Animalistas y prestigio de cazador

Esta sociedad, incluidos los animalistas, elimina millones de animales.

José Luis Garrido

José Luis Garrido

26/08/2015

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Cuando cazaban mi abuelo, desde 1920, y mi padre, desde 1935, ser cazador tenía un prestigio social tanto en el medio urbano, donde eran cazadores casi todos los dueños de fincas, como en los pueblos donde tenían escopeta los que podían comprarla, que eran unos pocos.

En cualquier pueblo, la agricultura era la mayor fuente de empleo, pero el salario del jornalero del campo no daba para escopeta. En los pueblos podían costearse un arma el señor cura, el médico, el boticario, el hacendado y cualquiera que tuviera una actividad u oficio que supusiera un salario en moneda que permitía pagarla, como era el caso de mi familia ferroviaria.

En aquella época de tanta penuria me contaba mi padre que iba de caza y le salían dos o tres pretendientes pidiendo por favor acompañarle para ayudar a traer la caza

En aquella época de tanta penuria, finalizada la guerra civil, me contaba mi padre que iba de caza y le salían dos o tres pretendientes pidiendo por favor acompañarle para ayudar a traer la caza, que a veces era muy poca. El morralero sabía que las liebres, perdices y conejos no estaban para regalar, pero si de un tiro caían tres o cuatro gazapos, que él limpiaba en un pispás, al final se llevaba un conejo a casa, o el zorro (que también se lo comían) o alguna paloma si caían muchas en el disparo.

Volver de caza con la alforja preñada y las patas de la rabona a la vista, era una entrada triunfal en el pueblo, tanto para el cazador, como para el auxiliar que se sentía también protagonista de la hazaña. En mi pueblo, unos 600 habitantes, había al finalizar la guerra (1939) solamente tres cazadores: mi abuelo, mi padre —con escopeta y máuser por ser somatén—, y un labrador del pueblo, que se mantuvieron hasta casi 1950 en que salieron dos escopetas más. En España ya había 195.000 cazadores en este año.

Veinte años después, la célebre Ley 1/1970 de caza aún en vigor, agitó la sociedad cazadora y rural que empezaba a disponer de dinero para escopeta. La nómina de cazadores pasó a 662.500 en 1970 y comenzó el acotado de España, que llegó a los 30.000 cotos en 1980 y un salto de la afición hasta los 1.152.700 cazadores. La caza tenía prestigio y en los pueblos todo el mundo quería ser cazador, «como los forasteros que vienen aquí». Así llegamos al culmen de la cinegética en España, en 1990, cuando estábamos enrolados y con licencia 1.443.514 cazadores.

Afinidad con la ecología

Coincidía hacia 1970 un movimiento mundial progresista y libertario que pedía el fin de la guerra de Vietnam, que por fin se produjo en 1975. En Estados Unidos a finales de los años sesenta y con esa guerra en marcha, nacía el movimiento Hippie que pasó rápido a Europa y era antibelicista y preocupado por el medio ambiente; además, recomendaba «hacer el amor y no la guerra», algo que agradecíamos todos los jóvenes y ahora pienso que entonces también lo agradecerían mucho más los mayores.

Un movimiento que odia las armas y le preocupa el medio ambiente rápidamente encuentra como diana a los cazadores

Un movimiento que odia las armas y le preocupa el medio ambiente rápidamente encuentra como diana a los cazadores. Y así fue, a pesar de lo que amamos a la naturaleza todos los cazadores —por eso nos embadurnamos de ella cuando podemos—, se erigieron los ecologistas como únicos custodios de la misma. Y nosotros nos quedamos a verlas venir. Esos grupos tomaron posiciones contra nuestra actividad —algunas veces cargados de razón debido al comportamiento de algunos cazadores–, y de entonces acá, todo han sido sobresaltos y algunos momentos de concordia.

Desde el mundo de la caza y la mayoría de los sectores conservacionistas serios, en estos últimos veinte años hemos intentado crear puentes, porque hay mucho más que nos une que lo que pudiera separarnos, pero la situación actual de desguace de la Federación ha roto uno de los pilares de la concordia. Recuerdo la llegada a la Escuela Española de Caza y unos años después a los proyectos de FEDENCA de tanta gente del mundo de la ecología, que veía con respeto el esfuerzo de los cazadores organizados por «cazar el saber para saber cazar». La práctica totalidad de los profesores o investigadores eran científicos de todas las universidades y la mayoría de los componentes de la ecología seria estaban encantados de participar en los cursos de medio ambiente que organizábamos en la Escuela de los cazadores.

