Sobre las homologaciones: Su actual inutilidad y sus injusticias

Recuerdo lo enormemente ventajoso que me resultó examinar las listas de la 9ª Edición del Rowland Ward Records Book publicada en el año 1928, cuando empezaba a darle forma a mi libro África Safari. Este inventario me sirvió para confeccionar el primer esbozo de lo que pretendía realizar y fueron muchas veces las que, a lo largo de más de ocho años, volví a consultar encontrando siempre algún dato valioso que había pasado por alto.

Antonio Díaz de los Reyes | 10/07/2013

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Al igual que yo, infinidad de cazadores, científicos y organizadores de caza han consultado sus publicaciones a través de los años, encontrando con esa búsqueda entre sus páginas, una inestimable información que les resultó de gran ayuda.

En la actualidad, los distintos libros de récords ofrecen muy poca información o ninguna y se han convertido simplemente en una hoguera de vanidades muy lejano al propósito inicial de James R. Ward, su creador.

Actualmente un corzo cobrado en Guadalajara se homologa como cazado en los Montes de Toledo, para no dejar al descubierto la bondad de determinada zona y atraer a una posible competencia. Un cochino criado en cautividad se mide como capturado de aguardo nocturno en la finca abierta de un amigo. El búfalo conseguido durante el último safari se cambia en el mismo campamento por otro mejor encontrado muerto. En una determinada zona de África —yo mismo he sido testigo— se cazan dos gemsbuck, uno muy bueno y otro no tanto para homologar el primero como tal y el segundo como angolan gemsbuck. Así podría seguir hasta terminar con el espacio permitido para este artículo.

Con este panorama, no solo es nula la información que estas listan puedan darnos, sino que además es errónea

Con este panorama, no solo es nula la información que estas listan puedan darnos, sino que además es errónea. Se falsean los datos, se miente con los lugares, se alteran las fechas. Se engaña deliberadamente por un afán de notoriedad rayano en lo enfermizo, se falsifica por figurar en una relación de nombres y apellidos aun a costa de ser ellos mismos los primeros engañados. Se simula una realidad y lo peor del asunto, es que acaban creyéndosela los mismos egocéntricos farsantes que la han inventado.

En este estado de cosas, los libros de récords son tan inútiles como la lluvia en el mar y su publicación ya no beneficia ni a los infractores, pues con lo acontecido en las últimas décadas desde que se declaró esta gravísima epidemia de trofeitis, todo el mundo sabe a qué atenerse.

Pero dentro de su ineficacia, para el que lo consulta de buena fe o de quien continúa homologando trofeos exclusivamente con espíritu deportivo —que aún quedan algunos—, en el sistema CIC adoptado por la Junta Nacional de Holomogación de Trofeos de Caza (JNHTC) existen injusticias que, por un motivo u otro, nadie quiere arreglar o ninguno se atreve a corregir.

Entre estos métodos de medición injusta destacan dos de forma llamativa: el del macho montés, a simple vista partidista, y el del corzo, sobre el que es imposible aplicar más castigo. De los dos trata este escrito.

 

El macho montés

Sobre el macho montés —donde la JNHTC nunca ha dependido del CIC por ser una especie autóctona y fuera de su ámbito— ya es hora de que este organismo haga más equitativa su medición y corregir, de una vez por todas, algunos epígrafes perjudiciales para la casi totalidad de los fenotipos a excepción del macho de Gredos típico, bien sea de estas sierras o de las zonas repobladas con esta raza.

En lo referente al perímetro de los cuernos tratados en el epígrafe 2 vemos que antiguamente esta medida se tomaba en los tres tercios de cada cuerno, lo que daba idea del grosor medio de cada una de ellos, haciendo la media de cada uno de los tercios.

La JNHTC cambió hace unos años esta medida, tomándose ahora el promedio de los perímetros medidos en la sección más gruesa sobre el medrón de la base de cada cuerno, y multiplicando dicho promedio por 2,6.

Ello favorece a los machos de Gredos, y a los que pueblan zonas colonizadas por ellos, como Las Batuecas y Riaño, ya que el resto de machos españoles mantienen los grosores de la cuerna mejor que los de referencia Gredos, que decaen más a lo largo de la misma.

En el epígrafe 4 se trata la envergadura de los cuernos. Pues bien, los machos penibéticos y los de Levante casi nunca alcanzan los 2 puntos por este concepto, ya que los andaluces son más cerrados, no pasando en general del 85% de la longitud de los cuernos, mientras que los levantinos, sobre todo los de Tortosa–Beceite y similares, son demasiado abiertos, pasándose en general del 105%.

Ello supone normalmente uno o dos puntos más para los machos de Gredos.

