Rudimentos básicos sobre rastreo

Continuando la línea de artículos basada en el material creado por mí (las aportaciones de otros compañeros queda a su criterio hacerlas públicas o no) para los Cursos de Caza con Arco de la Escuela de Caza y Naturaleza de la Federación Valenciana de Caza que considero de interés para cualquier cazador, cace o no con arco, hoy intentaré exponer unos rudimentos básicos sobre rastreo.

Ricardo Gasco | 24/06/2015

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Empecemos por lo más básico:

Sacando moldes de huellas

Sacar moldes de huellas no es algo imprescindible para aprender a rastrear pero, la verdad, aparte de ser una excelente y entretenida actividad para los más peques de la casa y ofrecer una excusa impecable para echar unas jornadas extras en el monte fuera de temporada, incluso en familia, la realidad es que nos va a permitir aprender mucho más rápidamente, ya que no sólo en los moldes se aprecian detalles que suelen pasar inadvertidos o resultar difíciles de percibir a simple vista si no que, además, podremos comparar huellas de lugares y fechas lejanas entre sí, sin echar mano de los recuerdos o de ‘imágenes planas’ como las fotografías.

Para ello el material es sucinto y ‘reciclado’, ya que en la mayoría de los casos bastan un par de botellas de refresco de 2 litros vacías, un saquito de escayola, una espátula y algo de agua que llevaremos en una de las botellas.

Obviamente hoy en día hay disponibles otros materiales como resinas de poliéster o epoxi, siliconas, etc que presentan ventajas en tiempos de secado/curado pero que resultan mucho más caros y con tendencia a adherir en exceso trazas del terreno del que se extraen las huellas, no obstante bueno es saber que existe la opción.

Siguiendo con el material, doy por sentado que lleváis cuchillo y/o navaja, aunque algunas cosas también es posible hacerlas en casa tranquilamente usando tijeras y con resultados más simétricos.

Otros complementos interesantes aunque no imprescindibles son:

- Unas pinzas de buen tamaño (las de cirugía, de unos 13cm de largo son ideales. Podéis encontrarlas en farmacias y también algunas similares en tiendas de electrónica).
- Un pincel o brocha plano de unos 2 a 4 o 5 cm de ancho.
- Una linterna pequeña y potente, tipo MiniMaglite o similar para iluminar la huella durante la limpieza si está a la sombra o se nos está haciendo de noche.

Una vez localizado el rastro, ubicamos las huellas más claras o que, por cualquier razón, presenten más interés y, con cuidado de no desmoronarlas, eliminamos primero a mano cualquier material suelto, como piedras, pequeñas ramas y hojarasca, empezando por las de mayor tamaño y luego utilizando el pincel ‘barremos’ a su alrededor, SIEMPRE DESDE LA HUELLA PARA AFUERA, PARA EVITAR LLENARLA DE RESIDUOS, un espacio de, como mínimo, un palmo de diámetro.

Realmente no hace falta tanto espacio para sacar el molde, pero tener bastante terreno ‘despejado’ alrededor nos hace darnos cuenta de cosillas que han quedado en la huella o cerca de ella y que si las retiramos, usando las pinzas si es necesario, nos permitirán obtener un molde de más calidad.

Lo siguiente que hemos de hacer (como ya he comentado lo hemos podido hacer antes cómodamente en casa con unas tijeras) es recortar una de las botellas de refresco de dos litros en ‘aros’ de unos dos a cuatro dedos de alto (de 4 a 8 cm), dejando el ‘culo’ o base a modo de cacillo donde mezclaremos la escayola con el agua, de unos 10 a 15 cm de alto.

Antes de hacer la pasta de escayola, espolvorearemos algo de esta en seco sobre la huella:

Eso evitará que gran parte de la tierra se adhiera a nuestro molde, dando un resultado más limpio y permitiendo apreciar mejor los pequeños detalles.

Cualquier exceso que veamos que se acumula en una depresión lo soplaremos y retiraremos.

Una vez hecho esto, situaremos cada uno de los aros alrededor de cada huella que nos interese moldear (en huellas de grandes venados o jabalís muy marcadas en ocasiones puede hacer falta ‘oblongar’ el aro formando un óvalo para dar cabida a toda la huella (poner un par de piedras o unas estaquillas hechas con cualquier rama a los lados para que mantenga la forma) y para los grandes animales norteños cómo alces y renos y para extraer moldes de grupos de huellas se hace necesario crear los ‘aros’ cortando y uniendo varios con la ubicua ‘duct tape’ o cinta para conductos americana) y espolvorearemos algo más de escayola si es necesario por la parte externa de la huella.