Animalistas

Recientemente ha irrumpido en la escena una corriente que no tiene nada que ver con la ecología; son los animalistas. Los animalistas templados tienen un comportamiento aceptable y con algunos hemos tenido colaboraciones fructíferas. Pero con la gama dura del animalismo radical y sainetero es muy difícil entenderse. Nos parece desproporcionado comparar y sobreponer los derechos de cualquier animal aislado con los de un Medio Ambiente mejor para todos sus componentes —especialmente para las personas—, que un fin de la ecología.

En ese medio, el lobo, el perro y el león tienen su espacio, pero sin prevalencia sobre otros componentes de ese medio y, desde luego, nunca sobre las personas. Ha habido tres espectáculos circenses y esperpénticos recientes con la muerte por diferentes motivos de tres animales: El lobo Marley, el perro Excalibur y últimamente el león Cecil, que en algún caso hemos sentido todos. Algunos de los agitadores de este espectáculo no lo hacen a humo de pajas; andan buscando empleo y quieren sobresalir en esos nuevos círculos que irrumpen en el poder más moderno, cometiendo barrabasadas como destrozar propiedades o soltar al medio ambiente los animales de una granja con el deseo de hacer ver que son gentes «de rompe y rasga» y eso debe pagarse con un hueco en plantilla y nómina.

El ciclón de las redes sociales dimensiona hasta la mayor desproporción posible cualquier movimiento alrededor de algunos hechos, a veces lamentables, y quienes lo lideran juegan a excitar los sentimientos de sus creyentes, que acaban insultando a coro y maldiciendo a cualquier persona que en su libertad actúe en contra de sus criterios o solo por el hecho de tener una afición que no les gusta. Algunos son auténticos talibanes del animalismo más radical, con un perfil que asusta, por lo que son capaces de decir, pero sobre todo de hacer.

Dicen amar a los animales y a la vez escriben que brindan cada vez que un cazador muere en accidente y burradas de este tipo

Dicen amar a los animales y a la vez escriben que brindan cada vez que un cazador muere en accidente y burradas de este tipo. Estigmatizan a cualquiera y ponen un sambenito, como la santa inquisición, a quienes hagan diana de su odio. Crean violencia sin mesura y no sé hasta dónde vamos a llegar después de ver el atentado contra nuestra Federación de Castilla y León y los reiterados contra nuestra Delegación Provincial de Soria por unos delincuentes comunes, que aún no los tiene controlados la policía. Todos estos sujetos hay que llevarlos al siquiatra o directamente al juzgado de guardia porque hay ilícito penal.

A ningún cazador le van a inducir más cariño por sus perros, ni le van a hacer compadecerse del sufrimiento animal innecesario, porque esos sentimientos forman parte de nuestra alma de cazador racional. Tampoco nos van a amedrentar. Practicamos una actividad reglada y encorsetada por la ley y cumplimos con todos los preceptos requeridos. Aceptamos otras posturas racionales, pero exigimos respeto por nuestros derechos irrenunciables. No debemos permitir que nos desprestigien gentes de ese perfil tan zafio. Personalmente, y ustedes perdonen, voy a defender, con mi comportamiento ético y deportivo, seguir siendo una persona orgullosa de ser cazador y de prestigio, igual que lo fueron mi padre y mi abuelo, además de ser un hombre «en el buen sentido de la palabra bueno». Porque es mi ilusión y es mi derecho. Y lo puedo decir a voces en la plaza de mi pueblo.

La caza no se va a abolir por mucho que griten, porque es una herramienta medioambiental imprescindible para uso de esta sociedad, que la necesita para regular poblaciones que, en exceso, producen daños que pueden ser inconmensurables y en caso de saturación y plaga, además, acaban autodestruyéndose. Por otro lado, la caza es un derecho al ocio de quien la practica, sirve de alimento y genera mucha riqueza. Parece absurdo que alguien insulte y pida que no se cace deportivamente y acepte la caza llamada eufemísticamente control poblacional, que hacen funcionarios, que cobran del erario público por los mismos resultados por los que nosotros pagamos. Esto forma parte de la irracionalidad y el esperpento de ciertos comportamientos.

