La propuesta de la caza como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Desde hace unos meses han aparecido en distintos medios de comunicación la iniciativa que la Oficina Nacional de Caza ha planteado al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para presentar a la UNESCO la candidatura de la ‘Caza’ como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Debo reconocer que esta noticia me ha provocado cierta emoción por los años que he pasado estudiando la actividad cinegética, no sé si afortunada o desafortunadamente, y por recoger en ella la tesis fundamental de mi investigación: la relevancia cultural que tiene la caza en nuestra sociedad.

Roberto Sánchez Garrido | 30/07/2013

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Me han venido imágenes y sensaciones que vas apartando en el día a día, al igual que los teléfonos o los emails de aquellos que tanto te ayudaron durante aquellos años. Con una sonrisa me vuelven recuerdos, preguntas incómodas, respuestas molestas, emociones, días de frío, kilómetros, trabajo, mucho trabajo, y también muy buenos momentos en compañía de aquellos que en la jerga profesional llamamos informantes y que pisando la tierra habría que llamar amigos. Si la nostalgia es una de las razones para hacerle caso a esta noticia, la otra es una deriva profesional, agudizada por los últimos derroteros seguidos en mi investigación relacionados con el patrimonio. Tal vez por eso la noticia me llena de esperanza y también de desasosiego. Intentaré explicarme.

La caza es historia, es presente y es complejidad

En ningún caso puedo ser yo el que ponga en duda la importancia de la caza, no solo a nivel económico o de representatividad social, sino más allá, como condensadora de un complejo cultural e histórico, de una parte de la vida de sus actores, y también, cómo no, de una estrecha relación con el entorno, con el medioambiente, que en su ideal se imbricaría con el medio y que en su realidad se matizaría según distintas actitudes y actuaciones.

La caza es historia, es presente y es complejidad. La riqueza de conocimientos, de tradiciones, de saberes, del latir del monte, del vuelo de la perdiz, de la querencia de los marranos en la mancha, es algo tan ingente y tan emocionante que alguien que no se acerque a la caza libre de prejuicios y con ganas de aprender y aprehender una nueva dimensión de algo que vive dentro de su propia sociedad no puede comprender. Esto por sí solo ya la hace candidata a cualquier reconocimiento, local, regional, nacional o internacional. Pero, ¿no podríamos decir lo mismo de la música, de la fiesta, del deporte o de los juegos? Es ese esencialismo el que me provoca la primera zozobra.

Hablar de caza de forma generalista, al igual que hacerlo de cazadores, es tan amplio como ambiguo, tratándose claro está de una propuesta de protección patrimonial. Si bien la caza podría ser el marco, habría que matizar qué modalidad o modalidades son las que vamos a considerar susceptibles de reconocer. Es decir, la venatoria sería de por sí una herencia, un conocimiento y una actitud medioambiental susceptible de protegerse culturalmente, y dentro de ella, por sus características propias, singulares, una serie de modalidades concretas. De esta forma se centra el campo de trabajo. El escrito remitido al Ministerio por parte de la ONC peca de generalista, y conociendo el complejo proceso de declaración de la UNESCO, el trabajo tiene que ser mucho más profundo y concreto. Como ejemplo podemos poner que no hemos declarado las fiestas como patrimonio inmaterial de la humanidad, sino determinadas fiestas por su valor, historia y repercusión. Ese debería ser el camino.

El escrito remitido al Ministerio por parte de la ONC peca de generalista, el trabajo tiene que ser mucho más profundo y concreto

El siguiente escollo viene de la lectura del documento de la ONC y de esos recuerdos que me llevan a la justificación y susceptibilidad de muchos cazadores. En un artículo publicado hace algunos años decía algo así como: «se habrán dado cuenta [los cazadores] que mi trabajo era inofensivo». Y esto me ronda nuevamente la cabeza. Hasta fecha de hoy, 16 de julio de 2013, que sepa, la caza en España es una actividad legal. Tiene una amplia, tal vez excesiva, regulación en forma de leyes, normativas, órdenes de veda, que se cumple en la inmensa mayoría de ocasiones por parte de los cazadores. Esta legalidad le da carta de autoridad. No hay que justificarse, ni siquiera perder el tiempo o el espacio en un párrafo diciendo que: «la caza es una de las actividades más antiguas de las que realiza el ser humano»… El esfuerzo debe venir en mostrar la relevancia de la caza y el rico patrimonio cultural que la envuelve. Ese es el camino para transmitirlo a la sociedad y ganar reconocimiento.