Ahora llenaremos entre un tercio y una mitad de la capacidad de la base de la botella con agua y luego añadiremos escayola hasta que sobresalga la punta de un montoncillo de unos dos centímetros en seco y, ayudándonos de la espátula, la disolveremos/amasaremos hasta que resulte una mezcla homogénea de una densidad similar o cómo mucho algo inferior (algo más líquida) a una mayonesa. Si es necesario podemos añadir algo de agua o algo más de escayola hasta que quede de nuestro gusto, pero hacedlo poco a poco y asegurándoos de haber disuelto por completo lo que hayamos añadido anteriormente.

Y llegó el crítico momento del vertido.

Es importante hacerlo muy poco a poco, delicadamente y comenzando por las partes más profundas de la huella, para evitar que se queden atrapadas algunas burbujas de aire que estropearían nuestro trabajo.

Una vez rellenado todo el molde, toca lo más penoso:

Esperar a que la escayola fragüe lo suficiente cómo para sacar el molde.

Mi consejo es que, salvo que las huellas estén en algún lugar donde sea necesario tenerlas vigiladas para evitar que alguien nos arruine el trabajo, cómo el borde de una pista forestal o una senda muy transitada por excursionistas, lo mejor que podemos hacer para no caer en la tentación de alzarlas demasiado pronto es marcar el sitio claramente para volver a localizarlas (un trapillo o un pañuelo de papel colgando de una rama visible) y seguir buscando otras huellas y preparando otros moldes mientras que dejamos que pasen unas horas.

Una vez levantadas con delicadeza, y sin retirar aún el anillo de plástico (habrá que cortarlo en la mayoría de los casos y es mejor hacerlo un par de días después, cuando la escayola ya esté bien seca) el sitio ideal para transportarlas es una caja con una capa de varias hojas de papel de periódico y unas bolas del mismo material entre ellas y los laterales y tapa de la caja.

Una vez en casa podemos acelerar el proceso de secado metiendo los moldeados en el horno a unos 50º o, cómo máximo, 80º (más temperatura podría agrietarlos) durante tres o cuatro horas (los tiempos son muy relativos ya que dependen del grosor del moldeado, humedad inicial de la mezcla, humedad del terreno y ambiente, etc…) cómo mínimo o, más simple, seguro y fácil, dejarlos secar al aire sin exponerlos al sol, por tres o cuatro días.

Luego ya podremos limpiar la tierra y otras impurezas adheridas indeseadamente, retirar el anillo de plástico cortándolo si es preciso, limar y lijar la parte exterior que quedaba bajo el anillo (y que guardará su ‘diseño corporativo’ en algunos casos) dejándolo bien liso y uniforme y finalmente barnizar el moldeo, incluso tras colorearlo previamente (con acuarela o cualquier pintura al agua).

Nos asombrará la calidad y cantidad de pequeños detalles que aparecen simplemente al dar un barniz con algo de color (miel, por ejemplo) y mucho más con un pintado adecuado.

Por cierto:

Un buen y útil truco es escribir sobre la escayola a medio secar algún ‘indicativo’ (un número de referencia, por ejemplo) y anotar en una libreta el lugar, fecha, hora y cualquier detalle de interés.

Si queremos hacer una buena colección de huellas, luego una vez barnizada o coloreada, se escribe en el lateral que quedaba bajo el anillo lo que proceda usando rotuladores indelebles (o se le pega una etiqueta hecha con el ordenador) y se le pega sobre la cara plana donde inscribimos el indicativo una pieza de material autoadhesivo de terciopelo que evitará ralladuras en las superficies de los muebles y que se deslice con facilidad.

Visto esto, que nos permitirá reunir huellas diferentes para su estudio y comparación, pasemos a ver detalles sobre cómo son las huellas.

Mirando una huella… o por qué es así

Para que podamos entender e interpretar una huella es importante que entendamos cómo es la extremidad que crea la impronta.

Los primeros mamíferos tenían cinco dedos con garras en pies y manos y apoyaban las ‘palmas’ enteras en el suelo, aunque son muchos los mamíferos que han evolucionado adquiriendo diferentes tipos de manos, bien con menos dedos aunque mantienen las garras, bien con pezuñas, bien con cascos.

No obstante, hoy en día aún quedan mamíferos que apoyan toda la mano, son los denominados plantígrados.

Aunque el plantígrado arquetípico es el oso, no es el único plantígrado ya que, en realidad, la mayoría de los insectívoros (con el erizo, cómo principal exponente) son plantígrados, así cómo algunos mustélidos y… a ver, recapitulo que esto no ha de acabar siendo una clase de zoología:

Bichos más o menos comunes que son plantígrados, oso, erizo, tejón… y muchos más.

Bichos más o menos comunes que no son plantígrados pese a tener en alguna de sus patas cinco dedos con garras: Ratas, ratones, topillos y similares.

