El lobo y su problemática en Euskadi

El lobo (Canis Lupus) es uno de los mamíferos más ampliamente distribuidos por el mundo y lleva presente en nuestro planeta desde hace dos millones de años. Originariamente ocupaba todo el hemisferio norte por encima del paralelo 20.

Julen Rekondo

Julen Rekondo
Químico, periodista especializado en temas ambientales, Premio Nacional de Medio Ambiente 1998 y asesor de la ONC

08/03/2016

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El ser humano ha modificado su área original de distribución y le ha conducido en numerosos lugares al borde del exterminio, especialmente en Norteamérica y Europa. En el País Vasco ha estado presente desde épocas milenarias, aunque desapareció y reapareció a finales de los años 80 procedentes de poblaciones asentadas en Burgos y Cantabria. Actualmente, el lobo en el País Vasco no se considera una especie cazable pero está sometida a control poblacional para minimizar los daños al ganado, habiéndose autorizado en los últimos años por las Diputaciones Forales de Vizcaya y Álava, competentes en la materia, diversas batidas por parte de sociedades de cazadores, provocando las protestas de diversos grupos ecologistas.

Actualmente, el lobo en el País Vasco no se considera una especie cazable pero está sometida a control poblacional para minimizar los daños al ganado

La situación del lobo ha sufrido un espectacular vuelco en los últimos 40 años en la península Ibérica. Las batidas y los cebos de estrictina sembrados en los montes durante los años 60 y 70, pusieron contra las cuerdas a esta especie. Refugiados en el noroeste peninsular (montañas de Galicia, Zamora, León, Asturias y Palencia esencialmente), los últimos ejemplares de lobo ibérico aguardaron la llegada de tiempos mejores. Desde allí, desde sus cuarteles de refugio, iniciaron hace tres décadas una indiscutible expansión geográfica. Son lobos jóvenes, capaces de recorrer 80 kilómetros al día, que buscan nuevos territorios de asentamiento una vez expulsados de sus manadas de orígenes; sus zonas de colonización potencial son el este y el sur peninsular, según los expertos.

¿Cuáles son las razones de ese crecimiento? Se pueden apuntar un par de razones, principalmente. En primer lugar, el abandono de la montaña por el ser humano. El bosque se enmaraña, deja de ser explotado por los lugareños y permite al lobo moverse a sus anchas. La consecuencia de ese abandono sería un espectacular incremento de las poblaciones de jabalíes y corzos, dos excelentes bocados para el lobo. Por otra parte, ha sido el afortunado desuso del veneno el que ha permitido que los lobos no encuentren esta muerte traidora.

Por desgracia, ovejas, cabras y hasta potros y vacas, entran también en su dieta. El problema del lobo es ése, su violenta intrusión en la vida de los ganaderos. Y los pastores no aguantan más.

El regreso del lobo

El lobo es uno de los animales salvajes presentes en territorio vasco desde épocas milenarias, ya que pertenece a la fauna que pobló el territorio vasco desde muy antiguo, según relata Jesús Mª Garayo, en el artículo titulado “Datos sobre la rarificación, extinción e intentos de reasentamiento del lobo en Euskadi”, publicado en “Naturtzale” en 2003, con la colaboración de Eusko Ikaskuntza. Si bien la frecuencia de restos paleontológicos proporcionados por este animal es muy escasa en territorio vasco, ello no ha de resultar sorprendente por las dificultades que presentaba su captura en tiempos primitivos y en cualquier caso, por no entrar su carne en la dieta alimenticia humana. La escasez de restos parece indicar también que el lobo y los primitivos cazadores vascos, escasos numéricamente, compartieron los abundantes recursos existentes sin mantener apenas relaciones mutuas.

Los naturalistas sitúan el origen de la fobia del hombre contra el lobo en la transformación de los hombres primitivos de cazadores en pastores y agricultores

Las hostiles relaciones entre lobo y hombre vasco poseen remotas y profundas raíces. Los naturalistas sitúan el origen de la fobia del hombre contra el lobo en la transformación de los hombres primitivos de cazadores en pastores y agricultores. Las primeras formas de economía ganadera y agrícola se desarrollaron de manera tardía en territorio vasco. Si bien la economía de caza mantenía aún su importancia, la domesticación del ganado ovino, caprino, vacuno y porcino dio paso hacia el 3.500 a. de C., a una economía de producción llamada a expandirse de forma creciente en el futuro. Dentro de este contexto, el lobo se convirtió, por su fuerza, inteligencia, velocidad, comportamiento social, resistencia y en definitiva por sus condiciones de hábil depredador, en uno de los competidores más inteligentes en la búsqueda de carne y en el adversario más importante que el pastor vasco encontró en su estrategia de aprovecharse de los recursos forrajeros montanos.

