Las microbrisas en las esperas

Bueno, veamos como enfoco esto… Voy a hablaros de las microbrisas en las esperas, uno de los temas incluidos en el temario de los cursos de caza con arco que impartimos en la Escuela de Caza y Naturaleza de la Federación Valenciana de Caza.

Ricardo Gasco | 07/04/2015

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Obviamente esto va a ser una compilación del texto del temario con la adición del resumen de algunas cuestiones planteadas por alumnos en diferentes ediciones que, por lo interesantes, merecen ser comentadas e incorporadas.

No es que esté reservando conocimientos, sino que los cursos son algo dinámico y participativo durante los que los conocimientos se comparten y en ocasiones se desarrollan a partir de casos particulares y dudas planteadas por los asistentes.

Al final, rara es la edición en la que incluso los monitores no aprendemos o descubrimos o nos explicamos algo nuevo o hasta entonces no considerado y, por desgracia, eso, al ser algo vivo y cambiante, es imposible plasmarlo en un artículo.

Vayamos pues al tema de este.

El termino microbrisa es de mi acuñación personal y posiblemente jamás lo hayáis oído antes.

Con él hago referencia a los movimientos de las masas de aire que se producen por factores superlocales, incluso cuando no hay viento alguno perceptible.

Para entender de qué se trata, veamos qué nos dice la Wikipedia de las brisas:

«La brisa es un tipo de viento local motivado por los movimientos de masas de aire debido al heterogéneo calentamiento del relieve por el Sol. Esto da lugar a que se produzcan movimientos verticales de las masas de aire que provocan vacíos y desequilibrios de presión. Con el fin de restablecer estas inestabilidades, nuevas masas de aire se desplazan para llenar estos vacíos de baja presión. Se distinguen los siguientes tipos de brisas:

Brisas marinas. Se localizan en la costas y se producen por el efecto de las diferencias de calentamiento y enfriamiento que experimenta la Tierra y las masas de agua. Durante el día la mayor temperatura de la tierra da lugar a ascendencias del aire calentado que son rápidamente compensadas por la llegada de aire frío procedente del mar o grandes lagos. Al anochecer hay un periodo de calma cuando las temperaturas se igualan. Durante la noche el mecanismo se invierte al estar el agua más caliente aunque la velocidad del viento suele ser menor debido a que las diferencias no son tan acusadas. Los monzones del suroeste de Asia no son más que una brisa marina y terrestre a gran escala según la estación del año. Las brisas marinas desviadas por el efecto Coriolis tienden a adquirir una dirección prácticamente paralela a la costa con vientos suaves y continuos de entre 2 y 7 m/s.

Brisas de valle y de montaña. Similares a las anteriores, se producen por la diferencia de insolación y las diferencias de calentamiento del aire en las zonas de cumbres, cabeceras de los valles y fondos de los mismos. Esto da lugar a que durante el día se produzca una fuerte ascendencia sobre las laderas expuestas al sol, así como subsidencias en la parte central del valle. A última hora del día ocurre lo contrario, es decir, desde las laderas, que ya no son calentadas por el sol, el aire desciende por enfriamiento hacia el fondo del valle levantando el aire aún cálido que se mantiene en estos».

Las brisas marinas:
A) Brisa marina diurna
B) Brisa terrestre nocturna

Si bien recechando en muy corto o a la caída de la tarde las brisas o aún las microbrisas pueden jugarnos una muy mala pasada (plantear una ruta de aproximación que nos haga pasar por una cota más alta que la posición de la pieza o que nos interponga entre la pieza y una cumbre generadora) y que la caída de la tarde dé lugar a un viento catabático (del griego katabatikos: «bajando colinas»), la verdad es que salvo en casos muy concretos o en recechos muy próximos no van a ser especialmente determinantes pero, sin embargo, sí que deberíamos tenerlos muy en cuenta a la hora de determinar nuestra posición respecto a la plaza y sus entradas en un esperadero.

Como cada esperadero es un mundo y hay muchos factores a considerar, voy a intentar explicaros todos y cada uno de esos factores y cómo trabajan para que vosotros mismos podáis juzgar en cada caso cómo es vuestro esperadero a ese nivel y, a partir de ahí, escojáis la ubicación más favorable para el puesto de tiro (o los puestos, como veremos más adelante).