Característica que define a los plantígrados:

Apoyan la mano entera y estas, tanto las delanteras cómo las traseras, tiene cinco dedos con garras.

Características que definen a los no plantígrados:

a) No apoyan la mano entera.
b) No tienen cinco dedos en las manos traseras y/o delanteras.
c) No tienen garras si no pezuñas o cascos.

Esto último también nos permite separarlas en dos grandes tipos de huellas:

- El de manos con garras
- El de pezuñas o cascos

Para la mayoría de nosotros el grupo de huellas que más atención reclama es el de pezuñas o cascos, ya que la inmensa mayoría de presas de nuestro interés dejan huellas de ese tipo.

Básicamente los cascos y pezuñas se originan en los herbívoros por una cuestión de eficacia en la supervivencia.

Mirémosnos a nosotros mismos:

Somos, en cierta forma, ‘plantígrados’, ya que caminamos apoyando toda la ‘palma’ del píe en el suelo, sin embargo, al correr, ya no hacemos eso, si no que apoyamos tan sólo la parte delantera del pie y los dedos… y a más rápido corremos menos ‘palma’ apoyamos

A los herbívoros al huir de sus predadores les sucedía lo mismo:

Apoyaban cada vez menos ‘palma’ y eso creaba problemas y lesiones en los dedos más débiles… y los animales con dedos y uñas más fuertes tenían menos problemas y lesiones, apoyaban aún menos planta, corrían más y sobrevivían en mayor punto… lo que actuó a modo de ‘cría selectiva’ a lo largo de milenios dando lugar a la evolución de sus manos a pezuñas o cascos.

Fijándonos ahora en nuestras manos, veremos que, por lo general, el dedo medio sobresale entre los demás, seguido, también por lo general, por el anular y luego por el índice. El meñique, y sobre todo el pulgar, quedan muy ‘atrás’. Lo mismo sucedía con esos primeros herbívoros plantígrados y, en consecuencia, la selección natural favoreció a aquellos cuyos dedos medio y anular se desarrollaban más o producían ‘uñas’ más recias.

Poco a poco, los ‘dedos inútiles’ se iban atrofiando y ‘ascendiendo’ más y más en la pata.

El caso más extremo tiene cómo exponente al caballo, cuyo casco es en realidad su dedo medio y está ‘envuelto’ por la uña de ese dedo. Además su pulgar y su meñique han desaparecido por completo y tan sólo tiene reminiscencias, muy altas en su pata, de sus dedos índice y anular.

La mayoría de animales cómo el perro, el gato, la liebre, etc… ha perdido tan sólo el pulgar o, en algunos casos, lo conservan alto en la pata a modo de ‘espolón’.

Por último un caso muy particular lo constituyen los animales cómo el jabalí, el ciervo, la cabra y demás, cuyos pulgares por lo general han desaparecido, se apoyan básicamente en sus dedos medio y anular y sus dedos indice y meñique se han ‘vuelto’ en la pata y apuntan para atrás.

Mirando una huella suelta… o las pequeñas cosas que explica

Bueno, perdonar el peñazo y lo mal que lo he expresado (seguramente habré metido alguna que otra pifia, que uno no es biólogo) pero espero que, en líneas generales, ahora tengáis una idea algo más clara sobre cómo son los principales tipos de manos.

De todo lo dicho se desprende, en las huellas de animales con pezuñas cómo jabalíes, corzos, gamos, ciervos y demás:

A) que las dos ‘marcas’ que se ven normalmente cómo mínimo en la huella, son las correspondientes a sus dedos medio y anular y que, por lo tanto, la marca más grande/larga corresponde a lo que era el dedo medio. Así, si esta marca más larga queda a la izquierda de la huella esa huella es de una pata derecha y viceversa, si la marca más alargada/grande está a la derecha de la huella esa huella es de una pata izquierda (si ponemos nuestras manos sobre una superficie plana lo veremos con claridad).

B) que las ‘manos’ delanteras son más amplias que las traseras, así pues, ante dos huellas izquierdas o derechas de un mismo animal, la de la pata delantera siempre será más amplia.

y C) que no es tan obvia con lo que os he contado, pero que podéis comprobar con facilidad vosotros mismos caminando a ‘cuatro patas’ a baja velocidad primero y luego lo más rápido que podáis: los dedos o pezuñas se ‘abren’ en abanico en función de la velocidad. A más rápido, más abiertos.

Así pues, lo más básico que una simple huella suelta y aislada te dice es:

- Qué pata del animal la dejó.
- Cómo de rápido se desplazaba el animal.
- Cuál puede ser su tamaño aproximado.