En el epígrafe 6 donde se habla de la curvatura. Nos encontramos que de entrada ya se dice taxativamente que, como norma, debe ser la forma característica la de lira, que es la habitual de Gredos, pero que de ninguna manera es la forma habitual del resto de los machos españoles, que tienen representaciones mucho más variadas, como son la acarnerada en Sierra Nevada y limítrofes, las rectas de Ronda, y las muy abiertas en Tortosa–Beceite y sus zonas de influencia.

El resultado es que los trofeos que no son de Gredos, difícilmente podrán alcanzar los tres puntos de inflexión

El resultado es que los trofeos que no son de Gredos, difícilmente podrán alcanzar los tres puntos de inflexión, y por tanto no suelen pasar de los 3 puntos, cuando los de Gredos alcanzan habitualmente los 5.

Por último, en el epígrafe 7 referente a la penalización, se castiga a los machos que no son de Gredos, pues los trofeos de casi todas las razas del resto de la Península no suelen tener los medrones muy marcados, contrariamente a lo que ocurre en los típicos de esta zona, penalizando, muchas veces por este concepto, con 1 punto.

El resultado de todo esto se puede traducir en 4 o 5 puntos a favor del macho montés de Gredos. O dicho de otra manera: una fórmula creada para favorecer de forma descarada a los trofeos de esta sierra, su área de influencia y las regiones repobladas con este fenotipo.

El origen de toda esta controversia arranca en el momento que el conde de Yebes diseña la fórmula de medición del macho montés, sobre la base de los machos de Gredos, aplicando los puntos de belleza a la formas de estos, sin tener en cuenta a los de otras zonas de España. En esa época y al carecer de otros datos comparativos, la idea era buena, pero la experiencia, el paso de los años y la multitud de trofeos homologados, hacen que sea una obligación el rectificar.

Finalmente resulta que la técnica más antigua de medición de trofeos de caza, como es Rowland Ward que utiliza para el macho montés el método 7 de su sistema, es la más equitativa. Ésta mide la circunferencia de su base más ancha, la longitud del cuerno más largo y la separación en las puntas, considerando el mínimo para entrar en su listado 27½ pulgadas, o lo que es lo mismo, 70 centímetros. Indudablemente el mínimo es muy bajo, pero el procedimiento es inmejorable y el que fácilmente puede apreciar cualquier cazador o gestor.

 

El corzo

Veamos ahora qué ocurre con el corzo, ese gran sancionado en cuanto a la homologación se refiere. Imaginemos un trofeo de 118 puntos, es decir, medalla de plata, que tenga la siguiente medición desglosada:

Longitud: 28 cm de media x 0,5 14,00 puntos
Peso: 520 gr – 90 = 430 x 0,1 43,00
Volumen: 380 gr 520–380 = 140 x 0,3 42,00
Color 3,00
Perlas 3,00
Rosetas 3,00
Envergadura 4,00
Puntas 2,00
Bonificación 4,00
Penalización 0,00
  118 puntos
Medalla de Plata  

Los pesos suponen 85 puntos. Es decir, el 72% del total.

Ahora muchos de los defensores de este sistema me llamarán demagogo por poner este ejemplo de un trofeo de 28 centímetros —un señor corzo— donde a excepción del peso y el volumen, todas las medidas que se aprecian son extraordinarias. Un corzazo que dejaría con la boca abierta durante un rato al cazador o gestor que lo contemple. Resumiendo, un ejemplar que sería a todas luces el corzo de su vida para el que tuviera la suerte de encontrarlo.

Pues bien, este formidable trofeo, tras su actual, detestable e injusta homologación, se quedaría —como puede verse— en una medalla de plata muy justita, por obra y gracia del peso aplicado por el CIC con la actitud complaciente de la JNHTC y al volumen, por culpa de la faena de ese físico de Siracusa llamado Arquímedes.

Repito para el que aún no lo haya captado. El problema de la medición del corzo —y en este caso sí es evidente la autoridad del CIC— es la preponderancia que tienen en la misma el peso y el volumen, que llega a suponer, como hemos visto, más del 70% de la medición sin que estos conceptos sean visibles ni mucho menos evaluables por los cazadores.

Esto es, a mi modo de ver, una consentida estupidez que aconseja no homologar ningún trofeo en el futuro. Personalmente, así lo hago desde la primera desagradable sorpresa. Que el afán trofeístico le quite aliciente a la caza es una cosa y otra muy distinta es que lo hagan unas matemáticas mal empleadas.