He comenzado el artículo citando el viento catabático, así que continuemos explicándolo. La Wikipedia al respecto nos dice:

«Un viento catabático es un viento que sopla con componente descendente (hacia abajo), geográficamente hablando, en serranías, montañas o glaciares. Estos vientos, particularmente cuando afectan grandes regiones, se llaman vientos de otoño. Pueden soplar a más de 100 Km/h.

Una distinción se hace entre los vientos que se calientan más que el entorno (Föhn o regionales, viento Chinook, viento de Santa Ana, viento Berg o viento del Diablo, viento Zonda), de aquellos que se enfrían (viento Mistral en el Mediterráneo, el viento Bora (o Bura) en el mar Adriático u Oroshi en Japón). El término viento catabático se usa para el viento enfriado.

El viento catabático se origina en un enfriamiento, radiativamente o a través de movimientos verticales, de aire en el punto más alto de una montaña, glaciar o cerro. Como la densidad del aire se incrementa con el descenso de la temperatura, el aire fluirá hacia abajo, calentándose por proceso adiabático al ir descendiendo, pero sigue permaneciendo relativamente frío.

Los vientos fríos catabáticos se producen a primeras horas de la noche cuando la radiación solar cesa y el suelo se enfría por emisión de radiación infrarroja. El aire frío de una borrasca puede contribuir al efecto».

A nivel mucho más localizado, microvientos, bueno, más propiamente hablando, microbrisas catabáticas se generan en cualquier sitio más frío y fluyen en dirección a los puntos más calientes de su entorno.

¿Vemos un ejemplo?

En el interior de la vegetación muy espesa, verdaderamente densa, por ejemplo una sabina, un pimpollo o la copa muy cerrada de un árbol, la humedad ambiente es más alta qué fuera de la misma… ¡Y la temperatura también!

Pero esto no siempre es así, ya que si la vegetación no es muy espesa se produce el efecto contrario y lo que nos encontramos es con un bloque de aire más fresco que su entorno, y lo mismo sucede en las sombras y en las zonas húmedas… y ese aire más fresco correrá cuesta abajo, quizás de manera por completo imperceptible para nosotros, pero arrastrando con él nuestro olor, a poco que en la zona baja haya algún punto que esté más caliente y haga que el aire en él ascienda.

Así pues, debemos vigilar que nuestra posición no se encuentre a la puesta del sol en el camino de ninguna microbrisa catabática que pueda fluir en dirección a la plaza o a las rutas de entrada que seguirán los animales para alcanzarla.

En oposición a los vientos catabáticos encontramos los vientos anabáticos. ¿Vemos qué nos dice la Wikipedia al respecto?:

«Un viento anabático (del griego anabatos, forma verbal de anabainein, moviéndose hacia arriba) es un viento que sopla ascendentemente por una pendiente montañosa. Se la conoce también por "brisa de valle". Vientos que ocurren durante el día, con tiempo soleado en calma. Una elevación o montaña con calor de transferencia o radiatividad, calentado por el sol, que hace mover el aire circundante; y como el aire del valle no se calienta como el del alto, entonces se produce un viento húmedo y fresco que se eleva por una ladera y que a su paso se condensa provocando la formación de nubes de tipo lenticular en la cima. Es un fenómeno de convección. Se crea una región de más baja presión, que hace que el aire fluya hacia esa región, causando viento».

En principio no parece que debiéramos preocuparnos en exceso por los vientos anabáticos en relación con la posición de nuestro puesto en el esperadero a menos que pensemos ocuparlo hasta la amanecida… pero a nivel de microbrisas esto no es así.

Antes os he dicho que dentro de la vegetación muy espesa la humedad relativa y las temperaturas son más altas. Cuando la temperatura desciende alrededor de esa vegetación ese aire más caliente y húmedo asciende creando una microzona de baja presión y el aire más frío de alrededor acude a ocupar su lugar y equilibrar la presión.

Eso mismo sucede sobre los cuerpos de agua (charcos, arroyos, etc…) si han estado iluminados y calentados por el sol, ya que el agua tiene una mayor inercia térmica y por radiatividad transfiere su calor al aire en contacto con la misma, que se calienta y asciende dejando un vacío que ha de ser ocupado por el aire más frío de su alrededor, lo que genera microbrisas anabáticas que hemos de procurar evitar tanto como las catabáticas… y en realidad sucede con cualquier cosa (grandes rocas, por ejemplo) capaz de almacenar calor y luego, al caer la noche y bajar la temperatura, transferirlo al aire circundante calentándolo y haciéndolo ascender... ¡incluidos nosotros mismos!