Muerte de animales

No sé si es por ignorancia, o porque los animalistas tengan sus clasificaciones de los animales adaptadas al postulado de Orwell «todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros»; no lo sé y lo pregunto, porque matar animales es algo rutinario para esta sociedad, incluidos en ella los que nos insultan porque abatimos especies de caza. Todos matamos animales y los animalistas también. Unos nos son indiferentes, como los miles de insectos que pisamos o matamos con el coche, a no ser que vayamos como la secta jainita que lleva una escobilla para retirar del paso a cualquier hormiga, gusano o bichito. Otros millones de animales molestos o nocivos, como los roedores, son envenenados y exterminados en cualquier ciudad o pueblo, porque así lo exigimos los vecinos, incluidos los animalistas. Un tercer grupo lo constituyen todos los animales comestibles, mamíferos, aves, peces y moluscos.

En España se matan cada mes unos sesenta y ocho millones y medio de animales de tierra entre aves y mamíferos

En esos tres grupos están incluidos muchos miles de millones de animales. En España se matan cada mes unos sesenta y ocho millones y medio de animales de tierra entre aves y mamíferos. Estas cantidades suponen unos ochocientos dieciséis millones de animales sacrificados cada año para comer, además de mil doscientos sesenta y cinco millones de kg de pescado y marisco, que suponen varios miles de millones de animales más.

¿Qué diferencia hay entre esas cantidades ingentes de animales sacrificados para la alimentación y los veinte millones de piezas de caza que abatimos los cazadores cada año, también para comerlas? Los cazadores también comemos la caza y además transformamos nuestra actividad en dinero. El hombre primitivo cazaba una res y comía su familia durante una semana. Ahora con el dinero que genera esa res aunque sea la más barata —cada jabalí cazado induce unos 400 euros de media—, come y se mantiene una familia todo el mes.

Si por su abundancia y posibilidades como alimento, algunos animales van a morir, debemos conocer que las piezas de caza por ser especies libres han vivido todos los años de su vida con el bienestar animal que ofrece la naturaleza, incluidas muchas mejoras que aportamos los cazadores en los cotos; cosa que no podemos asegurar, pero no discutimos, para otros animales que mueren para mantenimiento de esta sociedad o viven desnaturalizados, como mascotas de estos animalistas tan radicales.

