Volver a empezar o la ilusión que nunca se pierde

Debía correr el año 1966 cuando un buen día mi maestro e iniciador en este bello arte que nos apasiona, mi tío Sebastián Luque (q.e.p.d.), decide que ha llegado la hora de tomar la alternativa, de lanzarme al ruedo y lo hago en un puesto de tarde en un lugar conocido como Las Lomas de Soria, Cortijo El Almendro en Almogía, pueblo de la provincia de Málaga.

Paco Ruiz | 02/01/2013

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Me cuelgo a mis espaldas a Miguelito, del que no tengo ni idea de los celos que tenía, tan solo podía asegurar que, por su plumaje, era pájaro perdiz y que, sin duda, era el más descansado de su extenso jaulero, no salía nunca y ya os podéis imaginar el motivo.

Mi ilusión, mis inicios como jaulero tenían fecha y hora y se ponía la primera semilla que cuajaría en algo que, después de cuarenta y siete años, me sigue quitando el sueño cuando empieza a oler a mantecado y polvorón, cuando miramos al cielo deseando ver esas nubes que presagian agua, cuando en nuestro entorno percibimos el olor a chimenea; todo esto nos acerca al nuevo celo, nuestro momento más esperado de todo el año se aproxima; ya hemos pasado el largo, a veces fatídico, pelecho, ha llegado el momento de salir de nuestro letargo, ha llegado el momento de empezar a preparar y repasar nuestros arreos.

Después de Miguelito vendrían otros muchos pájaros que, en esos primeros años, como podreis suponer, provenían todos ellos de desechos de tienta de distintas ganaderias, tíos, amigos, etc. Estos desechos traían como consecuencia muchos y variados revolcones en forma de mochueladas, pero como ocurre con el novillero que empieza, mientras más revolcones, más ilusión había por volver a la plaza.

En estos años, si quería disfrutar de una buena faena, no me quedaba otra que ejercer de secretario de mi maestro, y de paso, seguir curtiéndome en estas lides empapándome de las enseñanzas del maestro.

La primera semilla cuajaría en algo que, después de cuarenta y siete años, me sigue quitando el sueño cuando empieza a oler a mantecado y polvorón

Así siguen transcurriendo estos años hasta que un buen día, yo debía rondar los trece años, decide poner en mis manos a Agonía, probablemente el mejor pájaro que haya cazado en mi vida; eso sí, dejando muy claro que se trataba de la primera y última vez que podría disfrutarlo; este fue mi primer gran puesto, en cierto modo fue la confirmación de alternativa.

Fue a partir de los catorce/quince años cuando empecé a formar mi propio jaulero y, de paso, a recibir los primeros puyazos como comprador, lo que resultaba increíblemente fácil con un niñato con quinientas pesetas en la mano; pero el aprendizaje, que es de lo que se trata a estas edades, seguía su curso y este punto tambien forma parte del master.

Siguen pasando los años y ya empiezo a tener algunos nombres que recordar y ahí están los Herrero, Sopalmito, Gorrión, Torcal, Guarda, Espeluznao, Solanilla y otros que por sus deméritos no llegaron ni a recibir el agua bautismal.

A todo esto, más pelechos, más desvelos y más olor a polvorón y mantecado; seguían las cornadas pero ya empezaba a haber alguna que otra puerta grande o al menos importantes vueltas al ruedo que, por sí mismas, justificaban lo anteriormente pasado y que ya se parecían en algo a lo visto y disfrutado como secretario del maestro.

Estaba claro que tanto desvelo, tanta dedicación, tenían que empezar a dar sus frutos y esto no podía ser de otra forma que tener un jaulero, digamos, medio decente; esto sucede entre los veinticinco y los treinta años con mis Esteponero, Domínguez, Rubito (el más bonito que ha pasado por mis manos y que conseguí tirarle por primera vez en su cuarto celo), Montilla, Cabrero, Quitapenas y… el maestro, el mejor que ha vivido en mis jaulas, Avileño; en doce celos que compartimos me enseñó muchas cosas, me enseñó a pisar terrenos que no había pisado en veinte años, el ver cosas que nunca había sido capaz de ver, me hizo un poco más jaulero, o mejor aun, empezó a hacerme jaulero.

Viene después una época de altibajos, a veces por falta de jaulero de confianza, a veces por mala elección de coto, años perdidos por causas laborales, problemas personales y todo lo que puede encajar en una larga carrera, en muchos años con la joroba y la capa que nos hace inconfundibles cuando subimos por la ladera de un monte o cuando buscamos aguardo al amparo de una retama, a los pies de un tupido olivo o recomponiendo un viejo, y por desgracia en desuso, puesto de piedra.