No perdamos tampoco de vista esto:

Liberar nuestro calor corporal hace que el aire a nuestro alrededor se caliente y ascienda, arrastrando en su ascensión nuestros olores, lo que sucede menos a mejor aislados del frío estemos por nuestra ropa pero… lo mismo hará situar debajo de nosotros mismos una fuente de calor.

Puede parecer algo descabellado, pero tened en cuenta que estamos hablando de que estos efectos se generan con muy pocos grados de diferencia, así que algo tan simple como una bolsa (o varias) de calor químico o un calientamanos o incuso una estufa de camping situados a nuestros pies puede variar por completo el resultado de una espera… aparte de aportar una gran comodidad en tiempo frío.

Lo del calor es muy fácil de comprender y, lo mejor de todo, cuanto más frío hace, mejor funciona.

Por cierto, que a la inversa también funciona, y si hemos de, por narices, estar en un hondo, un saco con un par de bolsas de hielo sobre nuestra cabeza y otras tantas a nuestros pies que enfríen el aire, lo hagan bajar y lo retengan ahí abajo, también pueden hacer su papel.

Obviamente, las bolsas de hielo se cuelgan por arriba de nosotros, a un metro o así sobre nuestra cabeza, no es que haya que ponérselas de sombrero (vigilar que sean herméticas y resistentes, no vayáis a acabar la espera con una ducha fría).

En líneas generales de esto también se deduce que, a la tarde, puestos por debajo de la plaza y sus pasos y, a la mañana, puestos por encima de la plaza y sus pasos.

A eso hay que añadir que por la noche el puesto no debe estar entre una gran umbría o sombra y la entrada o el paso ni de camino a una espesura que pueda tener un microclima más cálido… y por la mañana a la inversa:

Hay que procurar no dejarla entre nosotros y los puntos donde primero vaya a dar el sol.

Las grandes rocas merecen una consideración aparte:

Se calientan mucho con el sol pero se enfrían rápido… y luego trabajan al revés. La mayoría de los sitios conflictivos, con revocos raros, se caracterizan por tener grandes masas rocosas o grandes pedregales en plena solana directamente en ellos o en sus proximidades.

El agua también suele resultar conflictiva y hay que recordar que eso es así porque el agua tiene una gran inercia térmica. Su tamaño, al igual que el que fluya o no, también influye, así que si es muy grande o permanece estancada es conflictiva siempre. Si a eso se le unen zonas rocosas cercanas… lo mismo que en el caso anterior, son puestos conflictivos en condiciones normales y, por lo tanto, a reservar para días lluviosos o muy nublados y especialmente desapacibles o, directamente, fríos.

Habrá quien afirme que hay zonas negadas siempre.

Siempre, siempre, no:

Incluso las peores tienen su momento… y si sabes encontrar ese momento son, sencillamente, cojonudas, ya que los bichos entran en ellas completamente francos.

Las peores son zonas en las que aparentemente todo es correcto, pero que en verdad el viento se revoca un poco más abajo y se lo estás echando a los bichos sin darte cuenta. Esas son las más puñeteras, pues estás haciendo el gamba toda la noche sin darte cuenta.

Ese tipo de zonas es muy difícil de detectar con los medios tradicionales, como el humo de un cigarrillo o un poco de polvos de talco lanzado al viento, que se suelen usar para ver cómo van los vientos en un esperadero:

De ahí que sea importante tener dientes de león.

Sí, claro, os hablo de la flor-semilla del Taraxacum officinale, achicoria amarga o radicheta.

Obviamente, hay más plantas de semillas similares y que pueden también prestarnos el mismo gran servicio, pero el diente de león es la prototípica.

¿Que qué demonios tiene que ver con la caza con arco y con las esperas?

Muy bien, veámoslo:

Estás en tu puesto, lo mismo da que sea en suelo que en treestand (que en medio de un rececho), y parece que ha cambiado el viento que tan bien conoces (o, simplemente, no conoces el viento).

Te preocupa que se creen revocos que te hagan perder el tiempo y la oportunidad.

Bien:

Abres tu botecito secreto, sacas un par de semillas… delicadamente, tocándolas nada o lo menos posible para no dejar nada de olor en ellas… y las soplas gentilmente ante ti.