Tener en cuenta, no obstante, que cuesta abajo las pezuñas, especialmente las delanteras, se abren y cuesta arriba se cierran, aún desplazándose el animal a idéntica velocidad, respecto a la posición que adoptan cuando el animal se desplaza por terreno llano: La distancia entre si y la posición relativa de unas huellas respecto a otras y respecto a la linea media del rastro nos brinda más información y mucho más exacta sobre su velocidad y tamaño.

En cuanto al cálculo del tamaño en base a una huella aislada es más una cuestión de experiencia y apreciación personal que una ciencia exacta, ya que un mismo animal puede dejar huellas de diferentes dimensiones en terrenos diferentes… o las huellas pueden desmoronarse ligeramente en sus bordes al secarse o agrandarse al contraerse el terreno muy húmedo o, en la nieve, aumentar de tamaño al derretirse esta.

Las ‘uñas’ traseras de las patas tan sólo se marcan en terrenos muy blandos y/o cuando el animal se para expectante (y no siempre).

La huella también, obviamente, marca la dirección de la marcha pero, lo más curioso, es que aún ante una huella borrosa o desdibujada, completamente indefinida, en la que no se distingue ni siquiera la forma, se puede saber la dirección de la marcha por cualquiera de estas tres cosas o por una combinación de ellas:

- Al salir la pata la erosiona en la dirección de la marcha.
- Suele haber una ‘línea de detritos’ desprendidos de la pata (ojo que puede ser simplemente algo de polvo o arenilla), que apunta directamente en la dirección de la marcha.
- Suele haber un ‘amontonamiento’ o un perfil más ‘abrupto’ en la parte posterior de la huella, ya que la pata al salir en la dirección de la marcha no la suele tocar, mientras que si que roza en muchas ocasiones la parte delantera, pero al impulsarse para adelante si que la ‘empuja’ por ello la parte trasera suele estar mejor definida, incluso algo alzada.

Bueno, creo que esto es lo básico que se debe saber sobre una huella ‘suelta’. Hay algunas cosas más que nos puede decir, pero meternos en eso sería cómo querer poneros a correr sin haber empezado a andar.

Mirando una huella… o las partes que la forman

Como ya hemos visto, los animales con pezuñas tienen unas manos características cuyas huellas son fácilmente reconocibles por el hecho de que tienen cuatro ‘dedos’, dos orientados para adelante, los que corresponden con nuestros dedos medio y anular y dos orientados para atrás o lateralmente (y que muchas veces no aparecen en la huella), correspondientes con nuestro índice y meñique.

Las marcas que dejan los dos dedos orientados para adelante constan de tres partes… que no siempre son visibles en conjunto en la huella:

1ª - La exterior, que se suele denominar ‘vaina’, lo que originalmente era la uña, es la más prominente, ya que es el elemento más duro de la mano y sobresale a modo de ‘resalte’, por lo que en ocasiones, sobre todo en los terrenos más secos, es la única que deja marca (Se ven cómo dos letras ‘V’, con los ‘brazos’ exteriores redondeados y los interiores por lo general rectos, apuntando en la dirección del rastro, ya que la vaina, recordemos que es una uña que se ha curvado, tan sólo cubre los laterales y la punta). El ‘brazo’ interior de esa ‘V’ cómo ya he dicho suele ser prácticamente recto o ligeramente ‘cóncavo’ (describe una curva que se ‘introduce’ en el interior de la ‘V’).

En ocasiones tan sólo esta curvada la parte que sobresale de la siguiente parte que veremos, la almohadilla. Las más curvadamente acusadas que he visto nunca son las de reno durante un viaje a Laponia, que dejan una marca casi circular con la parte exterior de sus vainas y, en consecuencia, el corte de la parte interior de las vainas deja una marca muy similar a dos arcos abiertos tensados casi unidos por las puntas de sus palas.

La parte exterior de las ‘V’ dejadas por las ‘vainas’ siempre tiene una cierta curvatura, especialmente en la ‘punta’. Cómo apunte, en las variantes domésticas de los animales salvajes (cabras, bueyes, caballos… la única excepción que conozco es la oveja, cuya huella está casi completamente ocupada por la almohadilla, cómo si de un alce enano se tratara) las vainas suelen ser muy poco o nada prominentes y no suelen dejar marcas claramente diferenciables así que, si en alguna ocasión dudamos sobre una huella, debemos fijarnos especialmente en si sus bordes se han marcado más profundamente ya que eso puede ser determinante para salir de dudas sobre si las dejó el animal doméstico o su contraparte silvestre.

2º - La parte posterior, que correspondería a la yema de nuestro dedo, es la almohadilla. Esta queda
situada entre los dos ‘brazos’ de la ‘V’ que hemos dicho que es lo que era la uña y se denomina la vaina, sobresaliendo en una mitad o algo más de ellos.

