Protocolo de actuación en casos de envenenamiento

«Yerro es ir de caza, sin perro» (refranero popular).

Federación de Caza de Castilla y León | 14/02/2013

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Llegan a nuestro conocimiento, a través de nuestros federados, varios casos de muerte de perros de caza después de una jornada cinegética. Casos repetidos y distantes geográficamente pero en los que se repiten unos mismos síntomas. Los del envenenamiento.

Por desgracia, cuando esto sucede es muy habitual que el dueño del perro haya vulnerado el denominado “Protocolo de Actuación en Casos de Envenenamiento”, aprobado por el Comité de Flora y Fauna Silvestres en Mayo de 1999 (se adjunta), que recoge las bases para una correcta actuación en estos casos, sin que se cometan defectos de forma en la recogida, acondicionamiento y custodia de las muestras, y para la correcta realización de los análisis periciales. El desconocimiento de este protocolo provoca habitualmente la ruptura en la cadena de custodia de las pruebas que deben obtener, practicar y trasladar exclusivamente los agentes de la autoridad (medioambientales, Seprona, etc.), quedando invalidadas para su utilización en procesos administrativos o judiciales.

La única actuación de un particular ante la sospecha de envenenamiento de cualquier animal en el campo es el aviso a las autoridades a través del teléfono de emergencias 112 y en todo caso la vigilancia de la zona hasta que se personen los agentes, sin tocar nada. Los análisis de laboratorios privados a instancia de parte sirven de poco como prueba fehaciente sobre las circunstancias de un envenenamiento.

En muchos de estos análisis que hemos conocido, oficiales y extraoficiales, las muestras dieron como resultado el envenenamiento por ALDICARB, sustancia prohibida por la UE desde el año 2003, aunque prorrogada en España hasta 2007, que se usó en nuestro país bajo la marca TEMIK, durante más de 25 años, en productos como la patata, la cebolla, la vid o los cítricos. Eficaz y potente insecticida que no discrimina entre las plagas y el resto de seres vivos que lo consuman. En Castilla y León el cultivo más intensamente tratado con este producto fue la remolacha, y todos los cazadores supimos lo que ocurría cuando algún ser vivo se acercaba por la parcela tratada. En los pequeños mamíferos la ingesta causa la muerte segura y en los seres humanos debilidad, visión borrosa, dolor de cabeza, nauseas, lagrimeo, sudoración y puede producir la muerte por paralización del sistema respiratorio. Sabemos que en la actualidad este producto se sigue comercializando en zonas con nulas o deficientes normativas medioambientales, en África es común su uso y cada vez serán más importantes los desastres que provoque. Lo triste es que se sigue fabricando y sospechamos de su venta en el mercado negro.

Lo evidente es que en nuestros campos sigue apareciendo de vez en cuando Aldicarb y otros venenos, y esto no tiene otra causa que el no haberse realizado una campaña suficientemente seria y eficaz de retirada de estos productos.

Cualquiera que viva en el medio rural sabe que las reservas aún existentes de estos venenos letales para la fauna se siguen utilizando por algunos descerebrados para el control de las llamadas plagas, sobre todo de conejos. Cuando se aplica cerca de las madrigueras se causan mortandades del 100% de las poblaciones, y estos conejos muertos pueden trasmitir este veneno a cualquier animal carroñero u oportunista, pudiendo afectar finalmente a especies protegidas o en peligro de extinción. Estas acciones están tipificadas como delito contra el medio ambiente, pero además de investigarlas y condenarlas habría que prevenirlas, y eso es lo que no se está haciendo con la eficacia necesaria.

Debemos conocer el problema de los plaguicidas en nuestra región para buscar soluciones a este desastre que está afectando a la fauna silvestre y a nuestros perros, pero que también podría llegar a afectarnos directamente por el consumo de la carne de caza. Por eso, cuando tengamos conocimiento de estas prácticas, nuestra obligación es denunciarlas y colaborar con las autoridades para que puedan ser sancionadas.

Todos los cazadores estamos en el campo y somos observadores de lo que acontece. Nuestros actos y denuncias servirán de prevención crucial en el futuro de nuestras especies.

Protocolo de Actuación en Casos de Envenenamientos

1º. Llamada al 112. Recogida de muestras o cadáveres SÓLO por los agentes de la autoridad.

2º. Redacción de actas, reflejando los hechos con el mayor aporte de datos y testimonios, fotos, mapas con coordenadas del lugar del levantamiento, etc.

Revisión de la zona si el efecto ha sido fulminante. En ocasiones el radio del veneno se amplía en cientos de metros o en kilómetros. Los tóxicos permanecen sobre el terreno aún después de su degradación, por lo que es frecuente que en semanas, incluso meses, se pueda conocer el empleado en la muerte del animal.

3º. Toma, precintado y etiquetado de las muestras como garantía de conservación y del mantenimiento de la cadena de custodia.

- Se deben usar contenedores herméticos precintados e inviolables de plástico rígido con cierre, nunca cristal por el riesgo de roturas.
- Se debe identificar el contenido, especie, edad y demás datos de interés.
- Se anota la localización, fecha y hora.
- Se identifican los agentes, número de atestado, número de muestras.
- Se identifican los testigos y se toma su declaración.

4º. Conservación. Es necesario congelar la muestra a -20ºC si es imposible su entrega en un corto espacio de tiempo. Animales o muestras pequeñas en papel de aluminio. En caso de muestras esqueletizadas se deben extraer junto a una muestra de 15 cm de profundidad del suelo en el que se hallen.

5º. Envíos por las vías reglamentarias a los centros de recuperación de animales o laboratorios oficiales en cada Comunidad Autónoma para su análisis.

Federación de Caza de Castilla y León.
Gabinete de prensa

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