Y esperas y observas:

Donde ellas vayan estará yendo tu olor.

Su viaje contará cómo son y cómo se mueven los vientos en la zona mejor que casi ninguna otra cosa ya que, al contrario que el humo o la nube de polvo de talco, no se dispersa y se le puede seguir observando si las condiciones de luz son buenas a decenas de metros de distancia.

Pena que sean tan efímeros y estacionales…

Para contenerlos y guardarlos en buenas condiciones basta cualquier bote de boca ancha y tamaño medio para que resulte cómodo en nuestro bolsillo, que cierre lo más hermético posible para mantenerlos bien secos… y no es mala idea preservar su contenido de la humedad con una bolsita de silicagel, pero no os limitéis a dejarla caer dentro porque los destrozará al moverse de un lado a otro: pegarla a la tapa con un trozo de cinta adhesiva de doble cara para evitar dañar los dientes de león.

Otra opción más rápida de recolectar si tienes a la mano cualquier zona palustre son los puros de las eneas o espadañas bien secos y desplumados (obviamente no el puro en sí, sino el desplume).

Algún compañero también recolecta las pelusas de los chopos.

Otra cosa que ocurre en algunas ocasiones y que se explica por las microbrisas es que piensas o ves que el viento está malo para tal sitio, y va y te entra por ahí el cochino y ni se entera de ti, hasta el extremo de que algunas veces mientras te preparas para tirarle no dejas de pensar «verás el respingo que va a pegar… ¡pero ya!» y no pasa nada, le tiras y no se ha enterado de nada.

Si te fijas, verás que esas ocasiones normalmente se dan en sitios que los cochinos entran por monte muy espeso que, como ya he dicho, tiene su propio microclima más cálido. Ahí, a menos que sople viento suficiente como para interferir en el proceso de ascenso del aire caliente, no les entra nada.

También pasa lo mismo en bosques con mucha materia vegetal en descomposición en el suelo:

Eso tiene temperatura y hace que el aire ascienda y, al estar ellos en la zona de aire ascendente a no ser que sople un viento lo bastante fuerte como para interferir eso el olor, sencillamente no les entra.

No obstante es raro porque ellos suelen detectar ese tipo de zonas y huir de ellas en sus vueltas… lo que es bueno saber y tener en cuenta a la hora de montar un puesto nuevo en un lugar del que desconocemos las querencias.

Hablando de preparar puestos nuevos, en algunos sitios, sino en todos, vale la pena montar dos puestos o, simplemente, colocarse a pie a tierra en la primera parte de la noche y luego, si no ha entrado nada, correrse al treestand o puesto elevado. Parece mentira, pero en más ocasiones de las que piensas, si eres capaz de hacerlo silenciosamente y sin dar luz, al poco rato los tienes ahí y entrando completamente francos:

Normalmente se conocen el cambio de vientos que las microbrisas dan en ese lugar y están esperando a que cambie y si estás que les des o te vayas.

Dos puestos preparados, uno a 90º del otro respecto a la plaza, en otro orden de cosas, son de lo más razonable cuando nuestro cazadero está lejos de casa:

Nos evitan viajes en balde por no encontrar el viento como esperábamos al llegar y, sobre todo, nos ahorrarán estropear un buen esperadero por ponernos «ya que he venido hasta aquí» aunque las condiciones aconsejen no hacerlo. Recordad que, una vez que te sacan, no suelen olvidarlo.

Y hasta aquí.

Sé que se me quedan muchas cosas en el tintero y que seguramente la lectura de esto hará que algunos se planteen preguntas o les surjan dudas como ocurre cuando impartimos los cursos, así que, aunque no será lo mismo, procuraré atenderlas en el foro de caza donde aparezco registrado como Sombracazador, ya que mi nick habitual, Sombra, está ocupado por otro usuario del sitio.

Ricardo Gasco

2 comentarios
15 abr. 14:03
JC  
Enhorabuena todo un señor articulo, didáctico, bien razonado y fácil de leer,

Muchas gracias y un cordial saludo, JC
29 abr. 11:35
albercej
Muchas gracias por compartir tus conocimientos...y felicidades por el artículo.
Buena redacción y mejor contenido. Si lo pones en gráficos, con los diversos ejemplos que comentas te doy un 10.
Un saludo

 

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