Aunque este problema afecte a todos los cérvidos, esta incidencia es muchísimo menor en el venado pues si bien se contempla igualmente el peso, este tiene mucha menos influencia en el resultado de la medición final, debido a su gran tamaño, ya que un trofeo medalla de oro de 190 puntos, suele pesar de media entre 5,5 y 6 kilos una vez descontado el teórico peso del cráneo, y que al multiplicar éste por 2 supone 11 o 12 puntos a sumar al resto de medidas, lo que viene a significar tan solo un 6% aproximado de la medición total.

Tamaña incongruencia convendría solventarla cuanto antes.

Antonio Díaz de los Reyes

4 comentarios

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11 jul. 2013 10:54
Huntseeker
Huntseeker  
Tema complejo este, llevaría días comentar lo que ocurre con las homologaciones. Básicamente hoy en día son un mero escaparate para la vanidad de sus captores, y muy pocos son los que lo hacen con otra intención. Respecto a la utilidad estoy sólo en parte de acuerdo, quizá no tanto en los baremos Españoles y Europeos, pero los de otros hemisferios son una buena referencia para sabér dónde cazar determinadas especies y qué s epuede encontrar allí en caunto a calidad.

Sí estoy de acuerdo en la excesiva ponderación del peso en la puntuación del corzo, que penaliza a los capturados en el Norte de España a igualdad o similitud de volumen. Es más, yo defiendo que pondere más lo que le cazador puede valorar en vivo y en verde, es decir, lo que se ve a simple vista. Lo demás es pura lotería y nada que ver con la habilidad del cazador para valorar el trofeo. Desde esta óptica el jabalí, por ejemplo, debería tener un baremo que premiara más lo que sale de los maxilares, lo que se ve fuera, porque lo que va dentro de las navajas sobre todo es no solo difícil de adivinar (por mucho que se hable de la regla de los dos tercios dentro y uno fuera) si no que es producto de la edad del animal y de su propia genética. Saludos
12 jul. 2013 18:08
Enhebrador
El tema, muy acertado en la primera parte de su planteamiento, y sencillísimo de resolver.
En efecto, la homologación de trofeos, el hecho en sí independientemente de cómo se haga, sólo sirve para dar pábulo a la desmesurada vanidad cazadora, y a los intereses puramente comerciales de la caza. En realidad eso siempre fue así en gran medida, hoy en día ya del todo.
Es decir, justo para todo lo contrario que lo que el concepto de "caza" conlleva de forma intrínseca. Desde hace unas décadas, más que nunca, cuando lo que se supone que debe primar en la caza es la gestión medioambiental y la ética deportiva (única posible justificación para consentir el dar muerte a un animal libre y salvaje, un ser vivo compañero existente en la naturaleza).
Gestión medioambiental y ética deportiva que para nada se fija en el grosor o tamaño de una cuerna o cuernos, sino en un lance bien cumplido y una eliminación calculada y necesaria.

En resumen, que la sencilla, conveniente y eficaz solución debe pasar, y pasa por la abolición absoluta, institucionalmente, de cualquier forma, de todas las homologaciones de trofeos de caza
16 jul. 2013 02:35
Igor24
Igor24  
La homologación de trofeos puede ser una importante herramienta de gestión, pues nos puede servir para valorar la calidad genética de una población. Pero esto es así si las normas de homologación dan mayor peso en la puntuación en las características físicas del trofeo que tengan una relación directa y proporcional con la salud y genética de la pieza que las porta, medibles, y especialmente medibles en campo, de manera que el gestor pueda seleccionar qué cazar y cuándo con la simple apreciación de los trofeos, sin abatirlos.
Es decir, se necesitan estudios, si no hay suficientes que creo que no, sobre selección genética de cada especie para identificar los genotipos que se asocian a individuos más resistentes y fuertes, y la relación directa y proporcional con ciertas características de sus trofeos, para luego primar en la homologación estas características "trofeisticas" que indican mejores genes, siempre y cuando estas características sean evaluables en la distancia.
18 jul. 2013 12:10
Roque Armada  
Quiero dar la enhorabuena a Antonio Díaz de los Reyes por su artículo sobre homologaciones. Me han gustado mucho su apreciación técnica sobre las homologaciones de machos y especialmente la dificultad de juzgar en vivo el peso y volumen de un trofeo de corzo. Estoy harto de oir a fantasmas que dicen en vivo si un corzo es oro o plata, cuando nadie tiene ni idea de lo que será un corzo hasta que lo metes en la balanza hidrostática.

Pero incluso me ha gustado más su apreciación y su valor al escribirlo sobre el ‘envilecimiento’ de la homologación de trofeos que estamos viviendo en la actualidad.

Yo hace años que no homologo trofeos por muchos de los motivos que tan acertadamente cita.

Roque Armada

 

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