Conflictos de riesgos y daños cinegéticos

Resulta imposible abordar la cuestión de los riesgos y daños cinegéticos, sin enmarcar adecuadamente unos posibles antecedentes históricos, legales y técnicos, en esta compleja y conflictiva materia.

José Miguel Montoya Oliver | 21/03/2013

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Debemos asumir y defender que en España la caza es, y debe seguir siendo, res nulius, conforme a nuestra herencia romana, comunera e islámica, bien alejada del bárbaro feudalismo centroeuropeo. La caza en España es de todos, o para ser más exacto de entre todos del que la caza.

Sin embargo, si todos cazáramos como si fuéramos los dueños de la caza (¡y hay quien así quiere hacerlo!) descubriríamos que no hay caza para todos: somos muchos, el medio está muy degradado, y nuestros procedimientos de caza son hoy demasiado eficaces.

Unos creen que la caza es de su propiedad, porque vive en su terreno, y otros creen que es suya porque sí, porque son del pueblo

En lógica consecuencia, la Ley ha atribuido el manejo de la caza a los titulares de los espacios cinegéticos, a los que ahora llamaremos simplemente “cotos”. Titulares particulares, ayuntamientos, sociedades… Ellos, los titulares, son los que pueden disfrutar de la caza; pero no libremente (porque no es de ellos sino de todos), sino a cambio de su conservación, fomento y ordenado aprovechamiento. Ser titular no es pasar a ser el dueño, sino lograr un mero contrato; pues la sociedad te nombra titular “contra algo”. Hoy existe un claro clima de inhibición de deberes por parte de los titulares. Unos creen que la caza es de su propiedad, porque vive en su terreno, y otros creen que es suya porque sí, porque son del pueblo, o por algo parecido. Sí que lo es, sí. ¡Pero con condiciones! Si las condiciones no se cumplen, la titularidad debe ser anulada ¡Será por titulares!

En todos y cada uno de los recursos naturales renovables (caza mayor y menor, pesca continental y marina, pastos herbáceos y leñosos, bosques, manchas, matorrales…) la conservación fomento y ordenado aprovechamiento no es maná caído del cielo; sino el efecto lógico de una serie de inevitables costes de producción. Básicamente: daños y riesgos, fomento biológico, y patrimoniales.

Estos costes de producción no siempre tienen porqué traducirse en pagos, muy en especial en el caso concreto de la caza que venimos denominando social. No es muy acertada esta denominación, porque lo social es parte ineludible de la sostenibilidad, y ésta abarca además lo ecológico y lo económico, aspectos que nunca deben marginarse. No obstante existir, existe, y el concepto debe conservarse, pues no son pocas las ocasiones en que la caza social es la principal oportunidad para la fauna. También hay casos en que otras fórmulas son tanto o más aconsejables: cada coto, un mundo.

Justificación

Los conflictos asociados a los “riesgos y a los daños” se extienden en nuestros días. Riesgos de accidentes en carreteras, daños sobre la agricultura y los montes… Es obvia la necesidad de abordar esta cuestión, por áspera y conflictiva que pueda llegar a ser. Hoy se habla mucho de estas cuestiones, pero tal vez está faltando el aportar una perspectiva técnica sobre estos hechos incuestionables ¡Vamos a intentarlo!

Objetivos

Trataremos ahora de sintetizar la cuestión que nos ocupa desde una perspectiva puramente técnica. No es lo técnico la única cuestión a tener en cuenta a la hora de la toma de decisiones; pero siempre será arriesgado plantear o resolver estos asuntos, sin una perspectiva técnica adecuada.

Metodología

En materia de manejo de recursos naturales renovables y de cálculo de sostenibilidad de las estructuras biológicas, el valor finalmente gestionado procede o del valor de lo captado (lo cazado en nuestro caso), o de los valores ambientales que resulten finalmente internalizados en el sistema productivo por alguna vía (lo que los urbanitas llamamos subvenciones y que no son sino los pagos por los valores ambientales generados: “Si el que contamina paga, el que produce valores ambientales debe cobrar”). Pocas cosas dan más a la sociedad, en lo que a aportaciones ambientales se refiere, que la caza bien practicada.

