fermentaciones y herbicidas orgánicos, así como sales de metales y no metales alternativos. No admite tampoco abonos químicos artificiales, que se sustituyen por abonos animales que no pertenezcan a cría intensiva. Son procedimientos algo más costosos pero se obtienen rendimientos iguales que con la agricultura actual. Ahora que están negociando la PAC de más allá del 2020, podrían potenciar la agricultura ecológica procurando que los que se dediquen a ella no pierdan dinero. Sin duda unas formas de producir que nos hacen soñar y que todos los cazadores conservacionistas queremos, pero ya para nuestros hijos y nietos.

Tampoco es el cazador culpable de los accidentes

A lo que tenemos que buscar explicación en Castilla y León es a que seamos la comunidad que sufre la mayor accidentalidad de España, pero por causas ajenas a las poblaciones. No creo que los jabalíes y corzos de Castilla y León sean aquí más lerdos que en otros puntos de España. Los accidentes no son proporcionales a las poblaciones según hemos calculado varios años, por lo cual, la situación es muy injusta para algunas comunidades. En Castilla y León se producen un tercio de los accidentes provocados por el jabalí en España y las capturas en esta comunidad sólo representan la décima parte. También se producen el sesenta y tres por ciento de los accidentes sobre cérvidos y las capturas de estas especies son solamente el 11’25%.

Los cazadores españoles estamos ante dos problemas, uno por defecto de especies y otro por exceso

Algunos datos para analizar. En 2014 el número de conductores españoles ha sido 26.217.202, el de vehículos de 30.976.047 y el de km de carreteras interurbanas 166.284 Km. Las poblaciones de jabalíes en España, que pueden coincidir en el momento inoportuno en la carretera con esos vehículos o con otros tantos que conducen los extranjeros, no son conocidas. Existe entre cazadores una especie de regla nemotécnica por la que se estima, a groso modo, el número de jabalíes que hay en un territorio en función de los que se cazan, que es el dato que estimamos con más precisión. Se dice entre jabalineros que de los jabalíes de un territorio sacamos a tiro un tercio de las existencias y de ese tercio abatimos una tercera parte. Si atendiéramos a este comentario multiplicando por nueve las capturas (288.235 en la temporada 2014-15) nos acercaríamos a las posibles existencias de jabalíes en ese año en España que superarían los dos millones y medio. La distribución del jabalí en España es muy irregular pero siempre proporcional a las capturas. Donde hay muchos se cazan más que donde hay pocos menos; y quiero significarlo aunque parezca de Perogrullo. Por comunidades autónomas el liderazgo nacional de capturas corresponde a Castilla-La Mancha que ha cazado en las quince temporadas últimas 484.826 jabalíes (16’67 % del total), segunda Andalucía con 439.843 (15’13%), tercera Aragón con 410.236 (14’11 %), cuarta Cataluña con 403.580 (13’88 %) y la quinta, ya a cierta distancia de estas cuatro, Castilla y León con 295.318 jabalíes (10’16 % del total). ¿Por qué entonces de los 5.480 accidentes contra jabalíes que la DGT contabilizó en 2011 en España, en Castilla y León 1.836, el 33’5% de los accidentes?

¿Por qué ese mismo año 2011 —último en que las estadísticas de la DGT incluyeron los accidentes contra animales silvestres— se dieron en España 4.833 siniestros contra cérvidos (venado y corzo principalmente) y en Castilla y León nada menos que 3.033 el (62’8%) de esos accidentes? En España ese año se cazaron 130.800 venados y 30.000 corzos (160.000 cérvidos) y en Castilla y León 8.700 venados y 9.300 corzos (18.000 cérvidos) que representan el 11’25% de los cazados en España. Es cierto que aquí la mayoría de accidentes son contra el corzo y de esta especie se caza en esta comunidad el 31%, pero de venado solo es el 6’7%. En cualquier caso, hasta el 62% de los accidentes será por culpa de las carreteras, y en algún caso será de los conductores. También puede haber algún accidente provocado por movimientos debidos a cacerías colectivas.

De esto hablaremos también en esta sección en un futuro cercano, buscando ciertos tratamientos forestales y agrícolas, ya conocidos por todos, que son necesarios en el interior de los montes y sobre todo en los bordes de las carreteras, pero no solo las que pasan entre montes, sino las que lo hacen entre los maizales, que te golpean en el retrovisor cuando te cruzas con otro vehículo.

Los cazadores españoles y mayormente los de Castilla y León estamos ante dos problemas, uno por defecto de especies y otro por exceso. ¿Seremos nosotros los culpables o lo son quienes gobiernan que deberían responder por qué no impiden que para vivir del campo no haya más remedio que apestarle con insecticidas, herbicidas y maizales o girasoles hasta las cunetas? ¿Por qué las poderosas empresas de la peor química no quieren poner en el mercado otros productos, ni el gobierno hace lo posible para que el agricultor pueda hacer agricultura ecológica, sin que pierda dinero en el empeño? A ver qué dicen sus señorías.

Y a ver si llueve a tiempo y en mayo ya podemos coger setas.

José Luis Garrido
Presidente honorífico Federación de Caza Castilla y León
Director honorífico de la Escuela Española de Caza
Ex Director general de la fundación FEDENCA-RFEC

Modificado del artículo publicado en FEDERCAZA,- Abril 2017

José Luis Garrido: Modalidades y Métodos de Caza (2ª Ed. Junio-2015) Edita: Federación de Caza de Castilla y León. (www.fedecazacyl.es, correo electrónico autonomica@fedecazacyl.es)

 

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