Almohadillas las hay desde prácticamente redondas, cómo las del ciervo, hasta en forma de ‘gota’ alargada que ocupan casi la totalidad de la vaina, cómo las de los alces (al menos las de alce europeo que pude ver en Laponia: imagino que las del alce americano serán similares aunque más grandes. Por desgracia, aún ‘no he tenido el placer’). Aunque las almohadillas no siempre dejan una impresión clara, son muy importantes a la hora de diferenciar algunos animales con huellas similares a las de otros cuando existe una coincidencia de tamaños, ya que, aunque sus vainas dejan marcas similares, el tamaño o la forma de sus almohadillas es muy diferente. El caso más común en estos pagos es la duda entre si una huella es de un ciervo pequeño o de un gamo: Mientras que, cómo ya hemos dicho, las almohadillas del ciervo son prácticamente redondas, las del gamo son ovaladas, cómo el doble de ‘alargadas’ que las del ciervo. (cómo si hubiésemos puesto dos almohadillas de ciervo una junto a la otra).

3ª - La tercera parte de la impresión es la llamada ‘suela’, que es la zona, ligeramente más ‘deprimida’, que queda entre los dos brazos de la ‘V’ marcados por la sobresaliente ‘vaina’. Comparando con un dedo nuestro, correspondería a una especie de ‘cayo’ (ya que es dura, pero no tanto cómo la ‘vaina’) que se hubiese formado entre la uña y la yema del dedo. Cómo ocupa el espacio que deja libre la parte de la almohadilla que queda entre los dos ‘brazos’ de la ‘V’ que forma la ‘vaina’, en algunos casos, cómo por ejemplo en los alces con sus grandes almohadillas, es prácticamente inexistente. Los animales de mayores almohadillas (y, por lo tanto menores ‘suelas’) de la fauna de estos pagos son el muflón, y el corzo, que cómo en el caso del reno y el alce, sus almohadillas ocupan casi todo el espacio delimitado por la ‘vaina’.

Del rebeco se que tiene las pezuñas más móviles de todos, para ‘agarrase’ a los riscos, y que sus ‘vainas’ son especialmente amplias y, digamos, ‘prolongadas’, ya que gente que se que rastrea bien me ha dicho que la ‘V’ tiene el brazo exterior muy prolongado y ‘vuelto para adentro’ trazando una curva casi circular (cómo si envolviese la parte redondeada posterior de la almohadilla con la curva de una J)… pero es uno de los bichos a cuyas huellas aún no he tenido ocasión de echarles ojo, así que… no puedo deciros mucho más salvo que, por la descripción, pienso que evolutivamente es posible que sus dedos se hayan girado en parte ‘oponiéndose’ para formar a modo de una ‘pinza’, así que, si en otros animales lo que sería la parte central de su ‘uña’ corresponde con el pico de la ‘V’ que deja en la huella la vaina, en el rebeco posiblemente esta parte central corresponda más bien al lateral externo de esa ‘V’ y eso ‘permite’ el ‘cierre’ final de la misma en forma de J.

En cuanto a los otros dedos, los que corresponden con nuestro indice y meñique y que por lo general o bien salen lateralmente o bien se han girado completamente en torno a la pata y apuntan para atrás, en la mayor parte de ellos están tan altos que tan sólo tocan el suelo y dejan marca en terrenos muy blandos o cuando el animal dobla las articulaciones del pie durante el salto y lo que deja la marca es la ‘uña’, más concretamente la parte exterior de la ‘vaina’, por lo que tienen forma de ‘lunas’ o, en ocasiones, de triángulos curvados.

Muchas veces una respecto a la otra dejan marcas posicionadas en angulo recto, casi formando una ‘L’, especialmente en las patas traseras, siendo la más ‘transversal’ a la huella la correspondiente a la parte exterior de la pezuña.

Es decir, una huella en la que las marcas de esos dos dedos estén orientadas tal y cómo se escribe la letra ‘L’ corresponde siempre a una pata derecha. En las de una pata izquierda, la ‘L’ tendrá la línea inferior apuntando a la izquierda, no a la derecha. Obviamente, no se tocan entre si, ¿eh? lo de la ‘L’ es por explicar la posición relativa de una respecto a la otra.

Para acabar, recordaros una vez más que las manos delanteras, en todos los animales con pezuñas, son más anchas (amplias es la expresión más correcta) que las traseras y las marcas de sus dedos se ‘abren’ más que los de las traseras… y mucho más si van de bajada, han saltado o no andan al paso si no a cierta velocidad.