Durante mi trabajo de campo se me veía en muchas ocasiones como un intruso debido a mi condición de no-cazador. No entendían, o poco se entendía, que una persona ajena a la caza pudiera interesarse por ella y que no fuera un ecologista furibundo, un espía o un Seprona infiltrado en las líneas enemigas. Si la caza quiere ser reconocida hay que dejar de lado ese cierto complejo de inferioridad, lo que no quiere decir mantener la humildad y el respeto hacia la praxis y el medioambiente.

Cuando en jornadas, en congresos, en proyectos, presentamos actuaciones patrimoniales, una de las bases ineludibles es siempre y en todo caso la implicación de la población afectada en el proyecto patrimonial. Para este caso esto sería también fundamental. La heterogeneidad entre los cazadores es enorme. Distintos niveles educativos, extracciones sociales, situaciones económicas, intereses, conocimientos, herencias o heredades pero supuestamente una vivencia común alrededor de la caza. Si me remito a mi experiencia de campo he conocido un poco de todo, y de todos he aprendido.

Parece que escucho las primeras opiniones negativas: «seguro que con esto nos van a prohibir cazar», «seguro que van a reducir la época de caza», «seguro que los ecologistas van a controlarnos», «seguro que los de la UNESCO nos van a decir qué cazar y cómo cazarlo», «¿eso del patrimonio qué es?». Integrar las distintas sensibilidades en un proyecto común es altamente difícil, y en este caso no va a ser distinto, pero es fundamental para que nazca un sentimiento común entre los cazadores y que el proceso no se quede, como en muchas ocasiones, en una dirección de arriba-abajo sino en un plano horizontal. A esto habría que unir el trabajo con aquella parte de la sociedad que no es cazadora pero que tiene de forma transversal una relación directa con ella, y también con aquellos con siguen considerando a la caza como una actividad bárbara e impropia de una sociedad civilizada del siglo XXI.

Las declaraciones como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO son conceptualmente confusas

Y una inquietud más. La caza, según argumenta la ONC, «contribuye, entre otras cuestiones, a la conservación de espacios y terrenos naturales, en aras de la preservación de los hábitats de las especies cinegéticas»… El proyecto aquí naufragaría en el momento en el que nos introducimos en la delimitación de lo natural. Es incuestionable que el hábitat es fundamental para la especie cinegética, y que el animal cinegético es una selección humana de aquellos que son susceptibles de ser cazados, y que por lo tanto esa selección implica una construcción cultural, que a su vez construye el medio y a su vez interviene sobre él. No es este ni el momento ni el foro de discusión de este tema, pero para el proyecto de declaración es fundamental que estos aspectos queden claros.

Las declaraciones como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO son a día de hoy la joya de la corona. Y también es un campo conceptualmente confuso. La iniciativa de que la caza sea considerada miembro dentro de este selecto club es compleja, polémica y a la vez ilusionante. El proyecto que salga de este trabajo debe ser serio, integrador y en mi opinión debe tener un amplio consenso, que vendrá sin duda de la unión de sensibilidades. Es también un buen momento para reflexionar desde todos los niveles, también los científicos y académicos, sobre la importancia de la caza en nuestro espectro socioeconómico, y con ello torno a reivindicar el campo de trabajo que tiene la etnografía en materia cinegética.

Estas breves reflexiones, tal vez demasiado críticas para determinados lectores o resueltamente irreverentes para otros, no son más que consecuencia del interés con el que he recibido la información sobre este proyecto de declaración patrimonial y del amplio y arduo trabajo que tiene por delante, que por supuesto espero llegue a buen puerto.

Roberto Sánchez Garrido
Antropólogo

1 comentarios

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30 jul. 2013 13:35
Tabardillo
Esto entra plenamente, por concepto y contenido, en lo que se suele llamar finamente una "boutade". En castelano viejo: una solemne barbaridad.
La práctica de la caza, de la forma que sea, puede ser considerada muchas cosas, cada una de ellas según el interés particular o el color del cristal con que lo ve del que considera, pero jamás de los jamases bajo ningún concepto ni punto de mira "eso".
La ONC se sigue "luciendo" y mostrando su partidiamo e intereses sectarios. Siguen demostrando sus orígenes, intenciones y objetivos. Por cierto que absolutamente nefastos para el colectivo cazador en particular, y la humanidad española en general.

 

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