El «síndrome del Sus»

En estos tiempos que corren, donde los problemas cotidianos de trabajo, sociedad, economía y prisas absurdas —pues nunca conseguimos terminar nuestro plan estratégico diario— nos han llevado a padecer problemas psicológicos como estrés y depresiones, las más leves pero muy habituales, que no hace tantos años quien las padecía era objeto de mofa. Ahora estas afecciones también han llegado al mundo animal salvaje, entre otros a la perdiz roja, co-protagonista de esta investigación por ser la víctima, junto con el creador del problema, el jabalí.

Pedro Crespo Bernal

Pedro Crespo Bernal
Naturalista y cazador

08/11/2013

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Aunque este artículo fue publicado en la revista Federcaza en septiembre de 2005, hoy en estos primeros días de caza (2013-2014) todos estamos comprobando que el “Síndrome del Sus” ha llegado a su máxima manifestación, pues la perdiz que nos sale a tiro es más una rara casualidad que una normalidad. Acreditando a la vez que generalmente ha sido un buen año de cría para perdices en los cotos españoles, pues todos los días de caza observamos buen número de ellas, pero eso… a distancia.

Argumentos

Desde el año 1.995 fui observando llamativamente por experiencia propia y apoyado por comentarios que oía y aplicaba al respecto, ciertas rarezas y comportamientos extraños en las formas de huida, temerosidades inexplicables fuera de normalidad, no conocidas tiempos atrás. En el año 2.002, después de 7 años comprobando el fenómeno cada vez más acusado, tuve la necesidad de bautizar como Síndrome de Sus, no por susto, sino por referencia a Sus Scrofa (jabalí), creador del síndrome. La sintomatología genérica más común y apreciada en su comportamiento son fobias, recelos excesivos y muestras de falta de seguridad. Este síndrome se presenta en cualquier zona geográfica donde estén presentes la perdiz y el jabalí.

Base de confirmación

Investigación realizada sobre razonamientos, interpretaciones y valoraciones de la observación especializada, desde el año 1.980 hasta el año 2.004(25 años). Realizadas en la Región de Murcia y algunas provincias limítrofes.

Causas

Todos los ruidos procedentes y causados por el jabalí, escandaloso al moverse por donde va, rozando su cuerpo con matorrales, pisando ramas secas que crujen, y en zona de piedras sueltas, lo más frecuente, armando una verdadera algarabía cuando la manada es numerosa y van corriendo, emitiendo gruñidos y diversos ronquidos etc… o estos mismos ruidos con otra fuente de origen. La perdiz interpreta todos estos ruidos como señales de peligro amenazador por algún encuentro terrorífico en las primeras semanas de existencia en compañía de la madre o sin ella, fijando el trauma psíquico de por vida, empeorándose al repetir los encuentros de acoso por intentar el jabalí darle caza, situación que la perdiz resuelve sin problema por razones morfológicas (más ágil), un sinvivir continuo que le crea situaciones de estrés, angustia, inquietud y temor continuo pues en cualquier momento puede aparecer el lobo.

Circunstancias numerosas por habitar en vecindad y, nunca mejor dicho, mareando la perdiz. De aquí la grave dificultad que tiene para multiplicarse, destrozo de nidos y abandono, pues el hecho de que una manada de jabalíes o un solo individuo pasen a 20-40-60 m (según grado de afección) de un nido, es suficiente motivo como para que la perdiz afectada por el síndrome abandone el nido definitivamente. No es condición para padecer el síndrome que todos los individuos afectados hayan tenido alguna mala experiencia física con el jabalí, ni en las primeras semanas de vida ni después, simplemente desarrollan el síntoma por copia o simpatía del comportamiento de las perdices afectadas. Explico: En un bando que sin haber visto al jabalí físicamente a lo largo de su vida, se pueden sumar a individuos afectados que, al mínimo ruido relacionable con el jabalí, saltan a vuelo desconcertado a las no afectadas, que por mecanismos de supervivencia natural saltan también sin saber dónde estaba el peligro. Por este motivo la perdiz no tiene por que tener miedo a la figura física como jabalí, sino al ruido característico comentado al inicio en las causas. Eemplo: si hay dos perdices a 50 m, una afectada y la otra no, y una persona o varias, un perro o varios y un caballo o varios, mientras no hagan ruidos característicos del jabalí (que es bastante difícil no hacerlo) la perdiz no huirá desproporcionadamente, la afectada y no afectada, ninguna huirá, siempre que no pasemos la distancia de seguridad —30 m— que por desconfianza natural pondrán tierra por medio. Pero si oyen ruidos característicos de jabalí saltaran a vuelo o huirán a pie presas del pánico, lo que haga la primera, siempre la afectada, hará la no afectada.