La persecución del lobo adoptó en el proceso histórico un carácter autoorganizativo en territorio vasco y presentó durante siglos un ámbito predominantemente local. Este carácter preferentemente municipal en el proceso de regulación y control del cánido salvaje, sin embargo, se modificó en el siglo XIX, momento histórico, en el que las instituciones forales, que hasta entonces, habían desempeñado un papel secundario y puntual, se involucraron en la erradicación del cánido salvaje de manera sistemática e impulsaron la lucha contra el lobo como un objetivo de carácter permanente en el tiempo.

Las Juntas Generales de Bizkaia adoptaron un acuerdo en esta dirección en sesión celebrada el 25 de junio de 1814 (A.T.H.B., J-00685/117) y las de Álava, en noviembre del mismo año (A.T.H.A., Actas de las JGA, nº 60, 201-201 vto.), mientras que las de Gipuzkoa no se incorporaron a esta línea de actuación hasta la segunda mitad del siglo y con interrupciones (AHTG, JD, AJI, 12/8 y 12/3; A.H.T.G., JD, IT, 1817 a/4). La razón principal, que impulsó a las Juntas Generales de territorio vasco a destinar de sus fondos principales una cantidad anual para potenciar la persecución del lobo, fue eminentemente económica: el impulso de la riqueza ganadera.

Es a finales de los años 80 cuando el lobo reaparece en tierras vascas procedente de las poblaciones asentadas en Burgos y Cantabria, y cuando comienza a ocasionar daños sobre rebaños, lo que crea un clima de alarma y conflictividad social.

Actualmente se está elaborando un censo sobre la población del lobo en el País Vasco. Y, aunque se han visto lobos aislados en Vizcaya, no se tiene constancia de manadas asentadas en la comarca de Carranza. En Alava, las poblaciones se extienden de Sierra Salvada a Sierra Guibijo y han colonizado también Valderejo.

En Castilla y León, se finalizó el censo del lobo ibérico hace unos meses. Dicha comunidad agrupa el 60% de todos los ejemplares que viven en el Estado Español. El conteo, dirigido por el biólogo Mario Sáenz de Buruaga, estableció la existencia de 179 manadas moviéndose por el territorio castellano-leonés lo que arroja una cifra estimada de 1.611 ejemplares. Extrapolando estos datos al resto del Estado se llega a la cifra de 2.700 lobos. Concretamente, 200 ejemplares más que en 2001, año del último censo completo. Entonces los trabajos de campo establecieron la cifra de 2.500 lobos.

El lobo en el País Vasco no se considera una especie cazable pero está sometida a control poblacional para minimizar los daños al ganado, habiéndose autorizado en los últimos años por las Diputaciones Forales de Vizcaya y Alava, competentes en la materia, diversas batidas por parte de cazadores, provocando las protestas de diversos grupos ecologistas, pero muchísimas menos que comunidades autónomas como Castilla y León donde han podido abatirse 140 lobos en el último año.

Verificaciones de daños

A la hora de analizar el impacto de los ataques de los lobos las bajas no deben compararse con los censos globales, ya que el lobo no se encuentra distribuido homogéneamente por todo el territorio y sus ataques se concentran sobre algunas explotaciones extensivas, muchas de ellas dedicadas a procesos de mejora genética y a producción quesera, en las cuales las afectaciones pueden suponer un porcentaje importante de sus renta.

Las verificaciones de los daños las realizan de manera profesional las Diputaciones Forales a través de personal cualificado adscrito a una empresa colaboradora de las administraciones en esta materia

Actualmente en el País Vasco las verificaciones de los daños las realizan de manera profesional las Diputaciones Forales a través de personal cualificado adscrito a una empresa colaboradora de las administraciones en esta materia. La formación y experiencia del equipo de trabajo encargado de las tareas de peritaje (lleva realizando el seguimiento de la especie en Euskadi de manera continua desde 1.992), aunque el servicio de peritajes se torna ya oficial a finales de 1.999, y el hecho de que los técnicos se personen en el lugar de los hechos en un muy corto espacio de tiempo tras la recepción del aviso (alrededor de 90 minutos, muchas veces en menos tiempo), son factores que contribuyen a que el diagnóstico, complejo en la mayor parte de las ocasiones, se vea facilitado.

