Las claves para la media veda a la codorniz

Nosotros, cazadores, y nuestros jóvenes aliados y compañeros, los perros, cada año tenemos más dificultades en la media veda para desarrollar el instinto venatorio. Siempre he dicho y escrito que la media veda es (¿era?) la escuela ideal para que un perro joven se iniciase con caza salvaje, y qué mejor forma que sobre las codornices.

Fermín Mourenza | 20/08/2014

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Así cuando se abra la general sobre perdices, becadas, liebres… sus condiciones naturales y de adiestramiento (muestra, guía, patrón, cobro…) estarán modeladas para acudir con éxito a su caza. Pero, he aquí, que esto ya no es lo que era.

Desde hace años los cazadores en la Media Veda, en los cotos de Castilla y León, hemos mantenido los presupuestos municipales en los pueblos gracias al dinero que hemos pagado. Y ¿qué recibimos a cambio? Pues, siendo sinceros, cada año menos. Añadamos las concentraciones parcelarias, la falta de lindes, los venenos y pesticidas, la recogida de la paja, y un largo etcétera, y la caza de la codorniz se convierte en una odisea.

El periódico 'El Diario Vasco' publicó que tres de cada cuatro guipuzcoanos habían dejado de cazar en la media veda. Dato importante y significativo. Me temo que de seguir así, y parafraseando el dicho popular, acabaremos diciendo de la media veda que «entre casi todos la mataron y ella sola se murió».

La conclusión más importante de todo esto, ya lo apuntaba al principio, es que así no conseguiremos poner a nuestros perros jóvenes a la caza salvaje antes de la general. Porque no es lo mismo con la codorniz de granja, que si bien es necesaria de cachorro para un primer contacto, luego no es tan efectiva para una siguiente fase.

Pero he aquí que cada temporada pecamos de lo mismo: de ilusión. Y esa puede con todo. Y volvemos a caer. Y así lo voy a contar en esta nueva. Los veranos son siempre algo especial para nosotros, los cazadores. Se entremezclan sensaciones y vivencias de años anteriores. La esperanza de esta campaña y las ganas de mover a nuestros perros nos vuelven impacientes y desasosegados.

La codorniz es una gran escuela tanto para el perro joven como para el cazador que quiere disfrutar de la media veda. Un perro joven debe de desarrollar las fases de educación y aprendizaje de manera progresiva. Y, nosotros, hemos de ir como educadores desmenuzándolas para que su primera meta finalice con la media veda. Lo que desde luego no podemos hacer, como es costumbre de algunos «cazadores», es acordarnos de nuestro perro la víspera de la jornada de caza. El que se comporta así no es un cazador. Un cazador debe de ser respetuoso con el medio natural, con sus amigos, con sus perros.

¿Y con qué perro vamos a cazar? Cazar con un perro británico las codornices, siempre que esté dentro de su estándar de trabajo en cuanto a galope y velocidad, porte de cabeza siempre buscando el viento, recorrido, etc., es primar por encima de todo, al menos yo lo veo así, la calidad sobre la cantidad. La plasticidad de sus muestras, su andadura, deleitarán nuestros sentidos y nos transportarán a otra dimensión de la caza. No me refiero a perros recortados o linfáticos cuyo estándar no es el de un británico, perros que van al paso o al trote y que andan cerca del cazador. Este tipo sí que dará grandes perchas, pero nos privará de muestras de ensueño que siempre quedarán en nuestro recuerdo.

Los setters y pointers son perros dotados de un olfato privilegiado pero que con su gran andadura dejan más caza atrás en la media veda que un continental. He tenido bracos alemanes y setters y sé de qué hablo. La cosa cambiaría radicalmente si se tratase de perdices o de becadas, en las que estas aves deben de ser bloqueadas.

Hay bastantes cazadores a los que no les gusta que su perro cace codornices. Prefieren guardarlo para las perdices y las becadas, alegando que se estropea si lo llevan a la media veda: que si muestra muy cerca, que si pierde olfato… Siempre respeto todas las opiniones, pero éstas hay que fundamentarlas y por el momento no conozco ningún perro mío que haya dejado sus cualidades y aptitudes por cazar en los meses de agosto y de septiembre codornices. Al perro de caza lo que hay que darle es caza y si es salvaje mejor que mejor. Y la media veda es una época ideal. Eso sí, si lo llevamos luego, durante la temporada general, sólo a cazar becadas se volverá un especialista en las mismas; lo mismo sucede si lo llevamos a perdices, etc.

Voy a contaros las cosas que hago con mis perros, cosas tan sencillas y elementales que, a veces, las olvidamos. Lo primero será desparasitar al perro y mirar si la cartilla de vacunación la tenemos en regla y las vacunas dentro de fechas, y el microchip colocado. Os recuerdo que la ley obliga a que la llevemos encima junto con la documentación de caza.

Lo segundo es poner en forma a nuestro amigo. Ahora que el calor aprieta, programad un estudio de trabajo moderado y progresivo. Para un perro que ha estado sin realizar ningún tipo de actividad física más valen dos o tres sesiones de una hora que una de cuatro horas. Iremos aumentando los paseos en duración y en intensidad hasta alcanzar la forma óptima y con un buen endurecimiento de patas, para evitar que se aspeen.

Antes de la media veda el ponerle algunas codornices de granja de buen vuelo les apasiona y les entrena, tanto a los perros viejos como a los jóvenes. Y a nosotros nos afina la puntería. Nos sirve también para educar e iniciar a los novatos, que se acostumbren al remolque, a convivir con otros perros, a hacernos caso cuando le llamemos, que sepan quedarse atados con una correa o una cadena. Estos deberes hay que tenerlos hechos antes del día de la apertura. Ese día si no todo son prisas, agobios, voces y gritos. Y en vez de ser un día de disfrute resulta que es un día de cabreo total.

En lo referente a la alimentación, pienso de alta energía con alto contenido en proteína al atardecer con el fresco. Si el perro está muy cansado dárselo mojado o mezclado con algo jugoso. Alguno se reirá, pero las magdalenas con leche desnatada (la leche entera o semi da diarrea) obran maravillas. Un perro debe de comer bien para recuperarse para el día siguiente.

No os olvidéis de revisar vuestra escopeta. Limpiadla y engrasadla. El arma debe de estar siempre a punto. Si fuera necesario llevadla a vuestro armero de confianza que es quien puede observar alguna anomalía que a vosotros ahora os pasaría desapercibida. Comprad los cartuchos que calculéis que vayáis a necesitar. Es mejor que sobren a que nos falten. Cartuchos del 10 de 32 gramos más que suficiente (disparando con escopeta del 12). Utilizo Río 20.

¡Atención al calor! Durante el viaje cuidado con los coches. Dejadlos a la sombra y siempre vigilados por si al moverse el sol quedan expuestos a sus rayos y con buena ventilación para que el riesgo de que sufran un golpe de calor sea mínimo. Refrescad bien al perro después del ejercicio venatorio. Antes de meterlo en el coche o remolque, dejad que se recupere, un rato, atándolo a la sombra.

Fermín Mourenza

 

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