Síntomas

1.- Individuos solitarios, que inician vuelo muy lejos a más de 150 m sin motivo justificado, con aleteos de lanzamiento largo.

Motivos: Recelo excesivo, falta de seguridad en la huida, pánico. Individuos muy afectados por el síndrome, que ya no confían en la seguridad del grupo.

Normalidad: Salto a vuelo a 60 m con aleteos de lanzamiento corto. También salto a vuelo a 30 m o menos, desafiando la distancia de seguridad. Aleteos de lanzamiento largo. Buena confianza en sus posibilidades de huida.

2.- Bandos que sin llegar a su distancia de seguridad, saltan a vuelo todos a la vez, dispersándose en vuelo tomando rumbos no definidos, con aleteos de lanzamiento largos.

Motivos: Falta de seguridad como grupo, todos o algunos individuos afectados que descontrolan el grupo.

Normalidad: Salto a vuelo entre 20 a 40 m no todos a la vez, aleteos de lanzamiento cortos y largos con rumbos bien definidos, a veces quedando algún individuo rezagado o huyendo a pie intentando no ser visto. Buena seguridad individual.

3.- No ver bandos ni individuos solos en lugares donde se observan rastros frescos de perdiz, sin embargo a veces se oye algún vuelo lejano.

Motivos: Perdiz muy recelosa y temerosa, que al mínimo ruido que oye y relacione con el ruido característico de jabalí o que la haga dudar del origen de este, se alejan a pie o volando, pues esta ave tiene un finísimo oído y el sentido de alerta muy desarrollado. Para la perdiz el viento es un amigo y enemigo a la vez, según la dirección de este, a favor o en contra del peligro.

Normalidad: Que algún individuo se vea a pie o salte a vuelo de cerca (20-40 m) con aleteos de lanzamiento largo o de lejos (mas de 40 m.) con aleteos de lanzamiento corto.

4.- No ver bandos ni individuos solos en lugares de querencia natural por excelencia, en días de frío y viento en zonas de solana.

Motivos y normalidad, lo mismo que en el apartado 3.

Métodos de observación

El intento de acercamiento a la perdiz en todos los casos ha sido a pie, con y sin perro, huyendo desmedidamente al relacionar la perdiz los ruidos ocasionados por el acercamiento con los ruidos característicos de jabalí. Las zonas han sido visitadas antes y después de todos los casos anteriores con vehículos a motor, coche, todo terreno y moto, que no hacen ruidos para la perdiz característicos del jabalí, observando bandos e individuos con normalidad en sus movimientos y comportamiento natural de huida. También se comprobó que el jabalí estaba presente en las zonas, mucha cantidad de rastros inconfundibles y avistamientos frecuentes. Como dato curioso por darse solo una vez, aunque muy relevante, añadiré una anécdota: Haciendo una de las observaciones en coche, observé un bando de entre 8 y 10 individuos ocupando el camino, a una distancia de unos 100 m, me acerque muy suavemente a ellos hasta una distancia de 5 m, eché el freno de mano sin parar el motor, algunos individuos se acercaron tanto que los perdí de vista delante del coche, otros se quedaron muy cerca alrededor mirando y picando en el suelo, paré el motor y seguían ahí. Ante mi asombro y duración del acontecimiento les hice unas fotos; ya sin saber que hacer, abrí la puerta para bajarme y entonces sí, saltaron a vuelo tranquilamente. Reflexión: No tienen miedo exagerado a lo extraño, pues ni a la figura física del coche ni a su ruido, lo pueden relacionar con ninguna experiencia desagradable. Un caso extremo de comportamiento, pero significativo de mencionar.

Estas comprobaciones han sido realizadas durante los últimos cinco años, en los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, cuando la perdiz nacida en primavera ya es adulta. Los resultados han sido los mismos antes y durante el periodo hábil de caza para la perdiz en modalidades de “al salto” y “en mano”. La modalidad de “perdiz con reclamo”, por sus características, es la única que no es afectada por el síndrome, ni esta a su vez tampoco afecta al síndrome. Teniendo la total seguridad que en las zonas analizadas, la perdiz existente es completamente salvaje. Las zonas son visitadas solo por cazadores, minimamente por algún senderista y la guardería forestal, ya que la entrada de ganados está prohibida.

