Cómo distinguir un perro excitable de uno hiperactivo

Los adiestradores distinguimos entre un perro hiperactivo y otro excitable, dos adjetivos que habitualmente se confunden. El primero presenta una conducta generalizada y el segundo puntual. Es decir, la hiperactividad preside el comportamiento global del perro y se extiende y cronifica en el tiempo mientras la excitabilidad se manifiesta en momentos más aislados y concretos ante estímulos específicos del medio. Pero como con muchas patologías del comportamiento, ambas están relacionadas de modo que muchos perros hiperactivos son, a su vez, excitables.

Ricardo V. Corredera | 07/01/2013

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De este modo, el perro excitable reacciona ante cambios ocasionales, ya sea de rutinas, compañeros, situación, actividad o acciones específicas como pueden ser la activación en el campo, la invitación al juego, la liberación de la perrera, el saludo… Igualmente se activan por anticipación de dichos acontecimientos: ladran, saltan, se agitan, colean, babean y jadean, gimotean, mordisquean objetos o a los compañeros de perrera, corren siguiendo la verja del jardín o chenil, es decir, todo un repertorio de comportamientos tan típicos como molestos.

Durante las jornadas de caza su excitabilidad afecta tanto a las acciones venatorias como a la relación emocional con el dueño, quien "pierde la paciencia" o le "saca de quicio": ladran en el remolque, rascan con las patas el portón del maletero, molestan a los congéneres en el viaje al cazadero, se orinan con frecuencia por nerviosismo y, a menudo, la agitación les hace vomitar.

Tardan, una vez en el campo, en apaciguarse y centrarse en la búsqueda, corriendo sin ton ni son; ante la visión de las perdices responden desmesuradamente persiguiéndolas hasta la extenuación, las muestras son expresivas, pero cortas y las rompen impulsivamente en unos segundos. Sus guías y remontes son a "latigazos" y sin el autocontrol necesario para no atropellar a la pieza. Durante el cobro es tal el entusiasmo, que les desborda y acuden hacia el pelotazo esprintando y "pasándose de frenada" debido a la sobreexcitación que el sonido de la detonación les produjo.

La pieza, si la encuentran, estimula su sistema nervioso a tales niveles que castañean sus mandíbulas magullando a la presa o corretean y brincan con ellas lanzándola por los aires. Lo dicho: nos saca de nuestras casillas.

El perfil

El perro que presenta las siguientes características temperamentales, será un sujeto con predisposición a la excitabilidad:

• Sensibilidades altas. Tanto su sensibilidad mental como auditiva suelen estar por encima de la media.

• Nivel alto de sumisión. Habitualmente son perros que buscan el sometimiento al dueño y a otros congéneres y que tienden a evitar conflictos. Suelen tenderse en el suelo y rodar sobre el lomo ante la menor señal de amenaza, de castigo, si bien son incapaces de inhibir el salto en el saludo a las personas, aún anticipando la reprimenda. Son perros que demandan un adiestramiento fiel a la máxima que aconseja "mano de hierro con guante de seda". Es decir, es necesario un gran nivel de firmeza para controlar sus impulsos pero nunca por encima del nivel de compensación emocional positiva.

• Inquietud crónica. Son animales que parecen siempre vigilantes, intranquilos y a punto de la activación ante el menor estímulo.

• Comportamiento activo. Son individuos enérgicos, que necesitan un "desfogue" constante de esa energía vital contenida. Hipervigilantes y exploradores, parecen alimentarse de estímulos continuos que exciten sus neuronas cerebrales e inunden sus sistemas de hormonas placenteras (dopaminas, serotoninas).

• Conductas estereotipadas. La perrera supone para estos ejemplares una situación de restricción psicomotora limitante y destructiva para su equilibrio emocional. Aparte de un entorno reducido en espacio, se encuentran en un medio hipoestimulado. Ante esta situación, son presas habituales de estereotipias, es decir, actos repetitivos y obsesivos que vienen a relajar su necesidad de activación. Las más comunes son los giros continuados, el perseguirse la cola repetitivamente o los saltos en el sitio. Los dueños de estos animales suelen decir que parece que llevaran un motor dentro.

• Discriminación de la eficiencia. El resultado final de la acumulación de dichos problemas es predecible. La eficiencia en el ejercicio de la caza se ve afectada negativamente. Son auxiliares que malgastan energía con lo que se fatigan prematuramente, que tienden a acciones impulsivas y poco reflexivas con lo que los errores se suceden y generan nerviosismo y frustración en el cazador, quien no encuentra el modo de ejercer el control.