Cuando hablamos de valor no hablamos de precio, cuando hablamos de costes no hablamos de pagos. Vaya pues por delante que “Sólo el necio confunde valor y precio”, para tranquilizar a los cazadores más sociales de la muy diversa cinegética española.

Con el valor gestionado habrá que pagar en su caso las rentas cinegéticas, y habrá que abordar los costes de producción a los que estamos obligados, no tanto por la normativa (que también), sino además y sobre todo por nuestro propio interés como cazadores. Costes de daños y riesgos (los que ahora nos ocupan), costes de fomento biológico (las populares “mejoras cinegéticas”), y costes patrimoniales (matrícula, tablillas, plan técnico, informes diversos…).

No pocos de estos costes no hay que pagarlos, porque no son necesarios en algunas ocasiones, o porque se asumen mediante contribuciones personales de los cazadores al manejo (por ejemplo cuando los propios cazadores guardan la caza).

Datos básicos

El valor gestionado y la estructura económica recomendable en la específica situación de cada coto (situación social, ecológica y económica), es algo que debería quedar claramente establecido en los planes técnicos cinegéticos (si lo fueran de verdad). Si la sostenibilidad es la superposición de lo social, lo ecológico y lo económico, no cabe dejar fuera estos aspectos económicos.

Los costes típicos de producción (insisto que no necesariamente pagos, pues la caza social es viable, tanto desde la perspectiva económica, como desde la de la sostenibilidad global) permiten la conformación inicial de una provisión de fondos para “riesgos y daños” del orden del 10 % del valor gestionado. Más pondría en riesgo la viabilidad económica del coto, menos probablemente resultaría insuficiente en muchas ocasiones.

En todo plan técnico de caza, y en toda reflexión en esta materia, debería estar esta cifra sobre la mesa. Basta ya de reducir la cuestión a pulsitos de poder y a oportunismos tácticos. Esta guerra, la defensa de la caza, va “de verdad”.

Conclusiones

Esa provisión de fondos o fondo referencial de riesgos y daños, no necesariamente es un dinero a gastar, pero siempre tiene una serie de aplicaciones:

  • Determina la cuantía de los riesgos y daños compatibles con la sostenibilidad y la viabilidad económica del coto. Sufrir riesgos y daños mayores, debe ser justificación técnica bastante para pedir a la Administración Pública la autorización de intervenciones extraordinarias de prevención y de control de fauna. Si los daños son menores es fácil: la caza tendrá que comer, moverse, etc.  (¿o no?) y esos riesgos y daños deberán abonarse, en su caso, con cargo al valor gestionado que disfrutamos.

 

  • Cuando la entidad de esos riesgos y daños sea tal que el pago devenga imposible (por ser demasiado grande o por falta de financiación), además de esas imprescindibles medidas extraordinarias de excepción, habrá que diseñar los planes técnicos de caza para limitar al máximo esos mismos riesgos y daños. Exige esto una intensa presión de caza y las debidas intervenciones de prevención. Habrá que buscar como objetivo poblacional no el de máximo rendimiento biológico (el mayor número de piezas a cazar), sino el de equilibrio con los daños: mantener poblaciones deprimidas. Estado de normalidad frente a estado de sostenibilidad.

En nuestros días no estamos actuando técnicamente bien en esta relevante materia de riesgos y daños. Tampoco la normativa actual, ni las alternativas que se plantean, tienen un contenido técnico bastante. Apenas si se debate sobre quién será el pagano final en cada caso (¡Busquemos un primo!).

  • Las excepciones a la normativa son derechos del titular a partir de un determinado nivel de daños... ¡Fijémoslo!
  • Los planes de caza debe ser especialmente de control de poblaciones a partir de un determinado nivel de riesgos y daños. Incluso pueden ser de prevención de daños para algunas especies (conejo, jabalí…) y de optimización biológica para otras… ¡Diseñémoslos!
  • En todo caso el valor gestionado debe cifrarse (que no necesariamente pagarse) y la provisión referencial de fondos para daños debe quedar claramente establecida. Exista o no ese fondo, sí debe constar la cifra. ¡A calcular tocan!