Cazador no influyente

Para demostrar que el cazador incluso con perros no es influyente en el síndrome, expongo mi razonamiento: Según Orden de Vedas anual y normas internas del acotado donde se han hecho todas las observaciones de comprobación, un cazador dispone de 20 días al año, de 8h. a 14h., con un total de 120h. Un año tiene 8.760 h. que es el tiempo conviven en el mismo hábitat la perdiz y el jabalí, el 100% del tiempo. Sin embargo el cazador convive en el mismo hábitat el 1,37% del tiempo total de un año, o sea el 98,63% menos de tiempo que el jabalí. Lo que indica que es ilógico pensar, que con este 1,37%, la perdiz tenga algún trauma psíquico por culpa del cazador, teniendo en cuenta también la intermitencia en los días de caza, no repetitivos.

Valoración de intensidad

La intensidad del Síndrome se puede medir con los siguiente parámetros, tres genéricos y diez específicos:

- Genéricos, con tres grados diferentes alto, medio y bajo. Se usa cuando solamente queremos tener una valoración rápida estimativa de afección, o nos faltan datos de la zona.

- Específicos, con 10 índices numéricos del 1 a 10 en sentido creciente. Se usa cuando queremos hacer una valoración exacta del síndrome en la zona. El grado Alto tiene 4 índices 7, 8, 9 y 10, pues es el más habitual y el que más se va a usar. El grado Medio tiene 3 índices 4, 5 y 6 y el grado Bajo los 3 restantes 1, 2, y 3, este grado es el que menos se va a usar por no tener tanta importancia la afección, zonas con este grado son fáciles de valorar. Con el índice de afección específico, podemos valorar directamente.

Grado Alto (Índices10-9-8-7): En zonas donde la orografía no tiene grandes diferencias de nivel, entre 100 y 200 m con una altitud máxima sobre el nivel de mar (s.n.m) de 500 m y la convivencia entre ellos es permanentemente mutua, monte bajo, arbustivo de densidad media, querenciosa para la perdiz, con rodales de alta densidad vegetativa donde el jabalí tiene sus encames, la alimentación es escasa y tiene que recorrer y dedicar mucho tiempo del día y la noche para su satisfacción primaria, con los consiguientes encuentros repetitivos con la perdiz (Típico coto de caza mayor castellano-manchego y extremeño, donde la presencia de perdiz es escasa o nula). La densidad de población jabalí no es proporcionalmente determinante al grado del síndrome, aunque si influyente. Aclaro, si en 1 Km2 hay 10 individuos y bajamos la densidad a 5, el síndrome no será el 50% menor, la zona estará igualmente visitada pero con menos encuentros, el grado no se puede cuantificar en esta medida, les recuerdo que conviven. Un ejemplo ¿Quién esta mas afectada, la persona que fuma 1 cajetilla de tabaco al día o la que fuma 2? No se puede cuantificar, no esta un 50% más afectada la que fuma 2. Pero sin duda que solamente con este dato, sí que está más afectada.

Relación entre poblaciones (Jabalí-perdiz): Muy desequilibrada.

Grado Medio (Índices 6-5-4): En zonas donde la orografía tiene diferencias de nivel de entre 200 y 800 m con una altitud máxima (s.n.m) de 1.200 y la convivencia entre ellos es casual, por ser el hábitat mas determinante para cada especie, la perdiz zonas bajas y medias y el jabalí mas altas donde tiene los encames, la cantidad de alimentos para este es mediana, teniendo que recorrer y dedicar normalmente la noche para alimentarse. Teniendo encuentros ocasionales con la perdiz. La densidad de población de jabalí si es determinante al grado del síndrome. Aclaro, al tener el jabalí un espíritu aventurero y no convivir con normalidad, la cantidad de visitas al hábitat de la perdiz si es proporcional a la densidad de este, pues la distancia entre hábitats no es muy grande conociendo las costumbres de este, muy “corretero”.

Relación entre poblaciones (Jabalí-perdiz): Desequilibrada.

Grado Bajo (Índices 3-2-1- ): En zonas donde la orografía tiene grandes diferencias de nivel de más de 800 m, con una altitud (s.n.m) de más de 1.200 m la convivencia entre ellos es prácticamente nula, por ser los hábitats muy determinantes para cada especie, para la perdiz zonas bajas y medias y para el jabalí las altas, encuentros poco frecuentes, la cantidad de alimentos para el jabalí es buena, no teniendo la necesidad de bajar a alimentarse, nada más que en situaciones caprichosas o limite (sequías o incendios). Algunas piaras suelen hacer incursiones esporádicas al hábitat de la perdiz y ciertos grandes machos ya veteranos, con su característico “escudero” en busca de aventura y observación de nuevos territorios. La densidad de éste no es determinante, pues su hábitat le es muy agradable, suelen ser macizos montañosos que le dan mucha seguridad y tranquilidad, mostrando estos individuos una gran desconfianza a asociarse con el hábitat de la perdiz, muy diferente.

Relación entre poblaciones (Jabalí-perdiz): Equilibrada.