• Dificultades emocionales. Tienen dificultades para relacionarse con otros individuos y con las personas por su comportamiento inaceptable y, a veces, contagioso, por lo que provocan el rechazo. Así a veces presentan distimia con alternancia de episodios hiperreactivos depresivos. Tan pronto están exultantes de felicidad manifiesta como parecen hundidos en la más mísera depresión.

• Comportamientos conflictivos. Compensan a menudo su frustración ante la falta de acción libre en campo o con conductas inapropiadas como son la destructividad en casa o la excesiva vocalización (aullidos, ladridos…). La agresividad no suele ser una característica común en estos perros dentro de las razas de caza.

• Problemas de concentración. Continuamente cambian de foco de atención debido a la facilidad con que cualquier estímulo, por irrelevante que parezca, viene a distraerles de la actividad prioritaria. Así se hace dificil mantenerles centrados en una sesión de obediencia o que ignoren estímulos secundarios de campo (olores del entorno, vuelos de pajarillos, ganado, perros…) mientras buscan caza.

La terapia

Sea como fuere, una vez reconducida, su desbordante activación hace de ellos animales con un rendimiento por encima de la media, por lo que, si bien no son ejemplares estimables para la cría, sí pueden serlo para el trabajo, por lo que merece la pena remangarse con ellos y buscar soluciones al problema.

Umbral de excitabilidad. Es la cantidad de estímulo necesario para activar al animal. No todos los perros excitables tienen el mismo umbral aunque siempre está por debajo de la media. Tampoco todos siguen la ley del "todo o nada" en sus respuestas de modo que, una vez más, hay que trata a cada perro como una individualidad.

La terapia, en términos generales, tratará de aumentar el umbral de excitabilidad. La excitabilidad está controlada por la inhibición, por lo que toda acción terapéutica o educacional deberá ir orientada a desarrollar esta capacidad. Las principales acciones y actitudes serán las siguientes:

• Primar el trato positivo sobre el negativo para no agravar el problema.

• Mantener una actitud relajada ante el perro evitando excitarle o activarle: tono suave y frío de la voz, posturas erguidas, movimientos lentos y bien definidos.

• Durante el adiestramiento, definir bien las tareas y aislarlas para evitar la confusión y la sobreexcitación.

• El castigo debe ser puntual y muy selectivo, pero de intensidad suficiente como para que no quede sin efecto.

• Reforzar las conductas deseables, más tendentes a la pasividad, la reflexión y el autocontrol mediante premio dosificado: por ejemplo, confirmar su posición de tumbado en la alfombra del salón con una alabanza verbal tenue.

• Ejecución de sesiones de obediencia básica regulares.

• Ejercicio fisico constante y cotidiano.

• Relación social y convivencia con el dueño y con otros perros de forma habitual.

• Estilo de vida regulado y con rutinas bien establecidas para los horarios de comidas, salidas, aliviarse, trabajo y sueño.

• Utilizar la imitación cuando es posible, haciéndole convivir con un perro sosegado y calmado. La excitabilidad es tan contagiosa como la calma por lo que el animal puesto como modelo debe ser veterano.

• Valerse de la "inhibición jerárquica". Es decir, el dueño debe hacerse valer como líder a res petar, de modo que el animal someterá a cierto grado sus impulsos al respeto por su "alfa" de referencia.

• Durante las sesiones de adiestramiento toda acción debe estar bien pautada de modo que el perro no se sienta sorprendido o alterado ante la novedad o la improvisación.

• Romper el frecuente círculo vicioso que se establece con el dueño, en donde la excitación del perro termina aumentando la frustración del dueño, que de nuevo afecta al animal con mayor carga de sobreestimulación. Es una espiral que perturba las relaciones sociales y de trabajo. Para ello hay que concienciarse de lo que tenemos entre manos y no perder nunca la paciencia o, al menos, que no se note.

Ricardo Vicente Corredera

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Una nota para la reflexión

El 80% del rasgo de la excitabilidad es hereditario.Ya hay ciertos cromosomas localizados e identificados que afectan a esta conducta problemática. Los cerebros de los individuos sobreexcitables muestran déficits en el control endógeno de algunos neurotrasmisores como la dopamina y la serotonina. Ésta última participa en los estados de vigilancia y alerta y actúa en los procesos motores y de actividad exploratoria en los predadores.Traducido al lenguaje cinegético diríamos que son los responsables, en gran parte, del modo y la actitud del perro en la búsqueda. Desde esta base científica creo que, una vez más, los criadores de perros de líneas con base de competición, deben hacer un ejercicio de reflexión y cuestionarse hacia dónde debe operar la selección y dónde están los límites. La cuestión sería: ¿buscamos animales disociales e ingobernables o perros equilibrados de pasión controlable?