La caza en Castilla-La Mancha, una mirada con perspectiva

A veces en este mundo de la caza y la gestión cinegética es necesario mirar con cierta perspectiva. En caso contrario, estaríamos nublados por la inmediatez de nuestro día a día, el de las organizaciones que representamos al sector y de los políticos y funcionarios que realizan la labor de desarrollo legislativo y administrativo de la caza.

Luis Fernando Villanueva

Luis Fernando Villanueva
Presidente de APROCA España

06/07/2014

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Sin esa perspectiva veríamos normal, por ejemplo, el hecho de que en Castilla-La Mancha la perdiz roja silvestre, nuestra especie más emblemática, esté prácticamente desaparecida. O que los municipios donde históricamente el conejo era plaga hoy esté extinguido y, al revés, donde no había pisado uno solo de estos lagópodos actualmente sea un problema para la agricultura. O que en provincias como Cuenca y Guadalajara, donde las poblaciones de cérvidos eran meramente representativas, actualmente pueda ser habitual ver a decenas o incluso centenares de ellos en una misma siembra. Por no hablar de la liebre, la codorniz o la tórtola, cuyas perchas de antaño son hoy una dulce quimera.

Castilla-La Mancha ha sufrido un crecimiento exponencial de las especies de caza mayor y un descenso alarmante de la mayoría de especies de caza menor

En definitiva Castilla-La Mancha ha sufrido un crecimiento exponencial de las especies de caza mayor y un descenso alarmante de la mayoría de especies de caza menor. Decir que ambas cuestiones son un problema hacer pensar que los cazadores nunca estamos contentos, pero es que es necesario tener un equilibrio poblacional y, por ello, se deben tomar medidas urgentes en ambos sentidos.

Pero, para ello, volvemos a la perspectiva. No se pueden tomar medidas a ciegas, como la mayoría de veces realizamos. Debemos analizar cuáles son las causas de estos cambios poblacionales y qué praxis de cazadores y administración, además de otros actores claves como los agricultores, han podido influir en esta evolución.

Sería muy pretencioso dar remedio a la situación y evolución de estas poblaciones en estas líneas, ya que cada una de ellas necesitaría varios libros de texto. Además, cada especie en cada provincia, en cada comarca e incluso en cada coto se ha gestionado de una manera diferente. Pero algunos de los aspectos siguientes deben ser tenidos en cuenta para paliar en parte estos problemas y, sobre todo, para no volver a cometer los mismos errores del pasado.

Las razones de las superpoblaciones de cérvidos en algunas provincias se pueden deber a tres factores. Uno, el cambio del perfil de cazador en esta y otras regiones, incrementándose la afición por la caza mayor en detrimento de la menor, con el consecuente cambio en el modelo de gestión por el titular del coto. Otro, las limitaciones que desde la administración se han impuesto en algunas provincias a la gestión de la caza mayor, donde el intervencionismo no ha permitido a los gestores regular estas poblaciones. Y, por último la búsqueda del trofeo por el cazador ha impedido una correcta regulación de hembras, elemento clave para el control poblacional de cualquier especie.

El caso de la perdiz necesita un análisis aparte y seguramente más exhaustivo

En cuanto a la caza menor, las enfermedades y el olvido absoluto de las administraciones para aportar un solo euro para su investigación y el incremento de la caza de migratorias en el norte de África pueden ser los factores que han influido en las poblaciones de conejo y liebre o tórtola y codorniz respectivamente.

El caso de la perdiz necesita un análisis aparte y seguramente más exhaustivo. Las prácticas agrarias cada vez más nocivas que influyen en la pérdida continua de hábitat (cosechas nocturnas, desaparición de linderos, limpieza continua de barbechos, altura de corte y levantamiento temprano de la paja, uso de fungicidas y plaguicidas letales para la perdiz, falta de rotación de cultivos, el exceso de cargas ganaderas…) y sobre todo, el incremento de predadores cinegéticos (zorros y jabalíes principalmente) y no cinegéticos para la perdiz, así como la errónea política de restricción del control de algunos de ellos por parte de la administración, son sin duda alguna las dos claves del declive de la especie.

Actualmente estamos desarrollando una nueva Ley y Reglamento de Caza en esta región. El Gobierno Regional debe tener en cuenta estas circunstancias y pensar hacia dónde queremos focalizar los esfuerzos y qué modelo de caza queremos en Castilla-La Mancha.

Además tenemos una nueva Política Agraria Común, donde, nuevamente, las organizaciones agrarias han hecho su labor poniendo el acento en el primer pilar en detrimento del desarrollo rural. Castilla-La Mancha tiene la oportunidad de, más allá de las buenas palabras e intenciones hacia la cinegética, poner dinero encima de la mesa para uno de los sectores claves para el desarrollo de nuestra región. Dicen que la caza mueve en torno a 600 millones de euros, cifras muy similares a otros sectores que reciben cada años decenas de millones de euros de ayudas. Nuestra región ha perdido un 30% de los cazadores en menos de 15 años y seguimos sin tomar medidas. ¿Se imaginan que perdiéramos el 30% de las bodegas en esta región?

Quizás, para muchas de las especies cinegéticas sea la última oportunidad para su recuperación, para otras incluso puede ser que sea tarde.

Luis Fernando Villanueva
Presidente de APROCA

 

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