Por otro lado, no hay que olvidar que en Alava se indemnizan los siniestros protagonizados por el lobo, lo que obliga, en cierto modo, a que la mayor parte de los peritajes deban concluir en un diagnóstico que permita resolver adecuadamente los expedientes. Concretamente, la Diputación Foral de Alava, sin duda el territorio vasco más afectado por los lobos, se conceden indemnizaciones a los ganaderos por los daños causados por los cánidos con una cuantía del 100%, y se otorgan también subvenciones para la compra de mastines (por cada 100 ovejas), y se autorizan batidas organizadas por los montes como medio de controlar las poblaciones de lobos que causan daños.

En el caso de la Diputación Foral de Bizkaia, en donde se puede decir que el número de ataques hasta el momento ha sido menos que en el territorio alavés, se concede una subvención importante a los ganaderos por el pago de un seguro que, además de los daños del lobo, cubre otro tipo de accidentes. Se han autorizado también batidas, sobre todo en el entorno de Orduña y valle de Carranza. También se apoya a los pastores en la defensa de los rebaños con cercados y mastines. En el caso del territorio guipuzcoano, se ha dado solamente de forma esporádica la presencia de algún lobo en los últimos años.

La introducción de mastines como medida de protección ha sido una de las medidas que desde las diputaciones forales se ha valorado muy positivamente.

La mayor parte de los expedientes se corresponden con ataques del lobo. Ello no quiere decir que no se registren también casos de ataques provocados por la acción de perros descontrolados. Lo que ocurre es que, por regla general, para la verificación de estos siniestros no son requeridos los servicios de la empresa colaboradora, ya que se suelen resolver de manera particular con el dueño de los perros o vía compañía aseguradora.

Pero lo más importante es que el sector no quiere subvenciones, lo que quiere es desarrollar su actividad y no ser atacado. Solo la sesgada visión del medio rural que se puede tener desde los habitantes de “ciudad”, puede originar comentarios como “de qué se quejan los ganaderos si se les pagan las ovejas, vía subvención o el cobro del seguro”.

Presente y futuro del lobo

El sector no quiere subvenciones, lo que quiere es desarrollar su actividad y no ser atacado

No cabe duda de que el tema del lobo no genera indiferencia ni posturas intermedias. Hoy en día existen distintos modos de mirar al cánido salvaje: algunas organizaciones ecologistas que adoptan posiciones “fundamentalistas” de que hay que preservar la existencia del lobo a “pesar de los pesares”, hasta otros sectores, entre los que me encuadro, partidarios de una gestión racional para controlar la especie. Para muchos ganaderos, el lobo es un animal al que se rechaza frontalmente, y defienden su exterminio o al menos su desaparición de las zonas en que sus ovejas pastan. Los ganaderos no se han cansado de repetir en los últimos años la frase “o las ovejas o los lobos”, sin más rodeos.

Por su parte, desde las Diputaciones Forales, competentes en la materia, ya se ha descrito anteriormente las diversas medidas e iniciativas que han puesto en marcha en los últimos años.

Sin duda, el lobo es una animal complejo para el que no hay soluciones simples, ni en Euskadi ni en ningún lugar del mundo.

En mi opinión, en pleno siglo XXI no se puede decir al sector ganadero que debe volver a vivir como en el siglo XIX, y es necesario asumir que, a pesar de que se adopten todas las medidas de control, el alto número de lobos existentes en las comunidades limítrofes va a haber ataques. Ahora bien, habrá que aceptar que deben existir zonas en las que sus conflictos con la ganadería extensiva hagan que este animal no tenga que estar presente. La ganadería extensiva, representada principalmente por la oveja latxa, es una actividad íntimamente unida a la cultura del pueblo vasco, y no sólo constituye un medio de vida importante para la población rural, sino que desempeña un papel fundamental en la conservación del medio natural. Y lógicamente no puede desaparecer por el lobo.

Julen Rekondo
Químico, periodista especializado en temas ambientales, Premio Nacional de Medio Ambiente 1998 y asesor de la Oficina Nacional de Caza, la Conservación y el Desarrollo Rural

 

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