José Luis Garrido
Publicado en FEDERCAZA, septiembre 2015

3 comentarios
28 ago. 2015 09:48
Broker
Como siempre, José Luis, certero artículo.
29 ago. 2015 19:45
ALEPUS
ALEPUS ««“La suerte con un perro, también depende de si el can la encuentra en su amo” »»
Los animalista han abierto una gran brecha que nos ha separado o nos está alejando del ecologismo serio, ojala sea solo una apreciación personal.
“En el termino medio está la virtud” frase de Aristóteles según he visto en Wikipedia. En asuntos de caza o de otra índole lo enfoco de otra manera “En el sentido común está la virtud”, quiero decir con esto, que el sector de la caza tenemos que hacer urgentemente renovaciones sicológicas en nuestra forma de “vender” nuestra afición a una sociedad de se deja llevar por quien mejor comunica usando la gota malaya. No podemos defender la caza como tal y como hay que entenderla en al siglo XXI, mientras nosotros mismos, los cazadores, hacemos concursos matando codornices que salen por un tubo o matando palomas que alguien lanza con el brazo. O lo que es más provocador, nombrar al mejor cazador de España o del mundo por ser el que más piezas mata en menos tiempo… ¡Pero hombre, que estamos en el 2015! ¿Por qué nos dejamos llevar mirando a la luna por modas enquistadas que solo nos traen problemas de credibilidad? Mantener actividades de este tipo, relacionadas directamente con la caza, hace que día tras día se genere más antipatía hacia la caza en personas que como usted Sr. Garrido da ha entender, en otros tiempo éramos admirados o incluso envidiados. Esta provocación invita al ecologismo serio a perder protagonismo y pasen a apuntarse a la contra a comediantes diciendo y escribiendo autenticas barbaridades fruto de la antipatía mezclada con ignorancia y oportunismo político intentando pillar cacho. Por lo tanto se anula cualquier atisbo de acercamiento para defender causas comunes que desde luego las hay. No pretendo con esto que prohíban nada, sino concienciar que los animales salvajes o no salvajes no se matan para competir, la caza no es eso ni jamás tuvo nada que ver. En definitiva la conciencia es quien nos guía……no es cuestión de educar, pues educados estamos todos y bien.
Para mi hubiese sido más cómodo no hacer comentarios o dejar un “Si señor, para quitarse el sombrero” por ejemplo, mi aportación habría sido vacía, pues aunque mi manifiesto parezca ácido para su trabajo, no, todo lo contrario, creo que mi opinión le aporta a su artículo otro punto de vista a tener muy en cuenta.
Enhorabuena. Un saludo
31 ago. 2015 08:33
JLGarrido  
Gracias, Broker y Alepus por dar vuestra opinión. Tenemos libertad todos para exponer nuestro punto de vista resumiendo o expresándolo con exhaustividad. Yo me suelo extender a veces más de lo debido, por ello, me es muy difícil no aceptar opiniones expuestas con respeto y desarrolladas todo lo que cada uno quiera. Si alguien dice como Broker, que le ha gustado, me alegra. Ese era mi objetivo. Recibo muchísimas más enhorabuenas o puntos de vista diferentes, de manera privada que públicamente, como es lógico. Os agradezco vuestro comentario a los dos. Pero mi escrito, tiene un objetivo y un desarrollo para poner en escena la caza ortodoxa, que no tiene por qué ser lacerada por animalistas que van contra la ecología, contra la ley, contra la caza, y con violencia. De lo mal que lo hacemos los cazadores, soy uno de los voceros. Censurar actuaciones de cazadores las hago en casi todos mis escritos, incluso en este. En este artículo yo apuntaba a otra diana.
Sobre las codornices a tubo le comentaré que personalmente, en dos ocasiones y en años diferentes, hace al menos unos doce años, en la asamblea general de la Federación Española de Caza (RFEC) dije ante los ciento y pico componentes algo parecido a: “esa modalidad es una vergüenza para los cazadores y una indignidad para una especie que es la favorita para tanta gente. Damos motivos para que nos insulten”. Renuncié a entregar el premio al campeón de esa modalidad en “el día de la caza” de una Federación Autonómica, después de anunciarlo por megafonía y pedí por favor a uno de la mesa (que no le importaba) que fuera a entregarlo. No autoricé en mis nueve años de presidente de la Federación de Castilla y León ninguna competición de esa modalidad. Tampoco lo consiente la actual directiva de mi federación, como es obvio. En mi libro “Modalidades y métodos de caza” que recoge las modalidades deportivas de la RFEC, no he incluido las codornices a tubo, porque no me ha dado la gana y porque me parece una aberración. Como verá, Alepus, en esto no podemos estar más de acuerdo, si usted pensaba que yo podía haber sido complaciente con esa modalidad reglada por la RFEC, ya ve usted, que no. Desde que el campeonato de España de caza menor con perro se puede hacer en un coto intensivo y puede ser campeón un concursante que tiene la desgracia de matar a su perro, yo no tengo nada que decir.
De todas las maneras, aunque algunos campeonatos –no todos–, hacen daño de imagen, no es comparable, a mi entender, con ciertos comportamientos de algunos cazadores y desde luego con esas fotos de los mercaderes de la caza anunciando las orgías cinegéticas y poniendo en escaparate montones de reses criadas en cercón o miles de pájaros que se dan en sus fincas, para todo el que quiera (pueda) gastarse unos miles de euros. Esos señores que viven de la caza hacen mucho daño a nuestra actividad. Quién vea esas fotos pensará que matamos animales a esgalla y “sin quitarnos la corbata”. Presentan la caza ante la sociedad sin el sentido cervantino de la caza deportiva y esforzada. ….Hay en la caza estratagemas, astucias;…, padécense fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño; corrobóranse las fuerzas; agilítanse los miembros del que la usa, y , en resolución es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos……y cuando seáis gobernador,(Sancho), ocupaos en la caza, y veréis como os vale un pan por ciento. Don Quijote de la Mancha.
Gracias por interesaros en mis escritos.
Un saludo JL Garrido

 

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