Hay una cosa muy importante que aún no os he contado, básicamente porque el porque y el cómo lo veremos al ver los grupos de huellas, es que cuando encontramos dos huellas del mismo lado juntas, tocándose o casi, la más adelantada en la dirección de la marcha suele ser la de la pata posterior, ya que la inmensa mayoría de los animales, dependiendo de su paso, o bien pisan sobre el mismo lugar que acaba de dejar su pata anterior, o bien directamente delante de esta. Por lo tanto, es muy común ver huellas en las que la mano posterior ha pisado directamente sobre la marca dejada por la mano anterior.
Eso en muchas ocasiones es una de las cosas que sólo se aprecia con claridad al sacar un molde de la huella.

Mirando una huella… o un pequeño catálogo de las huellas más comunes

Primero:
Disculpar la calidad de las imágenes. Dibujando soy bastante negado.

Segundo:
He procurado mantener las proporciones, de modo que si tenéis una de ellas ‘vista’ os podáis hacer una idea del tamaño de las otras, no obstante, hablamos de seres vivos que, además, en función del clima y de la alimentación, pueden variar bastante su tamaño medio.

Las de los animales ‘norteños’ (Alce y Reno) las he incluido aparte y a un 50% de tamaño respecto al resto que he procurado hacer para que queden a tamaño real si imprimís la imagen en un tamaño A4 (las de animales ‘norteños’ las obtienes a tamaño real si haces la impresión expandiendo la imagen hasta ocupar por completo un A3).

 

 

Mirando grupos de huellas… o los diferentes pasos de los animales

Los animales se desplazan a diferentes pasos, pasos que, al variar en función de las circunstancias, nos permiten hacernos una idea de que actividad estaba realizando el animal, cual era su estado de alerta, etc…

Los grupos de huellas nos muestran eso con bastante claridad si sabemos interpretarlos.

El primero, al ‘paso de ramoreo’ no es propiamente un paso, pero cómo no es infrecuente encontrarlo es conveniente conocerlo. Se trata de un grupo de huellas que no lleva una dirección definida, con frecuentes paradas, vueltas y pasos en direcciones dispersas ya que son las impresiones dejadas mientras el animal se alimenta y va escogiendo las bayas maduras, los brotes más tiernos o las briznas de hierba más apetecibles. Es muy raro que las huellas de patas delanteras y traseras se sobreimpresionen y bastante frecuente que se vean las dos delanteras algo juntas y paralelas o casi (al contrario de cómo suelen estar en las orillas de las aguas donde abrevan, donde para bajar la cabeza las separan y en algunas ocasiones las ‘abren’ para afuera) ya que paran en esa posición al detenerse a comer, especialmente bayas y frutas, porque juntar las patas delanteras les permite elevar más la cabeza. También es muy posible en zonas de frutales encontrar una fuerte impresión de estas producida al dejarlas caer con todo su peso después de haberse parado a dos patas para alcanzar algún fruto alto.

El segundo es el ‘paso’ y la inmensa mayoría de rastros suelen ser de animales a este paso. Lo dejan cuando se desplazan normalmente por el territorio que ocupan y, por lo general, se interrumpe en las proximidades de espacios abiertos, claros, caminos, etc donde se paran a otear antes de quedar al descubierto. Se caracteriza porque el animal mueve cada pata de forma independiente y en un ciclo definido en el que el animal parece querer pisarse con sus patas traseras las delanteras, cuyo movimiento se alterna con estas iniciándose casi cuando van a ser alcanzadas, es decir, mueve una pata trasera, la delantera de ese lado empieza el movimiento casi cuando va a ser pisada y, cuando esta casi va a tocar el suelo, mueve la trasera opuesta en busca de la delantera que aún no ha movido y, esa delantera que le quedaba por mover se moviliza evitando ser pisada… y vuelta a empezar.

Las huellas de las patas traseras quedan directamente encima de las delanteras o ligeramente retrasadas. En cuanto el paso se aligera, comienzan a adelantarse y la huella de la pata posterior cubre la de la delantera o incluso se marca por delante de esta, salvo en terreno embarrado o en nieve profunda en los que, por economía de esfuerzo, tienen a pisar sobre su propia huella, ya que les resulta más fácil.

Cuando el paso se acelera lo suficiente se convierte en el tercer paso, ‘el paso de andadura’ en el que ambas patas de un lado se mueven y tocan el suelo en sucesión pero casi a la vez. Ese paso, cuando va acelerándose y está a punto de transformarse en el siguiente paso, el trote, es el que muchos de nosotros identificamos cómo ‘trote cochinero’. En el rastro no se aprecia una gran diferencia en cuanto a la superposición de las huellas o al avance de las traseras sobre las delanteras, pero se identifica por la aproximación entre las líneas de las huellas diestras y siniestras, es decir, la amplitud de la andadura, que se va reduciendo conforme el animal acelera: a más lento va, mayor es la separación transversal y a la inversa.