Con estos baremos-base podemos saber el grado e índice de afección, teniendo en cuenta los factores importantes:

1.- Tienen que coincidir en tiempo y espacio físico las poblaciones de perdiz con las de jabalí. La situación geográfica de la zona es indiferente al síndrome.

2.- La cantidad y calidad de alimento para el jabalí, a mayor cantidad y calidad de alimento menor afección. La densidad de población de perdiz no influye en la intensidad del síndrome.

3.- Distancia entre hábitats, cuando la hay, a mayor distancia menor afección.

4.- Orografía de la zona, diferencia de nivel entre hábitats, a mayor diferencia menor afección.

Según lo expuesto hasta ahora podemos encontrarnos multitud de combinaciones que no tienen que coincidir con las del baremo-base. La Naturaleza es compleja y caprichosa, es cuestión de una observación especializada y con una duración en tiempo suficiente para confirmar los datos de las observaciones, y así conseguir la valoración más aproximada.

La explicación del origen del fenómeno —Síndrome del Sus— no es ni más ni menos que el triunfo de la respuesta natural de supervivencia en la vida salvaje de los animales. Demostrando una vez más que la perdiz es quien mejor sabe defenderse ante sus enemigos y aprietos cotidianos. Por esto, los cazadores nos imponemos egoístamente “proteger” a la perdiz y el resultado es a veces inútil o totalmente contrario.

Motivo de publicación

Mi interés en dar a conocer el descubrimiento a la opinión publica es para que los sectores y organismos oficiales implicados en resolver la disminución de población de perdiz en España tengan en cuenta este Síndrome tan importante, como otros factores ya conocidos, y no seguir dando “palos de ciego” intentado solucionar la situación parcheándola.

Pedro Crespo Bernal

3 comentarios

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12 nov. 2013 09:37
+1
pumuky  
Leí el artículo en 2005 y lo vuelvo a releer estupefacto. Me parece un ejercicio absolutamente sesgado de observación del ombligo propio. No entiendo a que clase de subvención o busqueda de relevancia puede deberse este estudio. O sea, que las perdices arrancan largas porque han desarrollado un miedo atávico a los sonidos producidos por el jabalí. Esto es, cuando avanza una mano de 5 cazadores con sus repectivos perros, voces, tiros y ladridos las perdices vuelan largas porque les confunden con una piarilla hozando y cuando me acerco con el coche el bando no vuela, porque no escuchan sonidos porcinos. ¡¡Que gran asociación de ideas !!
Yo he cazado toda la vida perdices en los montes de Toledo, donde siempre convivieron con el jabalí y las perdices allí arrancan relativamente cerca (que no siempre a tiro), confiadas en la cobertura vegetal que les proporcionan los jarales. También las cazo en tierras de labor castellano- leonesas, donde no ha habido un jabalí "en la vida de diós" y no hay una mata donde taparse y las perdices arrancan o apeonan a quinientos metros en cuanto te ven asomar la gorra por el viso.
Preguntenle a esas perdices si le temen al "sus" o al tío de los tubos negros.

Un saludo.
19 nov. 2013 01:49
Igor24
Igor24  
El análisis creo que se queda muy corto, puesto que el estrés que puedan tener las perdices no le proviene sólo del jabalí; ¿el zorro?¿rapaces?¿hombre cazador?¿etc.? Por cierto, hace años que vi grandes bandos de perdices (50 unidades) protegiéndose en los páramos castellanos con vuelos nada más ver enemigos a más de 200m. y por la zona escasamente se veían por entonces jabalíes...
18 dic. 2013 23:12
ALEPUS
ALEPUS ««“La suerte con un perro, también depende de si el can la encuentra en su amo” »»
pumuky: Por lo que interpreto en sus frases sarcásticas, usted piensa que el artículo es una fábula. Mire lo que le digo -si de verdad piensa eso- de cazador a cazador: Caballero…. para intentar humillar mi trabajo, hecho por un hombre igual que usted, debe hacer usted otro trabajo de investigación en los mismos cotos, argumentando la quimera. Escribirlo, poner su foto y su nombre completo, publicarlo en dos revistas del sector, en un periódico y aquí, sin pagar claro. Y no haciéndonos perder el tiempo a los lectores y a mí, aireando opiniones con textos de cánticos de charanga, agazapado detrás de un alias.

Un saludo. PEDRO CRESPO



Igor24: Creo por lo que opina, que no ha entendido mi exposición en su totalidad. Si estuviera yo confundido, permítame que le anime a realizar un interesante trabajo, en los términos que su juicio defiende. Seguro que aprenderé bastante.

Un saludo. PEDRO CRESPO

 

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