También podemos hablar por hablar, y acabar haciendo como siempre. Paradoja de LAMPEDUSA: "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie".

José Miguel Montoya Oliver

2 comentarios

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21 mar. 2013 18:04
RAMOSGRACIA
¡MUY CLARO! enhorabuena tu articulo viene a darme una cierta satisfacción, porque a pesar de (parece que todos), nunca se debería dejar cazar en un coto cuando en el no hay ni cigarras, y como dice un presidente iluminado, DEJEMOS QUE CADA UNO EN SU COTO HAGA LO QUE CREA OPORTUNO ¿?, pues un rotundo ¡NO! porque el vecino tiene y al final entre los dos no tiene ninguno, en los cotos de caza, al menos en Aragón, sería bueno que la administración, INAGA, al hacer los planes anuales se viera que se cumplen los requisitos para abrir o tener abierta una veda y si no se puede pues no se puede, tan solo por el bien de todos, por un lado las especies y por el otro los demás cazadores. Esta es una cuestión que los cobrasueldos no quieren entender y los cazadores ¿de antes? que siguen pensando que, el año que llueva las ratas pondrán huevos de perdiz, todavía menos,. Esperamos que alguien con sentido "NADA" común, ponga su talento a funcionar, que tampoco hace falta tanto. Saludos y enhorabuena.
27 mar. 2013 09:19
jmmontoyao@terra.es  
Amigo Ramos Gracia:

Me ha hecho mucha gracia eso que escribes de que "El año que llueva, las ratas pondrán huevos de perdiz". También tu notable cabreo con los que creen que la caza es un maná inagotable que viene del cielo.

Ahora que estamos de Semana Santa, es tiempo de recordar aquellos tiempos en que el pueblo judío salió de Egipto camino de la tierra prometida. Para que no desfalleciera en su travesía del Desierto (todos tenemos al menos una a lo largo de nuestra vida terrenal), cada mañana aparecía el "maná" para alimentarles, en cantidades infinitas y como caído del cielo. Se limitó a los judíos su recogida matinal a lo que su familia necesitaba cada día. Es la primera cita escrita que reglamenta el uso de un recurso natural "infinito" mediante una limitación práctica. Nos enseña así la Biblia que en nuestra relación con la Naturaleza jamás debería tener cabida el abuso, el excesivo afán de lucro.

Los tiempos en que la caza era un recurso calificable de infinito ya han pasado y jamás volverán, aunque algunos se nieguen a aceptarlo (afán de lucro). Tiempos hubo en que ni el contradiós de cazar con abuso podía acabar con la caza. Los ecólogos hablan de "resiliencia", cuando el recurso soporta el impacto infringido y consigue regresar por sí mismo a su situación inicial. La caza por debajo de la resiliencia se comporta como un recurso infinito. Así fué antaño: se podía cazar sin limitaciones. Pero cuando la resiliencia se supera, el recurso se hace finito y es preciso reglamentar su uso.

En una primera etapa basta con limtaciones de orden "administrativo" (Leyes, Órdenes de Vedas...). Algunos todavía creen que podría bastar con esto y quieren cazar "conforme a orden de vedas".

Cuando esto no basta (y ya no basta en ninguna parte, ni con las sedentarias, ni con las migratorias), es preciso establecer planes técnicos de caza "Demostración conceptual y numérica de que el diseño de manejo establecido es sostenible". Todavía muchos no los aceptan, otros no creen en ellos, y algunos los vienen convirtiendo en un mero "fraude de Ley".

La lucha por la sostenibilidad cinegética debería comenzar concienciando a todos de una cosa bien simple: "la caza es un recurso finito".

Gracias por intervención y un afectuoso saludo. Miguel Montoya

 

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