El cuarto paso es ‘el trote’ propiamente dicho que se caracteriza porque tanto la pata anterior cómo la posterior del lado opuesto se levantan, mueven y tocan el suelo a la vez. Las huellas de un animal trotando curiosamente suelen ser menos marcadas que las de ese mismo animal al paso; esto es debido a que el trote es la ‘marcha optima’ ya que el centro de gravedad del animal apenas sube y baja, manteniéndose durante el desplazamiento casi a la misma distancia del suelo todo el tiempo, dando cómo resultado un gasto muy escaso de energía.

Los animales trotan con un trote corto o medio cuando se sienten seguros en su territorio y tienen un objetivo definido y generalmente habitual, por ejemplo cuando al regresar a los encames tras una incursión nocturna en los cultivos se ven sorprendidos por el alba al alargar el día o por cualquier otra razón o cuando van por una trocha que consideran segura y no cruza espacios abiertos a una zona de alimentación frecuentada por otros de su misma especie y especialmente si la comida es escasa.

El trote rápido lo suelen utilizar ante situaciones de peligro indefinido, cuando algo les urge a ‘poner tierra por medio’ y en consecuencia y por lo general, a mayor es su velocidad de trote más elevado es su estado de alerta.

El rastro que dejan al trotar es muy similar al paso pudiéndose diferenciar en muchas ocasiones unicamente por la atenuación de las huellas ya citada y por haberse estrechado la andadura, es decir, la amplitud transversal del rastro y, si el trote es rápido, por el avance de las patas traseras sobre las delanteras, que ya suelen dejar sus impresiones claramente adelantadas. Tanto este ‘adelantamiento’ de la impresión de la pata trasera sobre la impresión de la delantera cómo la disminución de la amplitud del rastro más se acentúan a más rápido es ese trote.

Hay que señalar que el trote rápido consume más energía que el lento y, en consecuencia, las marcas dejadas en el terreno se acentúan, llegando a ser incluso más marcadas que en el rastro dejado al paso.

Recapitulando, al transicionar del paso al trote lento o corto, se reduce la amplitud del rastro, se incrementa el adelanto de la impresión de la pata trasera sobre la delantera y se atenúa el rastro, por contrapartida, al transicionar de trote lento a rápido o muy rápido (largo), se sigue reduciendo la amplitud del rastro, casi hasta llegar a impresionarse las huellas de patas izquierdas y derechas sobre una misma línea, se sigue incrementando el adelanto de las huellas de las patas traseras sobre las delanteras, llegando a ser incluso muy considerable y se incrementa la profundidad de la huella al aumentar la energía con la que las patas del animal impactan contra el suelo.

Obviamente, hay otras cosas que varían con la velocidad y que se aprecian claramente en los grupos de huellas, aún en los más reducidos (con menos impresiones), estos son fundamentalmente tres, la primera lo que podríamos denominar ‘avance’, la distancia entre un grupo de cuatro huellas y el siguiente, que nos indica el tiempo que el animal ha estado ‘en el aire’ tiempo que, pese a ser muy corto en el trote en comparación con otros pasos cómo el salto o el galope, a más rápida es la marcha más se incrementa lo que hace que el avance sea mayor, la segunda la anchura de las impresiones de cada huella, recordemos que hemos dicho que a más rápida es la marcha más se ‘abren’ las manos y la tercera el ángulo de divergencia de la dirección de la linea media de cada huella respecto a la linea media de la dirección del rastro que, a más rápida es la marcha, más se reduce (más paralelas a la linea media de la dirección del rastro son las lineas medias de la impresión de cada huella).

El salto es el quinto paso por velocidad de desplazamiento aunque muchos de nosotros estamos tan acostumbrados a ver ejecutarlo a piezas huyendo, sobre todo en batidas o monterías, que instintivamente lo presuponemos cómo más rápido ya que el animal esta corriendo por su vida y el hecho de que lo utilicen en su huida viene dado por el hecho de que esta se produce campo a través, no por sus trochas habituales, así que lo utilizan porque van sorteando obstáculos.

Obviamente los animales también saltan cuando lo precisan para salvar un obstáculo en su camino pero, por lo general, en esos casos no avanzan concatenando saltos si no que dan un simple salto suelto.

En el primer caso el animal esta en una huida desesperada y su nivel de atención será máximo mientras que en el segundo suele ser mínimo a no ser que el salto pueda dejarle a descubierto.