Mediado el verano, y en cuestión de una semana, me abandonan seis de mis reclamos sin motivo ni razón aparente que lo justificara

Así llegamos hasta nuestros días, llegamos hasta este último, y fatídico, pelecho. Cuando en los últimos dos años había conseguido volver a tener un, medio decente, jaulero y que ya me había hecho disfrutar esta última temporada con nombres consagrados como Domínguez, Carpintero, Avileño II, Gaditano, J.R., Pisha, promesa de un celo con dos tiros en dos puestos y con un futuro de lo más prometedor. Con estas mimbres, el celo que nos viene en breve, prometía lo mejor.

Pero en esta vida nunca se debe vender la piel antes de cazar el oso y, al finalizar la temporada anterior, me prometía una exitosa temporada venidera, deseaba oler a mantecado y polvorón, a chimenea, quería ver nubes de agua; en una palabra me olvidaba que quedaba un pelecho, fatídico, de por medio antes de llegar a ese ansiado momento.

Siguiendo mi costumbre de toda la vida, a los pocos días de finalizar la temporada ya están todos en sus terreros para pasar un plácido verano.

Mediado el verano, y en cuestión de una semana, me abandonan seis de mis reclamos sin motivo ni razón aparente que lo justificara; de golpe y porrazo me volvía a ver como en ocasiones anteriores, me veía casi como cuando pasé de secretario a aprendiz de jaulero, con la única diferencia de las enseñanzas recibidas de Avileño, Rubito, Domínguez y alguno que otro, no debemos olvidar que los pájaros, los buenos, nos enseñan.

A cuatro meses vista, me puse manos a la obra a buscar nueva savia para recomponer ese desvencijado jaulero, nada fácil como todos sabéis si no es a base de tiempo, paciencia e ilusión, toda la ilusión del mundo y esa es precisamente la que tengo a raudales cuando escribo esto y pienso en mis nuevos cuatro pollos de segundo celo y mis dos pollos de este año que tendrán que hacer frente a toda una temporada sin tan siquiera haber toreado ni una capea entre amigos, ellos y el veterano Gaditano, deberán tirar del carro, ellos ya tienen que saber que, para bien o para mal, serán motivo y centro de conversación al calor de la chimenea, con el vaso de vino y el tocino y la navaja en la mano. Todo esto me hace ser más prudente pero a la vez, y lo vuelvo a repetir, más ilusionado que nunca y este año, no sé porqué, los mantecados, los polvorones, la chimenea, me huelen mejor. A veces pienso que nunca abandoné mi sentimiento de secretario ilusionado, bueno, realmente creo que los jauleros nunca dejamos de tener ilusión de secretario.

Paco Ruiz

5 comentarios

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03 ene. 2013 07:34
OLONTIGI  
Ole!!
03 ene. 2013 08:13
tibi
tibi   «La mejor de las vistas!!»
perderse nunca Hermano, pues de sobras sabes que es base de la afición, junto al recuerdo de los que nos acompañaron y acompañamos. Precioso artículo, enhorabuena Maestro.

03 ene. 2013 08:21
mipollo
mipollo  
Así es la vida amigo Paco, este año que es el que mas Has. voy a tener en mi vida para cazar el Reclamo, este verano se me va mi gibalbin y un pollo que el año pasado le abatí un par, a los veinte minutos de estar en el puesto, así que a empezar de nuevo. Paco a mi jaulero acaba de llegar uno que le he puesto expelunao, espero que se le parezca al tuyo, por otro lado ya he comprado el tocino y el jamón, pues la navaja ya la tenia, y suficiente leña para la chimenea. Empiezo este lunes día 7 hasta el 6 de marzo, así que ya tengo los tractos preparados, para empezar a probar mis pájaros, espero tener entre ellos alguno que me de alguna alegría que otra, este sábado me dieron un alicortado, que estoy a ver si lo saco adelante. Un abrazo para ti y otro para currillo, que ya estará hecho un Tío. Baldomero.
07 ene. 2013 12:33
BARBAS
BARBAS  
Muy bonito, este artículo, pletórico de sentimiento y lleno de sensibilidad cuquillera.
Efectivamente, para mi, "hacer jaulero" es la tarea mas importante, tan dificil como todas -o tal vez la que mas- de las muchas facetas de este arte, pero a la que nos hemos de dedicar si queremos poder vivir intensamente esta pasión del reclamo.
Te deseo mucha suerte con esos pollastres y que recuperes cuanto antes un buen plantel, a la altura que te mereces.
Un fuerte abrazo y otro para el chaval.
13 ene. 2014 16:06
antoniogarciaarroyo
me gusta tu relato de como es de verda esta cazeria es que pajaros buenos se suelen muy pocos yo tengo la suerte de tener a benardino que lo puedes por los foros con su gorro de papa noel

 

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