Las huellas dejadas por el salto, tanto si se trata de saltos encadenados cómo sueltos, son muy características:

Dos impresiones, una adelantada respecto a la otra y con una distancia transversal al rastro reducida, que corresponden a las patas delanteras y, más adelante en el sentido de la marcha otras dos huellas, las de las patas traseras, casi paralelas la una a la otra o muy poco adelantadas entre si y con una distancia transversal al rastro bastante mayor, básicamente ‘dibujando’ una letra ‘T’ donde la primera delantera estaría en la base de la T o ligeramente a un lado, la segunda delantera sobre la barra vertical de la T o ligeramente al otro lado y las dos posteriores en los extremos de la barra horizontal de la T.

Estas marcas son así porque el animal al iniciar un salto se propulsa ligeramente adelante y, sobre todo arriba, con sus patas delanteras y luego firme y potentemente con sus dos traseras a la vez, cuando vuelve al suelo lo hace sobre una de sus patas delanteras e, inmediatamente, sobre la otra, vuelve a impulsarse ligeramente adelante y arriba, sus patas traseras toman tierra más allá de sus patas delanteras y a la vez, se flexan y le propulsan fuertemente en un nuevo salto.

Si no va a volver a saltar, es decir, si se trata de un sólo salto, por lo general la primera impresión se caracteriza por unas huellas traseras menos adelantadas dado que el salto se inicia con poca velocidad, reasumiendo la imagen de la T, se trata de una T más bajita; la caída sin embargo suele ser ya ‘normal’, especialmente si el salto es pendiente abajo y, tras ese grupo de huellas de salto, se produce otro de transición al de trote o al de paso que puede resultar algo ambiguo. Normalmente ante cualquier grupo fuera de lo normal se suele encontrar un grupo de huellas de salto anterior.

El sexto paso y el más rápido de todos ellos es el galope. Se caracteriza por una rápida sucesión de la pata en contacto con el suelo seguida, tras el contacto de las cuatro patas, por un tiempo en el aire.

¿Qué le diferencia del salto?

En primer lugar, estructuralmente es diferente por completo ya que, al contrario de como hemos visto en el salto, son las patas posteriores las primeras en contactar con el suelo tras el tiempo en el aire y estas no lo contactan cómo en el salto casi paralelas la una a la otra y al mismo tiempo o prácticamente al mismo tiempo si no una a una y bastante adelantada cada una respecto a la anterior que cuando esta toca el suelo ya lo está abandonado y las dos patas anteriores actúan de igual modo, siguiendo la primera de ellas a la ultima posterior y la última a la primera anterior, de tal forma que en ese lapso siempre hay al menos una pata en contacto con el suelo y, de haber dos, la otra lo abandona de inmediato para, con el abandono de la última anterior, quedar el animal en el aire unos instantes.

En el grupo de huellas característico del galope las huellas están regularmente espaciadas mientras este se mantenga constante, formando pequeños grupos de cuatro huellas también espaciados regularmente entre si. En esos pequeños grupos el orden, en el sentido de la marcha es, a primera posterior, la segunda posterior, la primera anterior, la segunda anterior y nuevamente tiempo en el aire.

Como en los grupos de huellas de galope es mucho más fácil percibirlo, vamos a ver una utilidad práctica de saber leer las huellas y sus grupos.

Si lo recordamos, hemos dicho que en el galope las patas tocan el suelo en sucesión empezando por una de las posteriores, el que la primera posterior sea la izquierda o la derecha depende, generalmente, del animal, así que ese es un detalle a observar con atención cuando se ve al galope a un grupo de ejemplares y se pretende seguir el rastro de uno de ellos en particular:

Con un poco de suerte lo hará con una pata diferente a los otros o, cuanto menos, a los de otros con tamaño similar o, en el peor de los casos, permitirá descartar a parte de los otros ejemplares y, si no todos han pasado junto a las mismas referencias, será relativamente sencillo aislar las huellas de ese ejemplar en concreto para examinarlas en detalle y aprender a diferenciarlas y, ya a partir de ese momento, reconocer su rastro en cualquier parte… especialmente si hacemos unos buenos moldes de ellas que nos permitan examinarlas con detalle y en las mejores condiciones.

En conclusión, emplear parte de nuestro tiempo en el campo para aprender a leer huellas nos permitirá, por ejemplo:

– Reconocer de que especie es el animal que las dejó
– Diferenciar sus huellas en particular de las de otros de la misma especie, sexo, tamaño y peso
– Hacernos una idea aproximada de que estaba haciendo allí y, en consecuencia, de que pudo hacer después y, si conocemos el entorno, de a donde pudo ir a hacerlo
– Conocer cual es su nivel de alerta en ese lugar, por donde accede a el mismo y por donde lo abandona
– Seguir su rastro hasta identificar pasos, querencias, abrevaderos, comederos, camas, etc…

Ricardo Gasco

 

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